Cuando el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, visitó al presidente del Gobierno español en funciones, Mariano Rajoy, no se sabía si el segundo comparecería después de la reunión. La agenda de Moncloa indicaba “comparecencia del Gobierno a las 20h”. La duda residía en si Rajoy quería ahorrarse hablar ante los periodistas, en medio del escándalo del exministro José Manuel Soria y los papeles de Panamá. Entonces se pensó en la posibilidad de que quizás lo haría la vicepresidenta en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, o el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, el catalán José Luis Ayllón.

Finalmente, lo hizo Rajoy. Sin embargo, los dos portavoces, Santamaría y Ayllón, estuvieron pendientes hasta el último minuto por si tenían que salir a la palestra. Cuando Rajoy llegó a la Moncloa indicó que quería tener dos portavoces de comunicación: uno principal, y el otro como suplente para casos excepcionales, o sesiones más puramente informativas en la Moncloa. Parece que fue entonces cuando a Ayllón le habrían puesto el nombre del “pequeño portavoz”, en contraposición a la primera portavoz y vicepresidenta, Santamaría, su todopoderosa valedora política.