El chaflán Llobregat-montaña del cruce entre la Gran Via de les Corts Catalanes y el paseo de Gràcia de Barcelona está llamado a convertirse en un nuevo icono de Barcelona. Lo será, si todo va bien, a partir del año 2028, cuando se prevé que en el edificio del Palau Marcet, que los últimos años ha acogido el Cinema Comèdia abra puertas como nuevo Museo Carmen Thyssen, dedicado a exponer la colección privada de pintura catalana de Carmen Cervera. Para ello, el edificio histórico será totalmente restaurado para recuperar el esplendor original, pero con un nuevo volumen de hasta siete plantas con unas líneas singulares, de líneas curvadas que buscarán mediar entre los edificios adyacentes a partir de un aspecto ligero y un cromatismo neutro conseguido con paneles cerámicos.


La conversión del Palau Marcet en Museu Carmen Thyssen a dos años vista avanza, en buena parte gracias a la luz verde que ha dado el Ajuntament de Barcelona al proyecto, avalado por un acuerdo entre Junts per Barcelona y el PSC, y buena muestra de ello es el hecho de que los promotores del proyecto ya han empezado a dar pasos para dar a conocer todo el planteamiento. En este sentido, este miércoles por la tarde, el Col·legi d’Enginyers de Camins, Canals i Ports, conjuntamente con el Cercle d’Infraestructures, ha organizado una presentación que hace que el proyecto tome cuerpo, con explicaciones más precisas que la simple visión de unos renders que, con todo, continúan siendo la mejor carta de presentación del futuro equipamiento cultural.
Pere Calvet, decano del Colegio d'Enginyers, se ha referido al proyecto de museo como "excepcional" y ha reivindicado que el futuro equipamiento servirá para "dar salida a una esquina complicada". De hecho, una de las principales singularidades del actual volumen del Palau Marcet es que queda muy por debajo de las construcciones adyacentes, tanto en el mismo chaflán como en los otros tres, un hecho que marcará su futuro desarrollo. En este sentido, Juan Manuel Sevillano, director de Stoneweg - Places & Experiences, la línea de inversión en proyectos culturales, ha considerado que las polémicas en torno al proyecto han quedado "superadas", y ha destacado que el futuro Museu Carmen Thyssen contará con un "programa museístico, académico, científico y educativo, como todos los grandes museos", que deberá combinar la exposición de la colección permanente con un "nuevo espacio para la contemporaneidad". Por su parte, el exconseller Santi Vila, en nombre del Cercle d’Infraestructures, ha destacado que todo ello se trata "de una iniciativa privada de interés público". A la presentación también ha asistido el concejal de Junts per Barcelona en el Ayuntamiento de Barcelona y exconseller de Territori Damià Calvet.
¿Cómo será el futuro edificio?
La clave de todo ello, y de ahí la presentación en un espacio profesional como el Col·legi d’Enginyers, ha sido la propuesta del futuro edificio, a cargo de los despachos de arquitectos OUA / Casper Mueller Kneer Architects, representados por Oriol Serret y Àlex Gómez el primero y Vicente Hernández el segundo. En su exposición han aclarado que uno de los retos era resolver la situación de edificio “deprimido en contraposición a los edificios de más altura de los alrededores”. Por eso mismo, han justificado el proyecto de nuevo volumen por la necesidad “de llenar un vacío urbano” a partir de un edificio “desvirtuado a partir de las ampliaciones, la conversión en teatro y la incorporación de comercios”.
El planteamiento avalado por el Ayuntamiento, representado en la presentación por el ingeniero jefe del Ayuntamiento de Barcelona, Oriol Altisench, implica la recuperación de elementos originales en la estructura que da a fachada, así como un nuevo volumen de hasta siete plantas que se definirá por sus líneas curvadas, un volumen retranqueado respecto a la fachada original, que mantendrá íntegramente los tejados históricos y que busca “dialogar con el Palau Marcet”. El secreto, según los arquitectos que han desarrollado el proyecto es un volumen “ligero y con cromatismo neutro” a partir de una fachada de paneles cerámicos que servirá para “mediar entre los edificios adyacentes con líneas curvas”, con una coloración que cambiará según la intensidad de la luz solar y servirá para “resaltar” los colores del edificio histórico.
En cuanto a los usos, se prevé un auditorio en la primera planta del sótano, mientras que la planta baja se reservará a la entrada, zona multiusos y servicios comerciales del mismo museo. En las plantas primera y segunda, que corresponden al volumen ya existente, se situará la exposición permanente con la colección de la baronesa Thyssen, mientras que en la tercera, como “espacio de pausa”, se situará el restaurante, que no podrá tener acceso directo desde la calle. Las dos plantas siguientes servirán para las exhibiciones temporales, así como zonas de terraza y mirador y servicios. Todo ello configura un proyecto que busca convertirse en icónico por las formas, pero evitando un volumen “pesado”, gracias a las formas redondeadas que quieren evitar el choque visual. En todo caso, los arquitectos trabajan en línea con las intenciones de Carmen Thyssen y Stoneweg de abrir puertas en 2028, un año en que este chaflán histórico del corazón del Eixample de Barcelona habrá cambiado para siempre.