En el número 89 de la calle del Comte Borrell, en el barrio de Sant Antoni de Barcelona (distrito del Eixample), había, hasta el pasado febrero, un establecimiento histórico, Confeccions el Rellotge, una tienda de moda masculina que vivió una época de oro en los años ochenta del siglo XX con la venta de pantalones tejanos. Su alma era Evaristo Sender, que falleció el pasado mes de abril a los noventa años y que impulsó un negocio histórico iniciado por su madre en los años veinte del siglo pasado con un puesto en los Encants del Mercat de Sant Antoni. Aquel puesto ya se dotó de un elemento distintivo que acabó definiendo el negocio, un reloj que sobresalía e identificaba el negocio.
Aquel reloj, situado inicialmente como reclamo del puesto de los Encants, se convirtió en una identificación también de una primera tienda situada en la calle Riera Alta, en el Raval y, desde 1982, en un nuevo establecimiento en la calle Comte Borrell, ya con el nombre de Confeccions el Rellotge, también con un reloj como reclamo comercial. Ahora bien, con el cierre del negocio en febrero, en el barrio ha surgido una inquietud sobre el futuro de este elemento icónico que simboliza el comercio local, con una campaña que reclama al Ajuntament de Barcelona su catalogación y protección: “No queremos que se pierda, porque es un símbolo del barrio y también es un símbolo del comercio de Sant Antoni”, explica Jordi Arias, presidente de Sant Antoni Comerç, en declaraciones a ElNacional.cat.
Jordi Arias, presidente de Sant Antoni Comerç: “No queremos que se pierda, porque es un símbolo del barrio y también es un símbolo del comercio de Sant Antoni”
El cierre del establecimiento en febrero, que supuso el fin “de una tienda emblemática del barrio de Sant Antoni”, explica Arias, provocó una pregunta inmediata: “¿Qué pasará con el local y qué pasará con el reloj?”. Sant Antoni Comerç, como entidad que aglutina a los comerciantes del barrio, asumió la pregunta y encabeza una campaña ciudadana para salvar este reloj que ha acompañado a los vecinos del barrio durante más de cuarenta años: “Los vecinos están acostumbrados a mirar la hora”, precisa Arias, y para defender que esta costumbre se mantenga —a pesar de que el pasado martes el reloj estaba parado— se ha reclamado al consistorio que “cataloguen el reloj como pequeño objeto de interés de la ciudad y que de esta manera no se pierda, aunque cambie la propiedad o los inquilinos”.
Un reloj no catalogado ni protegido
En todo caso, actualmente el reloj no está catalogado ni tiene ninguna protección especial, ya que según han detallado fuentes del Ayuntamiento de Barcelona consultadas por ElNacional.cat, “no cumple con los requisitos necesarios” que exige Paisatge Urbà. En todo caso, lo que sí que hay es la disposición del consistorio a “trasladar a la nueva propiedad la voluntad de que se mantenga el elemento”. De hecho, a petición de los comerciantes del barrio, el Institut Municipal de Paisatge Urbà valoró la protección del reloj, “con resultado negativo”, pero igualmente el Ayuntamiento pedirá a la futura propiedad que tenga sensibilidad para protegerlo.



Ante esta situación, la intención de los comerciantes de Sant Antoni es la de “continuar presionando al Ajuntament para que lo cataloguen como un objeto de interés”. “Queremos que el reloj se quede en esta ubicación, incluso nos gustaría que hubiera una placa con un homenaje a Evaristo, que fue uno de los creadores de Sant Antoni Comerç y creemos que se lo merece”. Ahora bien, el mismo Arias apunta a un plan B si al final la nueva propiedad quiere retirar el reloj: “Tenemos un asociado, una relojería, que nos ha dicho que estaría interesado en tener el reloj y si no, lo podríamos poner en la sede de Sant Antoni Comerç”.
Ahora bien, como mientras no se proteja legalmente el reloj la última palabra la tendrá el nuevo inquilino del local, la petición de Arias es esperar que este “lo valore”. “Si el Ajuntament no lo cataloga, al menos que la predisposición del nuevo inquilino sea que se quede el reloj”. De momento, el reloj histórico de la calle Borrell se enfrenta a un futuro incierto, eso sí, con la defensa de vecinos y comerciantes y, al menos, la predisposición del Ayuntamiento a pedir a la futura propiedad que lo mantenga en un emplazamiento que ha marcado las horas del barrio de Sant Antoni desde el año 1982.