Seis mil millones en veinte minutos
- Fernando Trias de Bes
- Barcelona. Domingo, 1 de noviembre de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
Precisamente la semana pasada dediqué mi columna a las ciberestafas de pequeño volumen a través de mensajes en el móvil y resulta que a los pocos días se produce el mayor robo de criptoactivos registrado en la historia de las criptos.
El “atraco” duró lo mismo que un trayecto corto en taxi. Unos atacantes extrajeron de Binance activos valorados en 6.300 millones de dólares en veinte minutos, a través de diez cadenas de bloques. Varias firmas de análisis atribuyen el ataque, con alta confianza, al grupo norcoreano TraderTraitor. La investigación continúa.
¿Cómo puede moverse semejante cantidad tan deprisa?
Una cadena de bloques (blockchain) se limita a comprobar que la orden esté correctamente firmada y, acto seguido, la ejecuta. La investigación inicial de Binance apunta al portátil comprometido de un ingeniero de operaciones. El atacante habría accedido a un contenedor de servicio y enviado retiradas no autorizadas. Las claves criptográficas seguramente permanecieron intactas. Falló la puerta que permitía utilizarlas.
Unos atacantes extrajeron de Binance activos valorados en 6.300 millones de dólares en veinte minutos, a través de diez cadenas de bloques
Las diez cadenas de bloques en cuestión no equivalen a diez instrucciones, sino que describen diez redes por las que circularon los activos: Ethereum, Bitcoin, Tron, Solana y otras. Algunas operaciones concentraron cantidades gigantescas. En las finanzas tradicionales atraviesan controles, límites, autorizaciones y sistemas de compensación. Pero, en cambio, en una cadena de bloques caben dentro de unas pocas firmas digitales.
Esto difícilmente habría pasado en una entidad financiera bancaria tradicional. La regulación bancaria y la supervisión financiera fueron creadas para detener catástrofes así. La doble autorización, los límites horarios, la segregación de funciones, las reservas de capital, las auditorías y la supervisión prudencial ralentizan operaciones, y nos quejamos a veces de las dilaciones en ciertas transferencias y operaciones. Pero evitan que ¡un simple ordenador portátil hackeado! tenga capacidad para vaciar miles de millones de dólares.
La reacción al robo se ha producido ya: Binance y distintos actores del ecosistema habían congelado cerca de 3.000 millones de dólares al conocerse el ataque. Tether, Circle y otros emisores pudieron bloquear stablecoins vinculadas a las direcciones del atacante. Es decir, una parte del dinero se salvó gracias a mecanismos centralizados. Pero no todo. Binance afirma que cubrirá todas las pérdidas mediante su fondo SAFU y recursos de la compañía. Pero no debe confundirse con una póliza externa ni con un fondo público de garantía.
Corea del Norte lleva años robando dinero a través de las plataformas de criptos. Podemos afirmar que el robo de criptomonedas constituye una de sus grandes fuentes ilícitas de divisas. No puedo afirmar que sea la principal fuente de entrada de divisas sin conocer todas las cuentas del régimen. Pero Chainalysis calculó que grupos norcoreanos sustrajeron al menos 2.020 millones de dólares en 2025. El Tesoro estadounidense sostiene que esos ingresos contribuyen a financiar los programas nuclear y balístico. Así que el asunto es más peligroso de lo que parece.
La regulación bancaria y la supervisión financiera fueron creadas para detener catástrofes así
¿No está regulado Binance? La plataforma cuenta con licencias o registros en varias jurisdicciones. Por tanto, carecería de rigor presentarla como una empresa sin supervisión alguna. Pero actualmente no dispone de autorización oficial para prestar servicios de criptoactivos en la Unión Europea. Y una plataforma cripto, cuando está autorizada, no ofrece automáticamente la misma protección que un banco: garantía de depósitos, supervisión bancaria, exigencias equivalentes de capital y acceso a un prestamista de última instancia.
El inversor particular, por tanto, ha de conocer los riesgos de estas plataformas. La autocustodia elimina el riesgo de quiebra del intermediario, pero concentra la seguridad en una clave que puede perderse o ser robada. De ahí la importancia de la regulación, la segregación de activos, los seguros y unas reservas suficientes.
Antes de confiar nuestros activos a una plataforma debemos saber quién la supervisa, cuánto mantiene fuera de línea, qué límites aplica a sus monederos operativos, quién asegura las pérdidas y ante qué tribunal puede reclamarse.
Siglos de historia bancaria dejaron algo más que burocracia. Dejaron memoria institucional sobre pánicos, fraudes y quiebras. La gran innovación financiera pendiente será combinar la velocidad del dinero digital con la capacidad de detenerlo antes de que veinte minutos se conviertan en catástrofes así.
Urgen las divisas digitales oficiales.