El exabrupto del escritor Eduardo Mendoza apuntando que habría que desvincular la Diada de Sant Jordi de la fiesta del libro solo ha contado con el apoyo de un Javier Mariscal en horas bajas. Si el lunes Mendoza afirmaba que Sant Jordi “era un maltratador de animales”, el martes mismo la consellera Paneque lo desautorizaba, el miércoles Mariscal se sumó al exabrupto apuntando a una absurda conexión con Jordi Pujol y este mismo jueves el president Puigdemont ha asegurado que el posicionamiento de Mendoza y de Mariscal responde a la “venganza de los resentidos”.
Nadie, pues, compra el exabrupto de Mendoza ni la incongruencia de Mariscal, y tampoco lo han hecho este jueves por la mañana la Cambra del Llibre de Catalunya y el Gremi de Llibreters, los principales organizadores de la diada de Sant Jordi. En la presentación de los actos para el 23 de abril, Patrici Tixis, presidente de la Cambra, se ha limitado a apuntar que el propio Mendoza había dicho que todo ello era una “broma”, y ha recordado que la vinculación de Sant Jordi y los libros viene de 1931, cuando se cambió la jornada de celebración impuesta en 1926, el 7 de octubre -fecha de la muerte de Miguel de Cervantes-, porque “era un fracaso”, añadiendo que precisamente “la feliz circunstancia” de vincular el libro con la jornada de Sant Jordi, patrón de Catalunya, fue la fórmula “del éxito”, ya que en el resto del Estado español “no cuajó”. Cabe tener en cuenta que el 23 de abril se vincula a la fecha de la muerte de Cervantes, a pesar de que en realidad fue el día 22.
Èric del Arco, president del Gremi de Llibreters de Catalunya: “Cuando uno piensa en Sant Jordi piensa en el Día del Libro y cuando piensa en el Día del Libro piensa en Sant Jordi”
Por su parte, Èric del Arco, presidente del Gremi de Llibreters de Catalunya, ha asegurado que cuando “uno piensa en Sant Jordi piensa en el Día del Libro y cuando piensa en el Día del Libro piensa en Sant Jordi”. El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, Xavier Marsé, también presente en el acto de presentación, se ha sumado a vincular el exabrupto con una simple broma recordando el “finísimo sentido del humor” de Mendoza. Un sentido del humor, en todo caso, que queda en duda cuando mayoritariamente no es percibido como tal, sino más bien como un exabrupto incongruente.
Contado y debatido, los organizadores del Sant Jordi dan por muerta la polémica con una desautorización del fondo del planeamiento de Mendoza, que en algún momento parecía incluso olvidar que el dragón de la leyenda es un ser mitológico, no un animal real. Lo único real, en todo caso, es que solo Mariscal le ha comprado la absurdidad.