La potencia eléctrica es uno de los conceptos menos comprendidos de la factura de la luz y, al mismo tiempo, uno de los que más impacto tiene en el coste fijo mensual. A diferencia del consumo, que varía según el uso, la potencia contratada se paga todos los meses, se utilice o no. Por ello, cometer errores en su elección puede traducirse en un gasto innecesario durante años.
Muchos consumidores mantienen potencias sobredimensionadas sin advertirlo. La decisión inicial suele tomarse de forma automática, sin analizar las necesidades reales del hogar ni el funcionamiento de los aparatos eléctricos. El resultado es un sobrecoste que pasa desapercibido en la rutina doméstica.
Contratar por si acaso, uno de los fallos más habituales
Uno de los errores más extendidos consiste en contratar más potencia de la necesaria por simple precaución. El razonamiento es frecuente: evitar que salte el Interruptor de Control de Potencia. Sin embargo, esta práctica incrementa directamente el término fijo de la factura, independientemente del consumo real. Copiar la potencia de otra vivienda es otra decisión común. Cada hogar presenta dinámicas distintas según el número de habitantes, electrodomésticos, hábitos de uso y simultaneidad de aparatos.

El desconocimiento del historial de consumo agrava la situación. Los contadores inteligentes permiten consultar la potencia máxima realmente demandada, un dato clave para ajustar el contrato. Ignorar esta información implica prescindir de una referencia objetiva.
Cambios en el hogar que exigen revisar la potencia
La incorporación de nuevos equipos de alto consumo como aire acondicionado, vitrocerámica, secadora o sistemas de climatización, altera las necesidades energéticas del domicilio. No revisar la potencia tras estos cambios puede generar tanto sobrecostes como problemas de suministro.
También resulta frecuente desconocer la posibilidad de contratar potencias diferenciadas en periodos punta y valle. Las tarifas horarias actuales permiten ajustar la potencia según franjas temporales, una herramienta que muchos usuarios no aprovechan pese a su potencial de ahorro. El miedo a los cortes lleva a numerosos consumidores a mantener potencias elevadas sin comprobar si realmente son necesarias. En la práctica, una reducción moderada suele ser viable cuando se gestiona adecuadamente el uso simultáneo de electrodomésticos.
Entre las recomendaciones básicas figura revisar el máximo de potencia utilizada a través de la distribuidora, analizar la simultaneidad de aparatos y verificar las condiciones de la comercializadora. La potencia eléctrica, lejos de ser un dato técnico menor, se consolida como una de las variables más relevantes en la optimización del gasto energético doméstico.