Salesforce, la batalla por no desaparecer

- Mookie Tenembaum
- Buenos Aires. Viernes, 30 de enero de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
En la antigua fábula de Esopo, una zorra intenta alcanzar unas uvas que cuelgan alto en una vid. Tras saltar una y otra vez sin éxito, se retira con dignidad fingida diciendo: "Al fin y al cabo, esas uvas están verdes". Hoy, esa zorra tiene nombre de gigante tecnológico, Salesforce, y las uvas son los LLMs, siglas en inglés de Large Language Models, o Grandes Modelos de Lenguaje, esos "cerebros" digitales que permiten a la inteligencia artificial (IA) hablar y razonar.
Presenciamos un cambio de narrativa desesperado en el mundo empresarial. Durante dos años, todas las compañías prometieron que sus herramientas de IA eran mágicas. Ahora que se dan cuenta de que no pueden competir con los verdaderos dueños de la tecnología, como OpenAI o Google, cambiaron el discurso: "Esas uvas no sirven, alucinan, son inseguras. Mejor compra lo mío".
El pánico en la bolsa de valores
Para entender esta hipocresía, hay que mirar el mercado. Hemos visto cómo compañías que antes parecían sólidas vieron desplomarse el valor de sus acciones. El mercado se dio cuenta de que muchas de estas empresas eran simplemente "intermediarios". En la jerga tecnológica se les llama wrappers o envoltorios; básicamente, empresas que cobran por usar una tecnología que no es suya, poniéndole una cara bonita.
Cuando el inversor descubre que cualquiera puede usar la IA directamente y gratis o muy barato, el intermediario se vuelve innecesario. Y en el capitalismo, ser prescindible es una sentencia de muerte.
La estrategia de la "commoditización"
Aquí entra la jugada maestra y cínica de actores como Salesforce. Como no pueden construir el motor más inteligente; lo que serían las uvas de la fábula, comunican al mundo que el motor no importa.
Argumentan que la IA se convierte en un commodity, un producto básico que es igual sin importar quién lo venda, como el arroz, el cobre o la electricidad. Nadie pregunta "¿de qué marca es esta electricidad?" cuando enciende la luz. Salesforce quiere que pienses que la IA es igual: una electricidad barata.
Al decir "el modelo de IA da igual", protegen su verdadero negocio, que es la data de los clientes. Es un mecanismo de defensa y dicen: "No mires al mago detrás de la cortina”, o sea la IA que no es propia, “mira en su lugar a la caja fuerte que tengo yo”, los datos.
La guerra por la "imprescindibilidad"
El usuario medio debe entender que esta no es una discusión sobre qué tecnología es mejor. Es una guerra por la supervivencia.
La frase clave aquí es "evitar la irrelevancia". Hasta hace poco, estas empresas eran los reyes porque controlaban el software que usaban las oficinas. Pero la IA amenaza con cambiar la forma en que trabajamos: si un agente virtual puede hacer el trabajo solo, ¿para qué necesito pagar licencias millonarias de un software complejo?
Como no pueden construir el motor más inteligente, lo que serían las uvas de la fábula, comunican al mundo que el motor no importa
Por eso ahora escuchamos hablar de "Agentes", o programas que actúan solos, en lugar de "chats". Es el último intento de estas compañías por volverse imprescindibles. Saben que si solo son una pantalla para hablar con una IA ajena, su valor tiende a cero. Necesitan desesperadamente convencerte de que ellos son los únicos que pueden controlar a la bestia, aunque la bestia no sea suya.
En resumen, las uvas no están verdes. Están maduras y deliciosas, pero como ellos no pueden alcanzarlas, prefieren venderte la escalera, jurando que es la única forma segura de subir. Es una táctica brillante de marketing, pero no deja de ser el miedo de un gigante que ve cómo tiemblan los cimientos de su negocio.
Las cosas como son.