Hace tiempo que las energéticas piden alargar la vida de la central nuclear de Almaraz y avanzan que lo harán también cuando se acerquen las de Ascó y Vandellós, respectivamente, previstas para los años 2030 y 2035, de acuerdo con la agenda de cerrar las nucleares del gobierno español. Ahora, esta demanda de prórroga cuenta con el aval explícito de la Comisión Europea. Su presidenta, Úrsula Von der Leyen, ante la crisis energética desatada por la guerra en Irán, envió ayer una carta abierta a jefes de Estado y de Gobierno para sugerir que es necesario "evitar la jubilación prematura de activos, como las instalaciones nucleares existentes, que pueden proporcionar electricidad fiable, de bajo coste y con bajas emisiones, también pueden jugar un papel" en la bajada de precios. Dijo que había sido "un error estratégico" su reducción al pasar de representar un tercio del mix eléctrico en el año 1990 al 15% actual.
Europa no tiene un camino único en cuanto a las renovables. Alemania las cerró el año 2023 y son muchas las voces que han señalado este cierre como uno de los responsables de su frenazo económico de los últimos años con un estancamiento de su industria. Francia, en cambio, continúa siendo una potencia que genera el 70 % de su electricidad con reactores nucleares y además la ha relanzado en los últimos años con la proyección de construir entre 6 y 8 hasta el 2050. Y España es uno de los países primeros en seguir el camino de Alemania con el cierre decidido el año 2019 y planeado para el 2035, con el cierre escalonado de las cinco centrales con siete reactores aún activos: Almaraz I y II, en Extremadura, Ascó I, Ascó II y Vandellòs II, en Tarragona, Trillo, en Guadalajara, y Cofrentes, en Valencia. En Italia, las nucleares están cerradas desde el año 1990, pero la presidenta Meloni ha puesto sobre la mesa volver a abrirlas.
La apuesta de España es descarbonizar a través de las energías renovables, fundamentalmente eólica y fotovoltaica, pero voces del sector insisten en que la energía nuclear ofrece una seguridad de suministro también libre de emisiones que otorga estabilidad al sistema eléctrico, argumento reforzado desde el apagón del mes de abril del año pasado. Sus detractores recuerdan la dificultad de deshacerse de los residuos nucleares y las elevadas inversiones necesarias para el mantenimiento de estos reactores, entre otros argumentos como el riesgo, muy pequeño, de accidente nuclear o la dependencia del encarecido uranio que hay que importar y enriquecer. España todavía genera el 19 % de su electricidad con nucleares, cifra que alcanza el 40 % de la demanda en Cataluña.
El intercambio de bombardeos en Oriente Medio entre Irán y Estados Unidos y sus aliados ha provocado el cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa gran parte del comercio mundial de gas y de petróleo. La falta de estos combustibles ya hace subir los precios de la electricidad, que en algunos países más y en otros menos tiene una dependencia relativa de los precios del gas. Cuantas más renovables o nucleares haya en un sistema eléctrico, menos dependiente es del gas y, por lo tanto, puede tener unos precios más controlados.
La Comisión ya envió una señal favorable a las nucleares con la activación de unos fondos de 200 millones para el despliegue de pequeños reactores nucleares a principios de la próxima década. El ejecutivo estima que el coste de la transición energética será de 660.000 millones de euros anuales.
La vicepresidenta de la Comisión Europea para la Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera, que como ministra en España se opuso a alargar la vida de las nucleares, es ahora la número 2 de su defensora Von der Leyen. "La situación en Irán nos recuerda una verdad simple: la energía limpia producida en Europa es la única solución duradera para que la UE rompa el ciclo de dependencia de los combustibles fósiles y de volatilidad de los precios", dijo Ribera, sin abrazar las nucleares.
Von der Leyen, en cambio, sí que defendió explícitamente su papel: "Juntas [renovables y nucleares], ya pueden convertirse en garantes solidarias de la independencia, la seguridad de suministro y la competitividad, si acertamos el enfoque".
Según la Comisión, el despliegue de nucleares puede ahorrar a la UE hasta 60.000 metros cúbicos de gas de cara al año 2050.