Recientemente han aparecido diversos informes y contribuciones en los medios sobre un mismo tema –la productividad del turismo– con resultados no coincidentes. Estas divergencias pueden generar confusión si no se clarifica en primer lugar de qué estamos hablando realmente cuando nos referimos a la productividad del turismo. El método más utilizado para medir la productividad del trabajo es dividir el valor añadido en una determinada actividad o conjunto de actividades por el número de personas ocupadas o las horas trabajadas. La medida de valor añadido es el VAB (Valor Añadido Bruto), que para el conjunto de la economía es igual al PIB deduciendo los impuestos que recaen sobre los productos y sumando las subvenciones a las empresas. El informe publicado por el Observatorio de la Economía Urbana de la Cambra de Barcelona lo mide de esta manera para la ciudad de Barcelona. Con datos del año 2023 el VAB imputado a las actividades turísticas representaba un 12,8% del total de la economía barcelonesa. Dado que el empleo asociado con este VAB el mismo año representaba un 12,3% del total, la productividad así medida del turismo en la ciudad es ligeramente superior a la del conjunto de la economía urbana.

No es, en absoluto, una cifra sorprendente. El INE (Instituto Nacional de Estadística) calcula estos mismos porcentajes para el turismo en el marco del conjunto de la economía española, en las denominadas “cuentas satélite del turismo”. Según esta fuente, con datos del año 2024 la participación del turismo en el VAB total del conjunto de la economía es del 12,6% y en el empleo del 12,3%. Prácticamente los mismos resultados y la misma conclusión que en el caso de la ciudad de Barcelona. (Desgraciadamente, en el caso de Catalunya, las últimas cifras publicadas en las “cuentas satélite del turismo” para Catalunya son de 2014). Ahora bien, el turismo agrupa un conjunto de actividades muy diversas, con niveles de productividad y salariales muy diferentes. Una primera distorsión respecto de la cifra agregada es el hecho de que la productividad turística incluye el impacto en las actividades inmobiliarias (fundamentalmente alquileres y compraventas de edificios y apartamentos). Pero esta misma distorsión también afecta al cálculo de la productividad del conjunto de la economía: cuando se excluyen las actividades inmobiliarias del cómputo de la productividad agregada del conjunto de la economía española, se obtiene una cifra que es, aproximadamente, un 10% inferior.

Una forma de evitar el sesgo derivado de las actividades inmobiliarias en la medida de productividad –tanto en el turismo como en el conjunto de la economía– es desagregar los valores por sectores. Cuando procedemos de esta manera, observamos que dentro del bloque que llamamos “turismo” conviven tres tipologías de actividades diferenciadas, según cómo se comparan con la media de la economía. Un primer grupo, que en conjunto representa una tercera parte del VAB total asociado con el turismo, son los sectores con una productividad similar o superior a la media. Incluye las actividades de transporte (terrestre, marítimo y aéreo), el sector hotelero (servicios de alojamiento), las agencias de viajes y las actividades creativas y artísticas. El sector hotelero, por ejemplo, que es junto con las agencias de viaje el que más directamente se identifica con la actividad turística, genera un VAB por persona ocupada que supera en más del 60% la media de la economía urbana. Las actividades creativas y artísticas se sitúan más de un 10% por encima. Hay que tener en cuenta que los hoteles aportan una quinta parte del VAB total del turismo y otros subsectores, como las actividades creativas, el transporte terrestre o las agencias de viaje, alrededor de un 4% cada una.

El turismo no es responsable de la baja productividad de las economías catalana y española. El argumento correcto va en sentido inverso

Un segundo grupo son aquellas actividades con una productividad entre un 5% y un 10% inferior a la media de la economía urbana, que incluyen las actividades culturales, deportivas y recreativas. Finalmente, un tercer bloque agrupa las actividades con niveles de productividad significativamente inferiores a la media, incluyendo principalmente el comercio minorista y los servicios de bares, cafeterías y restaurantes. Esta gran diversidad en términos de productividad entre los diferentes sectores asociados al turismo también se observa en términos salariales. Según datos publicados por el Observatorio de Turismo de Barcelona, los salarios medios en la hotelería (servicios de alojamiento) superan en casi un 30% a los que se pagan en la restauración (servicios de comidas y bebidas).

Es importante tener en cuenta que, a diferencia de la hotelería, tanto en el caso del comercio minorista como en el de la restauración, la relativamente baja productividad de estos sectores no puede imputarse al fenómeno turístico en sí, ya que se trata de actividades enfocadas principalmente al consumo cotidiano de la población autóctona. En el caso del comercio minorista, por ejemplo, se calcula que solo un 12,1% del VAB generado depende del turismo, y un 18,0% en el caso de los servicios de restauración. Aun así, más del 50% del empleo total que se estima vinculado a las actividades turísticas corresponde a estos dos sectores, influyendo mucho en las cifras agregadas del turismo en su conjunto.

La misma heterogeneidad observada entre las diferentes actividades asociadas, más o menos directamente, con el fenómeno turístico, también la observaríamos entre los diferentes segmentos que componen cada subsector. Por ejemplo, aunque la restauración en su conjunto muestre cifras agregadas de productividad muy inferiores a la media, la cada vez más amplia presencia de establecimientos gastronómicos de primera categoría en la ciudad –y en el conjunto del país–, que pueden cobrar precios elevados y pagar salarios superiores, muestra que no hay nada intrínseco al negocio de la restauración que impida alcanzar una mayor productividad –es decir, un mayor valor añadido por persona ocupada. También son perfectamente concebibles los aumentos potenciales de productividad en el conjunto del sector “retail”, incluyendo el comercio minorista, tanto por la vía de una mayor inversión de capital, una mayor cualificación de la fuerza de trabajo o una mejora en los métodos de organización y comercialización –incluyendo un uso más intensivo de las tecnologías digitales.

En conclusión: el turismo en tanto que fenómeno económico y social universal no es responsable de la baja productividad de las economías catalana y española; el argumento correcto va en sentido inverso: es la baja productividad asociada actualmente a determinadas actividades que no son ni exclusiva ni principalmente turísticas, la causa principal que reduce la productividad estimada de las actividades turísticas en su conjunto. La buena noticia es que no existe ningún factor estructural que impida el aumento de la productividad en estas actividades, a través de una mayor calidad media del servicio y una mayor inversión en capital físico, humano y tecnológico.