El Happy Parc de Sants fue el primer parque de bolas en levantar la persiana en la ciudad de Barcelona en 1994. Ubicado en la antigua fábrica de los hermanos Climent de la calle Comtes de Bell-lloc, el parque infantil ha brindado diversión tanto a los más pequeños como a los mayores. Ahora este histórico espacio infantil ha dado un giro de 180 grados y pasará a acoger salas de velatorio con la Funeraria San Ricardo al frente. Pero este cambio ha sido una grande y desagradable sorpresa para el vecindario, a quién no ha gustado nada la noticia y han tomado medidas para mostrar su disconformidad.

"Fue el primer parque que hubo en la ciudad, han pasado muchos críos que se lo han pasado muy bien y es una actividad que estimula la psicomotricidad" señala el gerente del negocio, Josep Pinyol. Y añade: "Cuando alquilamos el edificio estaba totalmente destruido, incluso hay vía un altillo que tuvimos que tirar para poder poner todas las piscinas de pelotas y toboganes y todos los servicios", explica Pinyol. Pero en noviembre del 2019, 25 años después de su apertura y con una larga historia en la mochila, el chiquiparc bajaba las persianas para despedirse del barrio.

El interior del Happy Parc en octubre del 2019 / ACN

Un alquiler inalcanzable

"Siempre hemos mantenido muy buena relación con el propietario pero nos propuso un aumento inasumible" asegura Pinyol. Antes de la propuesta, el Happy Parc pagaba 4.800 euros en el mes por el alquiler de la nave, pero el contrato acabó el pasado 30 de noviembre y si el negocio quería seguir adelante había que pagar 15.000 euros mensuales. "No podíamos triplicar el precio de la entrada a los niños", justifica al gerente.

"Al principio pagábamos unas 400.000 pesetas en el mes (unos 2.400 euros) y cada año se ha ido revalorizando hasta el precio actual". La entrada en el parque costaba antes 500 pesetas (unos tres euros) por una hora de juego, mientras que ahora la entrada ya había aumentado hasta los 5,5 euros. Pinyol siempre ha tenido claro que era imposible afrontar un alquiler que "a la larga obligaría a cerrar" porque no permitiría un negocio sostenible.

En un principio el Happy Parc hizo una contraoferta con la esperanza de llegar a un acuerdo. "No digo que no valga lo que piden, pero no es un alquiler barato". De hecho, bajar la persiana del local suponía el despido de 14 empleados. Con la contraoferta declinada, finalmente un burofax avisaba en el parque que tenían que abandonar el local a finales de noviembre. Acabado el mes, el local se ponía en alquiler por "más de un 300%" de lo que Pinyol pagaba.

El Happy Parc / happyparc.com 

De Happy Parc a velatorio

Delante del local para llenar, el ayuntamiento de Barcelona otorgó una licencia a la Funeraria Sant Ricardo para instalar un nuevo tanatorio en el edificio. El pasado 2017 el consistorio eliminó la ordenanza de servicios funerarios en la ciudad para hacer más fácil la entrada de nuevos operadores. Ahora, fuentes municipales apuntan que "se trata de un proceso administrativo reglado que ya contempla criterios para la ubicación" y que cumple con la normativa vigente.

El Ayuntamiento contactó con el propietario para hacerle llegar la preocupación que cerrara "un negocio que cumplía una función social en el barrio". Pero el propietario ya se había comprometido con un nuevo arrendatario y asegura que no contemplaba renovar el contrato con Happy Parc, algo que el consistorio ve como "una consecuencia de la desregulación del mercado inmobiliario".

Sant Ricardo ha hecho todo el procedimiento y cumple los requisitos y las condiciones establecidas a la ordenanza de servicios funerarios para instalar el tanatorio. La funeraria se creó en el 2018 por la familia Almirante Bellido, propietarios también de la inmobiliaria Almirante Lluch. Así, San Ricardo prevé convertir completamente la nave en un equipamiento funerario de dos plantas con cuatro salas de velatorio.

Los vecinos, en contra

Pero el tema ha despertado una fuerte polémica en el barrio de Sants. La apertura del tanatorio no ha gustado nada a los vecinos; así, bajo el lema "Stop Tanatori", han iniciado una recogida de firmas, celebración de reuniones y lanzamientos de un manifiesto detallando las razones por las cuales se oponen al proyecto.

El presidente del Centro Social de Sants, Josep Maria Domingo, critica el emplazamiento: "una zona como el barrio de Sants, con calles estrechas, no podrá aguantar la elevada movilidad que generan los equipamientos, con movimientos constantes de coches fúnebres y de los familiares de los difuntos", se queja.

 

El Happy Parc / happyparc.com

Por su parte, vecinas como Gemma Serra aseguran que "Sants es una zona con una movilidad muy agotada y que tendría que ser coherente, además, con los planos de no contaminación y pacificación de calles". Otro vecino, J. Martín, tiene claro que no quiere el tanatorio: "El barrio está en lucha para impedir que se acabe construyendo, no lo queremos ni aquí ni en ninguna zona residencial de la ciudad", insiste.

Además, los vecinos consideran que "la convivencia vecinal se verá afectada a causa del aumento de la población itinerante". Apuntan que incluso podría afectar al normal funcionamiento de las fiestas que se celebran en Sants. Entre otras cosas, detallan que "a nadie le gusta ver pasar, a diez metros de la ventana, todos los días del año y de forma continuada, personas de duelo y vehículos funerarios en comitiva," y animan a encontrar un lugar adecuado para la instalación del tanatorio.

Las primeras protestas

Los vecinos están preparados. La zona vivió el lunes por la noche la primera cacerolada vecinal, seguida de una colocación de pancartas en los balcones y el marcaje con espray de la acera delante de la puerta de Hermanos Climent, la antigua fábrica modernista donde se construirá el velatorio. Además, los vecinos aprovecharon para redactar un primer manifiesto en contra del proyecto.

El texto desarrolla varios puntos por los cuales los vecinos se oponen a la instalación. El primero es el "gran impacto social, emocional y arquitectónico" del futuro equipamiento de la calle del edificio y se recalca que está situado en zona escolar y que por lo tanto "entra en contradicción con el plan municipal de estrategia Protegemos las Escuelas".

Pero hay más. Los vecinos subrayan el "gran impacto medioambiental" por el elevado volumen de vehículos privados que acudirán a en el tanatorio. También las afectaciones "sobre la vida del barrio", incluido el tráfico de personas y el económico, además de las consecuencias sobre la fiesta mayor, a los cuales se celebra, entre otros, en la calle Comtes de Bell-lloc.

A día de hoy más de 3.500 personas han firmado la petición para parar el proyecto de la Funeraria San Ricardo en change.org. "La solución es simple, pedimos un cambio de ubicación por el tanatorio fuera del núcleo urbano y que esté adaptado a sus necesidades", reclaman los promotores de la iniciativa en el portal.