Ni los más optimistas del lugar esperaban un arranque de año en las bolsas tan positivo. Subidas cercanas al 15% en Europa y en torno al 8% en Estados Unidos (con la excepción de un Nasdaq disparado) en medio de subida de tipos, temores de recesión, crisis bancarias y una inflación subyacente que se resiste a bajar. Pero cuando se dibuja un panorama catastrófico y este no se cumple, la psicología juega su baza y lo menos malo se convierte en una gran noticia.

La próxima semana terminaremos el mes de abril y caeremos en un mayo que tiene su propio estribillo de vender bolsa y esperar hasta noviembre, el famoso sell may and go away. Para los más curiosos, el director de economía y estrategia de Allianz Global Investors, Greg Meier, explica el origen de esta frase, aunque en España mayo siempre fue un mes malo por la declaración de la renta y el retraimiento de los más pudientes a meter dinero en acciones por si les salía a pagar. “La idea de 'vender en mayo y marcharse' lleva años arraigada en el léxico de las inversiones. Se dice que empezó en el antiguo distrito financiero de Londres. Los banqueros que querían escapar del calor veraniego vendían en mayo, se marchaban y volvían el día de St. Leger Stakes (una famosa carrera de caballos inglesa que se celebra a mediados de septiembre). El término se acortó y se popularizó en el siglo XX, cuando los estrategas de Wall Street descubrieron un patrón histórico de rendimientos del índice S&P 500 comparativamente más altos desde noviembre hasta abril. Y un viejo aforismo inglés asociado a las vacaciones y las apuestas hípicas se convirtió en uno de los factores estacionales más conocidos del sector de las finanzas”, explica Meier.

Pero además de las tradiciones, el inversor deberá estar atento a los datos que se publiquen en una semana de transición, ya que la parte más mollar llegará los próximos 3 y 4 de mayo, cuando los bancos centrales decidan sobre la subida o no de los tipos de interés. El mercado espera nuevas alzas en ambos lados del Atlántico de 0,25 puntos con la pregunta de fondo de si serán estas las últimas del año. Las apuestas indican que sí para la Fed estadounidense y que no para el Banco Central Europeo (BCE) que deberá seguir elevando sus tasas. Pero de esta novela de intriga les hablaré más detenidamente la próxima semana.

Ahora toca centrarse en cifras de la semana que viene. Empezando por lo más cercano, en España se conocerá la tasa de paro (se espera una bajada muy tímida), el PIB del primer trimestre (todavía por encima del 2,5%), así como del IPC de abril, en el que preocupa la evolución de la subyacente (descontando alimentos frescos y energía). Asimismo, habrá cascada de resultados. En los bancos, BBVA, Santander, Sabadell y Unicaja, afectados por la tasa impuesta por el Gobierno, pero aún generosos y sólidos. Aena, Iberdrola, Enagás, Repsol, Red Eléctrica, Naturgy, Ebro Foods, Deoleo, Mapfre, Cellnex o Ence, entre otros, presentarán sus cuentas provocando una cierta volatilidad de acuerdo a la interpretación de los analistas. Aunque más que en los resultados del primer trimestre, habrá que fijarse en las guías de previsiones de las compañías que acompañan a estas presentaciones.

A medida que los bancos publican sus resultados, vamos teniendo una idea más clara de cómo afectaron al sector, de forma general, las quiebras de bancos regionales del mes pasado. Hasta ahora, el impacto directo en los grandes bancos de importancia sistémica parece limitado. Alrededor del 15% de las empresas financieras del S&P 500 han presentado ya sus cuentas, y los beneficios han aumentado más de lo esperado por los analistas.

Dos acontecimientos adicionales en EE. UU. ayudarán a preparar el escenario para la decisión de tipos por parte de la Fed durante su reunión del 2-3 de mayo. El primero es el avance del PIB del primer trimestre, que se publicará el jueves. La Fed de Atlanta calcula actualmente un crecimiento del 2,5% (datos trimestrales ajustados estacionalmente) respaldado por un aumento del 4,2% en el gasto de los consumidores. El segundo es el índice de precios PCE del viernes. Los analistas prevén una desaceleración de la inflación subyacente hasta el 0,28% intermensual, lo que en términos anualizados se situaría por encima del objetivo del 2% de la Fed, pero en la dirección correcta. Sin duda, el dato más determinante de la semana.

El lunes, al otro lado del Atlántico, los inversores alemanes estarán atentos a la publicación del índice Ifo de clima empresarial de abril. Lleva seis meses consecutivos de subidas gracias a un clima invernal inusualmente cálido, con unos precios del gas natural más baratos, y a la reapertura de China tras finalizar la política de “cero covid”.

El jueves y el viernes, los inversores de la zona euro recibirán un diluvio de cifras preliminares del PIB del primer trimestre del año. Se espera que Francia mantenga un crecimiento estable del 0,1%, Italia podría mejorar del -0,1% a un crecimiento plano, Alemania también podría pasar del -0,4% a terreno neutral y la zona euro en general podría permanecer plana (todas las cifras en términos intertrimestrales).

En Asia, Japón publicará las ventas minoristas, la producción industrial y el desempleo de marzo. La semana termina el viernes con la primera decisión del Banco de Japón bajo su nuevo gobernador, Kazuo Ueda. Aunque se espera que los responsables políticos mantengan los tipos en el -0,1%, con el aumento de la inflación, Ueda podría recibir preguntas sobre los planes para abandonar la política ultraflexible, incluido el control de la curva de tipos.