El pasado 17 de noviembre, el ministro Óscar Puente, en uno de esos recurrentes desayunos informativos que se celebran a diario en Madrid y que suelen ser una buena plaza para dar titulares, anunció, satisfecho, que el trazado de la línea de Alta Velocidad entre Barcelona y Madrid ya permitía ir a 350 kilómetros por hora y que en poco tiempo se podría viajar a esa velocidad entre las dos ciudades en menos de dos horas. Para lograr este objetivo, el ministro apuntó que se implantaría una tecnología española única en el mundo, como es la Aerotraviesa, que tiene costes de mantenimiento similares, con mejores rendimientos e impide que el balasto, a esas velocidades, impacte en los bajos del tren. Nadie cuestionó, en aquel momento, aquel anuncio de Puente, que sacudió las redacciones de los medios y que aún está colgado en la web de la Moncloa: "Hoy es un día de punto de partida en el que pasamos de estar a la defensiva a la ofensiva para progresar en la infraestructura ferroviaria y mantener a la alta velocidad española a la cabeza del mundo. Estas actuaciones permitirán más servicios, menos tiempo, más usuarios, más vertebración territorial y flexibilidad de la explotación".
Sesenta y cuatro días después y cuando aún no habían pasado 48 horas del trágico accidente de Adamuz, en las inmediaciones de Córdoba, entre dos trenes de Iryo y Alvia (Renfe) y en el que se llevan contabilizados hasta el momento 42 muertos, Adif ha hecho, este martes, un anuncio tan sorprendente como preocupante: desde hoy mismo, los maquinistas tienen limitada la velocidad a 160 km/h en varios tramos que suman en total 150 km del trayecto entre la capital catalana y la española. Esa limitación de velocidad se extenderá entre Mejorada del Campo, en la Comunidad de Madrid, y Alhama de Aragón, en la provincia de Zaragoza. Los cálculos de Adif son de que es previsible que esta medida haga incrementar considerablemente los tiempos entre un 40 y un 50%, sumando hasta media hora más en los trayectos. No ha habido más explicación por parte del gobierno e incluso la siempre activa cuenta en la red social X del ministro parece haber enmudecido estas últimas horas. Solo una entrada junto a los reyes visitando la zona siniestrada y algún hospital donde permanecen ingresados los heridos.
Es muy preocupante pensar que si no hubiera ocurrido la tragedia de Adamuz, ninguna medida de esta magnitud se habría adoptado
No seré yo quien reproche al responsable de las vías que se adopten las medidas necesarias para garantizar al máximo la seguridad de los viajeros. Siempre, por delante, la protección de los pasajeros y del personal que viaja en el tren. Pero si se quería generar preocupación a los viajeros y transmitir una imagen de imprudentes y temerarios de todas las partes implicadas, seguramente, era justamente ese el anuncio que se tenía que hacer. El pasado agosto, los maquinistas enviaron una carta tanto a Adif como a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) en la que advertían del mal estado de las vías de los trayectos que unen Madrid con Málaga, Sevilla, Valencia y Barcelona por múltiples problemas detectados en la vía. Ninguna —absolutamente ninguna— medida de la que ahora se adopta, se adoptó entonces.
¿Por qué no se les hizo caso? ¿Hubo imprudencia en la decisión? Volvieron a insistir, los maquinistas, este lunes, en los problemas que estaban detectando en la infraestructura y aconsejaron limitar la velocidad de los trenes de Alta Velocidad a 230 km/h desde el máximo permitido, que son alrededor de 300 km/h. ¿Si todo estaba bien el 17 de noviembre y el ministro Puente se ponía estupendo con el anuncio de pasar a 350 km/h que ha pasado ahora y más teniendo en cuenta que esta línea no es la del accidente? Es muy preocupante pensar que si no hubiera ocurrido la tragedia de Adamuz, ninguna medida de esta magnitud se habría adoptado. Porque aún estaba el ministro Puente no hace tanto tiempo en aquel discurso triunfalista de que el tren vive en España el mejor momento de su historia. En política, la prudencia es más necesaria que en otras facetas de la vida si no quieres acabar haciendo el ridículo. Y más en un ministerio donde los escándalos de corrupción están a la orden del día y el ministro entre 2018 y 2021, José Luis Ábalos, está preso en Soto del Real, junto a su máximo colaborador, Koldo García.