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Récord infernal en la estación meteorológica de Can Bruixa de Barcelona, que ha registrado 52 noches tórridas este verano —es decir, noches con temperaturas mínimas por encima de los 25 grados centígrados—. Según ha informado este lunes el Servei Meteorològic de Catalunya (Meteocat), la estadística de este año supera los anteriores máximos de 51 noches tórridas del verano de 2023 y de 46 del 2022. Las temperaturas de los últimos años contrastan con las de los años 2000, 2007 y 2014, cuando la estación no anotó ninguna noche por encima de los 25 grados en todo el verano. Aun más, fijémonos en que, desde el 2020, todos los veranos han superado el umbral de las veinte noches tórridas, a excepción del 2021. Antes de esta década, solo se habían sobrepasado dos veces: en el 2003 y el 2006. Hace cuarenta años que el Meteocat recoge datos en la estación de Can Bruixa, desde 1987.

La noticia es terrible, si tenemos en cuenta lo que revelaron hace prácticamente un mes dos estudios de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC): que el calor nocturno mata más que el diurno en Barcelona. "La gente no muere por golpe de calor de día, sino por la noche", insistió el doctor en arquitectura Josep Roca, que añadió: "Es un asesino silencioso, que mata sin que te des cuenta por la noche cuando el cuerpo no es capaz de recuperarse, cuando no hay escapatoria del calor". Los investigadores calculan que se produce un 26% más de mortalidad por las temperaturas elevadas de noche que de día: entre el 2007 y el 2018 se atribuyeron 721 defunciones al calor nocturno y solo 571 al diurno.

El peligroso calor nocturno y cómo protegerse de él

Los mismos estudios advierten que el paradigma climático de la ciudad ha cambiado en las últimas décadas, y que hoy tiene casi tres veces más necesidades de refrigeración que de calefacción. La realidad es que la climatización interior es más complicada porque depende de las características económicas de cada edificio y de las circunstancias económicas de cada hogar, por lo que los expertos recomiendan que las administraciones instauren mecanismos para facilitarla —como reducciones de IRPF para inversiones en rehabilitaciones climáticas—. En cuanto al exterior, el consistorio debería ampliar las zonas verdes para generar más zonas de sombras o para mejorar el albedo (la proporción de radiación solar que una superficie refleja respecto a la que incide sobre ella), con el objetivo de que la radiación sea reflejada y no se quede en el material, como ocurre con el pavimento. Así, los investigadores lamentan que el Ayuntamiento de Barcelona haya puesto el foco en el calor diurno, con planes para preparar la ciudad ante la previsión de que en 2050 se puedan alcanzar los 50 grados, ya que la previsión es que se superen los 30 grados la mayoría de las noches de aquí a 25 años —mientras que las temperaturas diurnas serán tan solo de 45 grados—.

Con todo, este verano es el más mortal de la historia en Catalunya. Entre el 1 y el 31 de julio, el país ha registrado 544 muertes asociadas a las altas temperaturas, la cifra más alta para este mes desde que comenzaron los registros en el año 2015 y más del doble que el año pasado (251), de acuerdo con las estimaciones del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo). Los datos se entienden mejor si tenemos en cuenta que este mes de julio ha sido el más cálido en Catalunya desde 1950, con récord de noches tórridas y temperaturas de más de 40 grados.