El turismo en el nuevo desorden internacional
- Anwar Zibaoui
- Barcelona. Sábado, 31 de enero de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 4 minutos
La geopolítica está adquiriendo un peso creciente en la manera en que las organizaciones económicas y los líderes empresariales evalúan el riesgo, proyectan el crecimiento y deciden dónde invertir. Esta presión global impulsa reformas más profundas y una reinvención transversal de los sectores productivos. El desafío consiste en fortalecer la resiliencia y diseñar modelos de desarrollo que sean sostenibles, inclusivos y capaces de adaptarse a un entorno cada vez más incierto.
El turismo suele ser el primer sector en resentirse ante episodios de inseguridad y sus efectos se manifiestan de forma inmediata. Desde guerras prolongadas hasta tensiones regionales, el panorama actual revela grietas preocupantes en la arquitectura internacional construida en la posguerra, que durante décadas sostuvo la movilidad internacional.
La intensificación de los conflictos, los retrocesos legales y la creciente politización de las políticas migratorias están deteriorando la percepción de algunos países como destinos seguros y acogedores, comprometiendo su competitividad y su capacidad de atraer visitantes.
El turismo global está entrando en una nueva era marcada por el desorden internacional, en un contexto donde los liderazgos se transforman, las normas democráticas se erosionan y los conflictos geopolíticos se multiplican. Promocionar un destino se vuelve especialmente complejo cuando el contrato social muestra signos de fragilidad. El riesgo reputacional ya no es hipotético, sino un riesgo creciente.
El turismo suele ser el primer sector en resentirse ante episodios de inseguridad y sus efectos se manifiestan de forma inmediata
La industria se encuentra en una encrucijada. La geopolítica, y no las playas, es la que empieza a determinar la demanda, los modelos tradicionales de atracción turística resultan insuficientes. Además, las medidas proteccionistas, en ocasiones adoptadas de forma improvisada, están generando elevados costes en subsidios, deuda, aranceles e inflación. Estas políticas no solo tensionan las economías, sino que también representan un retroceso en los avances hacia la transición verde y la lucha contra el cambio climático.
A lo que cabe añadir las crisis recurrentes a las que se enfrenta el sector, como epidemias, terremotos o periodos de desaceleración económica. Estos acontecimientos, cada vez más frecuentes y convergentes, obligan al sector a abordar cuestiones incómodas relacionadas con los valores, el poder y la credibilidad. También exigen confrontar las tensiones entre inclusión, rentabilidad, influencia y seguridad global en un entorno internacional crecientemente inestable.
Los desafíos derivados de las guerras comerciales y los crecientes riesgos geopolíticos plantean obstáculos significativos para el sector turístico, que además tiene el imperativo de adoptar prácticas más sostenibles que beneficien a las comunidades locales y protejan el medio ambiente.
Sin embargo, incluso en este contexto de incertidumbre, el turismo continúa siendo un motor esencial de la economía mundial. Tras unos años especialmente complejos, el sector ha recuperado su dinamismo, generando un impulso económico notable en numerosos países y sosteniendo millones de empleos.
Se estima que en 2035 esta industria aportará alrededor de 16,5 billones de dólares a la economía mundial, equivalente al 11,5% del PIB global
Aun así, la recuperación global avanza de manera desigual. Mientras algunos destinos y regiones alcanzan cifras récord, otras grandes economías permanecen estancadas o muestran signos de desaceleración, evidenciando la necesidad de estrategias más equilibradas y resilientes.
En 2025 se registraron más de 1.520 millones de viajeros internacionales, un 4% más que en 2024, lo que marca el retorno definitivo a los niveles previos a la pandemia. Los ingresos alcanzaron los 2,2 billones de dólares, un incremento del 5% respecto al año anterior. El Mediterráneo se consolida como el principal destino turístico del mundo, concentrando el 32% de las llegadas internacionales y el 30% de los ingresos globales. El turismo representa en la región el 13% de las exportaciones, el 23% del sector servicios y da empleo a más de 36 millones de personas. Las proyecciones son especialmente alentadoras: se prevé que el PIB turístico crezca a un ritmo anual del 5,8% hasta 2032, superando el crecimiento de la economía en su conjunto.
De cara a 2026, el turismo internacional podría aumentar un 4% siempre que las condiciones económicas globales se mantengan favorables y no se intensifiquen los conflictos geopolíticos. No obstante, la incertidumbre derivada de las tensiones actuales constituye un riesgo creciente para la evolución del sector en el próximo año.
Se estima que en 2035 esta industria aportará alrededor de 16,5 billones de dólares a la economía mundial, lo que equivaldrá al 11,5% del PIB global. Para entonces, una de cada ocho personas trabajará en el sector turístico, con más de 460 millones de empleos generados en todo el mundo.
Los problemas actuales ya no pueden ser resueltos solo por los gobiernos; requieren la implicación coordinada de todos los actores públicos y privados
Estas cifras también reflejan una presión creciente sobre el medio ambiente. El turismo de masas se ha convertido en una de las principales fuentes de contaminación y en un motor que impulsa la expansión urbanística. A ello se suma la creciente demanda de agua, alimentos y energía, así como el aumento de las temperaturas, tanto marítimas como terrestres, factores que afectan de manera crítica a los recursos de muchas regiones. En estas condiciones, el modelo actual no resulta viable a largo plazo.
En materia de sostenibilidad, el impacto del cambio climático en la región mediterránea genera pérdidas anuales estimadas entre el 5% y el 15% de su PIB. Esta realidad exige una cooperación pública‑privada mucho más estrecha para diseñar soluciones viables y eficaces frente a los retos actuales.
Al mismo tiempo, los cambios geopolíticos y la creciente glocalización incrementan la complejidad y alimentan la volatilidad en un contexto marcado por múltiples crisis, inseguridad generalizada y una competencia internacional cada vez más intensa. Este escenario obliga a desarrollar estrategias regionales específicas y a fortalecer la planificación de escenarios, con el fin de garantizar la resiliencia del sector y repensar el modelo turístico desde la innovación y la búsqueda de nuevas formas de comercialización. La industria debe reinventarse a partir de una cooperación real entre territorios, la actualización del turismo social, la preservación del patrimonio natural y cultural, y una visión plenamente sostenible que asegure su viabilidad a largo plazo.
La incertidumbre geoeconómica exige una mayor diversificación regional, estrategias actualizadas y modelos operativos capaces de adaptarse con agilidad para mitigar los riesgos derivados de la fragmentación geopolítica.
Sin modelos económicos sostenibles destruiremos nuestro planeta rápidamente y no existen alternativas a la reubicación
En un mundo cada vez más complejo, la urgencia de avanzar hacia un turismo más inclusivo y sostenible obliga a abordar los desafíos sistémicos del planeta desde la acción colectiva. Los problemas actuales ya no pueden ser resueltos únicamente por los gobiernos; requieren la implicación coordinada de todos los actores públicos y privados. Las tareas que afronta la industria turística son inmensas. El sector debe orientarse plenamente hacia el futuro, priorizando estrategias que generen ventajas competitivas, impulsen la digitalización y consoliden la sostenibilidad. Solo un modelo resiliente permitirá promover el desarrollo económico, reducir la pobreza y mitigar los efectos del cambio climático.
Sin modelos económicos sostenibles destruiremos nuestro planeta rápidamente y no existen alternativas a la reubicación. El futuro del turismo no es solo algo que se espera. Está moldeado por las decisiones que se toman hoy todos los actores basados en la confianza, la cooperación y una visión compartida.