Lluís Rabell tiene salidas inesperadas. La semana pasada sorprendió a los otros líderes políticos que participaban en el Simposi de la Fundació Claret “Catalunya, aconfessional o laica?". El presidente del grupo parlamentario de CSQP rompió la cintura a más de uno al aludir al caso de Francia. Allí, “en determinadas circunstancias, [la laicidad] ha llegado a ser una religión de Estado, lo cual pervierte profundamente el sentido”. Para Rabell la laicidad, que “es la afirmación original de la necesidad de separar la esfera religiosa de la esfera pública”, se ha visto pervertida por “determinadas disposiciones [que] han impedido la expresión de la fe religiosa y las convicciones personales en determinados ámbitos”, dijo poniendo de ejemplo la prohibición que las chicas musulmanas lleven velo a la escuela. Es cosa contradictoria, dijo, “porque es la escuela que tiene que ser laica, no los alumnos”. El parlamentario confluente remachó su intervención con una acusación muy compartida en ambientes cristianos: “la laicidad ha sido la afirmación de superioridad moral de determinados sectores de la sociedad. En el fondo es una manifestación de racismo”.
Los presentes todavía digerían la crítica y Rabell seguía embalado: “Estoy muy agradecido a los Escolapios, yo que soy profundamente ateo y de tradición marxista”, o bien: “un cura me enseñó a pensar" o "siempre había compañeros cristianos en las luchas clandestinas”. Aquí decidió poner un poco de sal y pimienta recordando que “este país también tiene otras raíces no cristianas. Lo digo en condición de descendiente de judíos conversos. En Catalunya había comunidades de judíos antes de que llegara la fe cristiana”. Y un apunte más personal para ilustrar que no es “fanático”: “Mi mujer es una judía que ha vivido en un entorno árabe y su lengua materna es el judeoárabe. Mis hijos son ateos y conocen perfectamente qué es la religión cristiana, la tradición judía y saben qué es festejar el Ramadán. Son conocedores de religiones y son ateos. Por lo tanto no confundamos el analfabetismo religioso, es decir, el desconocimiento de su historia, de sus valores, de las convicciones que transmite [la religión] con el hecho de adherirse a ella. Son dos cosas diferentes”. Amén.