Barcelona, finales de los años veinte del siglo pasado. Con la excusa de la celebración prevista para 1929 de la Exposición Internacional, la capital de Catalunya vive una de las grandes transformaciones urbanísticas que la definen. La ciudad está en plena ebullición y hay trabajo para todo el mundo que quiera trabajar, hecho que comporta la llegada de la primera gran oleada de inmigrantes del siglo XX. En este contexto, y también con la necesidad de resolver otras situaciones de lo que hoy denominaríamos 'emergencia habitacional', la administración se plantea la construcción de nuevos barrios destinados a dar vivienda a los recién llegados, pero también con la intención de recolocar chabolistas desalojados de Montjuïc sin lugar donde vivir y, en el marco de la dictadura de Primo de Rivera, controlar la población obrera.

Es así como surgen varios núcleos de las llamadas casas baratas, en algunos casos simples calles, en otros pequeños vecindarios vinculados a una fábrica como la Colonia Castells de les Corts y finalmente, cuatro grandes barrios situados en puntos periféricos de la ciudad: los barrios de Eduard Aunós en la Zona Franca, del Baró de Viver y de Milans del Bosch (más tarde, conocido con el nombre del Bon Pastor) en terrenos pertenecientes a Santa Coloma de Gramenet y actualmente en el distrito de Sant Andreu y el de Ramon Albó, históricamente vinculado a Horta pero actualmente parte de Nou Barris. Dos de aquellos barrios de casas baratas ya han desaparecido y un tercero sólo conserva unas pocas casas que serán musealizadas. Pero el cuarto persiste. Es Can Peguera -hasta 1998, Ramon Albó-, el barrio que sobrevivió a la desaparición y que camina hacia el centenario inmerso en una profunda renovación, un Plan de Futuro que ya ha empezado a dar los primeros pasos.

Visitar este barrio, a pocos minutos a pie de las estaciones de metro de Llucmajor (L4) o Vilapicina (L5) es entrar en una Barcelona diferente. Situada en una vertiente del turó de la Peira, se trata de un barrio de casas de planta baja y tejados a dos aguas donde viven actualemnte unos 2.200 vecinos. En total hay unas 650 viviendas, alineadas en una serie de calles que dotan el barrio de una fisonomía muy peculiar que casi se podría considerar pintoresca si no fuera porque allí viven también barceloneses, que como el resto de ciudadanos, tienen que afrontar problemas generales como el envejecimiento de la población o la ocupación y de otros de más específicos como las filtraciones de humedades o la necesidad de actualizar los equipamientos.

Pep Ortiz y Josep Maria Clariana contemplan el barrio desde un acceso al parque del Turó de la Peira / Montse giralt

Josep Maria Clariana y Pep Ortiz, los dos miembros de la Associació de Veïns de Can Peguera, relatan que el principal activo del barrio son "sus vecinos". Sin ellos no habría sido posible la gran victoria que se anotaron en el año 2015, ya hace siete años, cuando consiguieron desafectar el barrio y garantizar su supervivencia. "Que se haya sostenido el barrio es porque los vecinos lo hicieron posible", recuerda Clariana, que añade que la misma asociación de vecinos nació a principios de los años setenta "con el objetivo de obtener la recalificación". Y es que el barrio estaba condenado a desaparecer ya desde que el Plan Comarcal de 1954, aspecto que también contemplaba el todavía hoy controvertido Plan General Metropolitano de 1976.

De hecho, el espacio que ocupa Can Peguera siempre ha sido muy goloso para la especulación urbanística. Junto al barrio del Turó de la Peira, la zona cero de la aluminosis, y de los modernos bloques de la Guineueta que se comieron buena parte del Instituto Mental, no sería desacertado creer que, en caso de sucumbir a las afectaciones, ahora Can Peguera sería otro barrio de bloques de pisos. La desafectación sin embargo, ha sido la salvación de Can Peguera tal como se concibió hace casi cien años, cuando acogió las nuevas oleadas de inmigrantes, pero también la llegada de barceloneses afectados por varios planes de transformación urbanística, desde la apertura de la Via Laietana a principios de siglo hasta el realojamiento de los últimos chabolistas de Can Baró en la Barcelona preolímpica, pasando por los desahuciados de la apertura de la avenida García Morato -actual avenida Drassanes- a finales de los años cuarenta del siglo XX.

En el barrio había de todo

Las más de 650 casitas se han conservado casi completamente excepto una pequeña parte que fue derribada para construir edificios al otro lado del paseo de Urrutia. Durante mucho tiempo, a pesar de estar alejado del centro, había bastantes comercios, situados en las mismas casas, a menudo a costa de perder una habitación. En la actualidad, sólo quedan dos farmacias y hasta la llegada de la covid, también un bar, que ya no ha vuelto a abrir. A pesar de todo, el entorno ha cambiado y, por ejemplo, el Mercado de la Guineueta está muy cerca, así como otros equipamientos. En el mismo barrio hay un Casal de Barrio y un Hogar de ancianos. Para tener, incluso hay un refugio de la Guerra Civil.

Sílvia Gomis, una de las vecinas de siempre de Can Peguera / Carlos Baglietto

Con respecto a los habitantes, los hay que son la tercera generación de los primeros vecinos, aunque la población se ha ido renovando. Los hermanos Sílvia y Manel Gomis son de los nacidos en el barrio, y sus abuelos fueron de los primeros residentes. Ella todavía vive allí. Los dos recuerdan cómo ha cambiado profundamente el barrio aunque, en su fisonomía básica -las casitas- continúe prácticamente igual. "Aquí durante los años cincuenta estaba lleno de comercios, incluidos siete u ocho bares", rememora Manel, que recuerda cómo uno de los bares, el Munich, era lugar de encuentro habitual de anarquistas. De hecho, una de las 'rajoletes' de Nou Barris recuerda como antes de la guerra allí se editaba el diario anarquista 'Tierra y libertad'.

Durante el franquismo, el barrio era un punto de referencia del antifranquismo y, de hecho, a los agentes del cuartel de la Guardia Civil que había en el mismo barrio no les faltó trabajo. "Durante los años cincuenta hubo alguna huida sonada por los tejados de las casas, directamente hasta en Francia", recuerda Manel. Por su parte, Sílvia Gomis, que sigue residiendo en Can Peguera, recuerda cómo la vida vecinal ha ido a menos con el paso del tiempo. "Aquí celebrábamos las verbenas", recuerda, señalando uno de los espacios abiertos del barrio. Tanto ella como su hermano la eran conocidos como los nietos de la alpargatera, porque su familia se dedicaba a ello, en la misma vivienda. De hecho, entre los antiguos vecinos todavía se mantienen estos apelativos tan de barrio.

Escenas familiares de la vida en el barrio / Familia Gomis Domingo

Otra cosa que ha cambiado con el paso de los años ha sido el acercamiento a la ciudad. Can Peguera es tan Barcelona como cualquier otro barrio y hace décadas que perdió el aislamiento inicial, rodeada por los bloques de la Guineueta y del Turó de la Peira, sin embargo, como en muchos otros puntos de la ciudad, el concepto de "bajar a Barcelona" pervive, según recuerda Sílvia. En todo caso, lo que más valoran los vecinos es la pervivencia del barrio. "Siempre luchamos para defender las casas", asegura Sílvia, que añade que en el Plan de Futuro será importante incluir la "rehabilitación de las viviendas", que acumulan muchos problemas, agravados por el paso de los años. Sílvia Gomis todavía añade una propuesta de futuro: "Aprovechar los tejados para poner placas solares". Teniendo en cuenta que Can Peguera es una de las pocas zonas de Barcelona donde las casas tienen tejados y no terrados, quizás el ayuntamiento haría bien en recoger la idea.

Vivienda de alquiler

Hay que tener en cuenta que todas las casas de Can Peguera son de propiedad pública, en concreto del Institut Municipal de l'Habitatge i Rehabilitació de Barcelona y forman parte del parque de alquiler social del Ayuntamiento de Barcelona, que adjudica las nuevas entradas a través de la Taula d'Emergència Social, que tiene como objetivo el realojamiento de personas sin hogar. Sin más problemas de inseguridad o delincuencia que en el resto de la ciudad, según la asociación de vecinos, los principales problemas tienen que ver precisamente con el estado de las viviendas, la principal razón de ser del barrio de Can Peguera.

El barrio salva los desniveles de la vertiente del Turó de la Peira / Carlos Baglietto

Así, desde la asociación de vecinos se recuerda de que el principal problema es el generado por "las humedades de las casas por| aguas freáticas", pero también, según Ortiz, existe la necesidad "de actualizar las viviendas", muchas de las cuales se ampliaron con remontas aprobadas por el consistorio, pero que tendrían que sanearse y armonizarse. El Plan de Futuro, que tiene como objetivo la renovación del barrio sin cambiar su fisonomía, tiene que servir para, entre otros aspectos, regular el aparcamiento, mejorar el alcantarillado y los aislamientos de las viviendas, así como soterrar la red eléctrica. Un plan ambicioso que justo empieza a dar los primeros pasos.

Casas baratas de Horta... ¿pero no es Nou Barris?

El barrio de Can Peguera forma parte en la actualidad del distrito de Nou Barris, desde que en 1984 se aprobó la distribución vigente. Con todo, Can Peguera había estado tradicionalmente ligada a Horta, de manera tal que el nombre popular del barrio era el de Cases Barates d'Horta. "Hace falta tener en cuenta que en el momento de la construcción, los núcleos habitados más próximos eran Horta y Santa Eulàlia de Vilapicina", recuerda Clariana, que apunta que en la actualidad el barrio "está rodeado de ciudad", pero que en aquel momento sólo tenía por vecinos las masías dispersas de Horta y el monumental Instituto Mental de la Santa Creu, una parte del cual es hoy sede del Distrito y que acoge también la principal biblioteca de Nou Barris.

Imagen histórica de Can Peguera / Facebook Fotos Can Peguera

Además del nombre popular, el barrio fue bautizado como Ramon Albó, pero con la llegada de la República fue renombrado como Giner de los Ríos para recuperar el primer nombre bajo el franquismo. Como Ramon Albó -que todavía mantiene una calle que forma parte de la ronda del Mig- era un personaje vinculado a las dos dictaduras, con el retorno de la democracia el nombre del barrio sonaba extemporáneo, hasta que en 1998 un referéndum vecinal propuso tres opciones: mantener el nombre, cambiarlo por el popular de Cases Barates o el de la antigua masía de Can Peguera, hoy desaparecida. La opción ganadora fue la tercera, de manera que desde entonces el barrio se llama así.

El Plan de Futuro, en marcha

Aunque en el Plan de Futuro, "los aspectos sociales son los que van más retrasados", la buena noticia es que ya han empezado las obras del llamado Balcó de Can Peguera, un espacio que recibe este nombre porque está elevado sobre las viviendas, en un espacio de transición hacia el parque del Turó de la Peira. De siempre aquí está donde se han acumulado los servicios sociales y los equipamientos y por eso es el punto de partida de la remodelación del barrio. Las primeras actuaciones, ya en marcha, incluyen la reordenación de los espacios, con un ensanchamiento de las conexiones con el Turó de la Peira y la instalación de nuevos ascensores y la mejora de los existentes.

La primera fase del proyecto comprende 7.446,58 metros cuadrados de extensión. En concreto, abarca el tramo de la calle de Beret, desde el límite del Turó de la Peira con el 'balcón de equipamientos' hasta la calle de Vila-Seca; los jardines y la pista deportiva del Centro de Día Hogar – Residencia Dr. Pi i Molist; la calle de Biure; el 'balcón de equipamientos' desde la calle de Beret hasta la asociación juvenil 'Tronada', así como los tramos de la calle de Ribelles y la calle de Cornudella desde la calle de Biure hasta la calle de Quer. En el marco del proyecto, se hará la incorporación de mobiliario urbano, la instalación de nuevo alumbrado, la adecuación de la red de alcantarillado y se plantará nuevo arbolado con la correspondiente red de riego.

Obras en proceso en el Balcón de Can Peguera / Montse Giralt

Las obras, a cargo de Barcelona de Infraestructuras Municipales (BIMSA), tienen un periodo de ejecución de 13 meses, por lo tanto, se prevé su finalización en enero del 2023. La obra afectará a los accesos a la zona y el vecindario, al cual se han hecho llegar 645 avisos de escalera. En el año 2017, el Ayuntamiento de Barcelona convocó un concurso de ideas con el objetivo de encontrar una solución que ordenara esta franja y la convirtiera en una sucesión de espacios de vinculación y agregación social. El proyecto final se ha definido conjuntamente con la participación ciudadana. El presupuesto es de 4.100.677,90 euros y la obra se ejecutará con cargo al presupuesto municipal.

Imagen principal: Visto desde el parque del Turó de la Peira, Can Peguera es un pequeño pueblo de casas de planta baja y tejados a dos aguas / Montse Giralt