El verdadero lujo de un directivo es poder apagar el móvil
- Edgar González
- Barcelona. Sábado, 15 de agosto de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
Llega agosto. Las oficinas se vacían, las agendas pierden reuniones y los correos electrónicos disminuyen. Es el momento del año en que muchos directivos intentan hacer una cosa aparentemente sencilla: irse de vacaciones. Digo aparentemente porque ir de vacaciones y estar de vacaciones no son exactamente lo mismo. Podemos cambiar el despacho por una playa, la corbata por un bañador y las reuniones por una comida frente al mar.
Pero si continuamos consultando el móvil cada diez minutos, respondiendo correos e interviniendo en cada decisión, quizás hemos cambiado de escenario, pero no nos hemos ido a ningún sitio. Durante mucho tiempo hemos asociado el poder con ser imprescindible. Cuantas más llamadas recibes, más importante pareces. Cuantas más decisiones necesitan tu aprobación, más poder tienes. Y cuanto más difícil resulta que la empresa funcione sin ti, más necesaria parece tu figura. Pero quizás deberíamos empezar a pensar exactamente lo contrario.
El verdadero lujo de un directivo no es que todo el mundo lo necesite. Es poder apagar el móvil sabiendo que, durante unos días, nadie lo necesitará. Y esto no tiene tanto que ver con las vacaciones como con el liderazgo. Una empresa que no puede funcionar durante dos semanas sin su máximo responsable probablemente tiene un problema. Puede ser un problema de delegación, de confianza, de procesos o de autonomía. Pero difícilmente es una demostración de buen liderazgo. Por eso las vacaciones pueden convertirse en una especie de auditoría involuntaria de nuestra manera de dirigir. ¿Qué pasa cuando no estamos? ¿Las decisiones continúan tomándose? ¿Los equipos resuelven los problemas? ¿Las personas saben hasta dónde llega su responsabilidad? ¿O todo queda parado esperando una llamada, un mensaje de WhatsApp o una aprobación desde la piscina?
Una empresa que no puede funcionar durante dos semanas sin su máximo responsable probablemente tiene un problema
La respuesta dice mucho más sobre la calidad de nuestro liderazgo que muchas presentaciones corporativas. Delegar no significa simplemente repartir tareas antes de irse. Significa haber construido, durante todo el año, un entorno en el que las personas tengan información, criterio y suficiente confianza para tomar decisiones sin preguntar constantemente qué deben hacer. Y esto exige algo especialmente difícil para muchos directivos: aceptar que otras personas pueden tomar decisiones diferentes de las que habríamos tomado nosotros. Quizás incluso mejores.
También hay otra dimensión que a menudo olvidamos. Cuando un directivo envía correos durante las vacaciones, aunque escriba "no es necesario que respondas ahora", está enviando un mensaje mucho más potente que esa frase. Está definiendo cultura. Los comportamientos de los líderes se convierten rápidamente en permisos u obligaciones implícitas para el resto de la organización. Si el CEO responde a cualquier hora, los demás pueden interpretar que también deben hacerlo. Si el responsable no desconecta nunca, será difícil convencer al equipo de que desconectar está bien. Por eso apagar el móvil también puede ser un acto de liderazgo.
No se trata de defender que un directivo deba desaparecer irresponsablemente durante semanas. Hay empresas, momentos y responsabilidades que exigen mecanismos de emergencia. Pero una emergencia debería ser precisamente eso: una excepción. Cuando todo es urgente, probablemente el problema no es la urgencia, sino la organización.
Quizás este verano valga la pena hacer una prueba. Irse unos días. Dejar claras las responsabilidades. Confiar en el equipo. Y apagar el móvil. Si cuando volvemos descubrimos que la empresa ha seguido funcionando, que se han tomado decisiones y que algunos problemas se han resuelto sin nosotros, no deberíamos sentirnos menos importantes. Deberíamos sentirnos orgullosos. Porque quizás una de las mejores demostraciones de liderazgo es descubrir que, durante unas semanas, no hemos sido imprescindibles.