¿Rendición de cuentas? ¡Chao, pescao!

- Xavier Alegret
- Barcelona. Lunes, 31 de agosto de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 4 minutos
La rendición de cuentas por parte de los gobernantes hacia la ciudadanía y sus representantes es uno de los pilares de la democracia. Pero, como otros pilares de nuestra democracia, está en crisis. La histriónica y maleducada presidenta de la Comunidad de Madrid se ventiló la rendición de cuentas por la compra de un ático con dinero público para un uso aún no aclarado con el polémico "chao, pescao".
Esta expresión, más allá de engrosar la lista de frases ya célebres de Isabel Díaz Ayuso, junto a "me gusta la fruta", muestra un sentimiento que no es exclusivo de la política madrileña: pasemos página del tema, esto ya está pasado y explicado, hablemos de otra cosa. Es una evolución perversa del famoso "això no toca" de Jordi Pujol, que mostraba que en ese momento no quería hablar del tema, porque ahora la rendición de cuentas queda aparcada: con unas difusas y contradictorias explicaciones, que no convencen ni al líder del PP, Alberto Núñez-Feijóo, es suficiente.
Pero, como digo, esta sensación no es exclusiva de Ayuso; al contrario, cada vez está más extendida y el chao, pescao, de forma menos burda, más pulida, es una práctica política que se empieza a generalizar. Una pequeña muestra han sido las resistencias de Pedro Sánchez para comparecer en el Congreso por la crisis de Ceuta, cosa que finalmente hará el 3 de septiembre. Es otra dimensión, porque Sánchez no ha querido pasar página del tema –es imposible–, pero su comportamiento, como su ausencia, en esta crisis no ha estado a la altura.
Los políticos cometen muchos errores, o negligencias, que tienen efecto en la sociedad y la economía y no solo no los explican, sino que los esconden, los niegan, los ignoran o culpan a los demás. En el ámbito económico, hemos conocido algunos datos que merecerían que algunos ministros o consellers nos explicaran y justificaran, pero no lo hacen. Quizás soy iluso al reclamar que lo hagan, quizás nos hemos acostumbrado, y por eso nadie se extraña, pero nos perjudican.
El 'chao pescao', de forma menos burda, más pulida, es una práctica política que se empieza a generalizar
Una es el déficit inversor del Estado con Catalunya, que desde que gobierna Pedro Sánchez, supera los 7.200 millones de euros. Efectivamente, nos hemos acostumbrado a que, sistemáticamente, el gobierno español solo ejecute la mitad del dinero que prevé en Catalunya en los presupuestos generales del Estado. No hablamos de un incumplimiento de promesas, sino de los presupuestos, la base económica del año, lo que dice dónde se gastará, por qué se apostará, de dónde se sacará el dinero... Los hacen ellos mismos y no los cumplen. Se puede entender que queden cosas pendientes porque los concursos públicos y las obras no siempre van como se quiere, pero la mitad no es tolerable, y más cuando está muy por debajo de la media de comunidades autónomas y en Madrid a menudo se supera el 100% de lo presupuestado.
Como decía, este déficit tiene consecuencias. Menos inversión del Estado quiere decir peores carreteras y autopistas —el estado de la AP-7 desde que el Estado se ocupa de la gestión y el mantenimiento es deplorable—, unos servicios ferroviarios muy deficientes, menos y peores trenes, estaciones a medio construir, congestión en el tráfico de mercancías y un largo etcétera. Y todo ello nos cuesta dinero en forma de productividad e inversiones que se pierden y cuesta salud a todos aquellos que cada día sufren los retrasos de Rodalies o tienen que soportar una hora de congestión para llegar o volver del trabajo.
Deberíamos dejar de tolerarlo y pedir explicaciones, rendición de cuentas. Tanto a Pedro Sánchez y Óscar Puente como a nuestros políticos que lo toleran, empezando por el Govern y siguiendo por los que aprueban las leyes del Gobierno en el Congreso a cambio de mejoras para Catalunya que a menudo no llegan, o lo hacen con retrasos de años o incluso décadas. Porque además tenemos que soportar que el Gobierno anuncie "inversión récord" en Catalunya, aguantando la catalanofobia de otras comunidades, después se ejecute la mitad y al año siguiente se vuelva a anunciar un récord de inversión relleno de las medidas anunciadas hace un año y no cumplidas. Una auténtica tomadura de pelo.
Los políticos catalanes tampoco están libres de este pecado. Ya es hora de que pidamos explicaciones al Govern, tanto al president como a la consellera de Territori, por las políticas de vivienda, ahora que ya se ha visto claramente que están empeorando todavía más la situación. Los topes al alquiler han frenado los precios, sí, pero a costa de reducir la oferta. El resultado es que los que ya vivían de alquiler pueden pagar un poco menos, si tienen la suerte de que el propietario no decide venderse el piso, pero los que quieren ir a vivir de alquiler lo tienen mucho más difícil.
¡Ya es hora de que pidamos explicaciones al Govern por las políticas de vivienda, ahora que ya se ha visto que están empeorando la situación!
Incluso el alquiler de habitaciones se ha complicado mucho en Catalunya. Subrayo en Catalunya, porque sigue una tendencia opuesta a la del resto del Estado, donde la oferta sube. Aquí baja y se dispara el número de interesados. El precio sube más que en España. ¿Por qué pasa esto? Una pista: Catalunya es la única comunidad autónoma que regula, desde enero, el alquiler de habitaciones. Las consecuencias no han tardado en materializarse.
Lo primero que pediría al Govern es que deje de regular sin valorar bien las consecuencias. Entiendo la emergencia y entiendo que construir es lento; no puede arreglar el problema de un día para otro. Se tardarán décadas en generar las viviendas que faltan en Catalunya, sobre todo porque, a pesar de los anuncios, todavía no se han puesto las pilas y se está haciendo muy poca vivienda protegida. Pero es lo que se debe priorizar. Entiendo también que, a la espera de los nuevos pisos, se pueden perder muchas elecciones, pero los gobernantes deben resolver problemas, no agravarlos y culpar a los demás, a los propietarios e inversores, de un problema que han creado ellos durante más de 15 años sin generar vivienda ni facilitar la construcción.
Podría continuar; hay muchos ejemplos de rendición de cuentas deficiente. Por ejemplo, con el funcionamiento de Rodalies durante el eclipse solar. Probablemente hablemos del problema de falta de inversión, pero las explicaciones, culpando a los demás, se quedan muy cortas. Otro ejemplo son las pobres explicaciones de Educación respecto a la exclusión de Catalunya del informe PISA, por parte de una consellera que, para usar su argot, no llega al "logro satisfactorio", después de crisis como las huelgas de docentes, los espías en sus asambleas y los errores en las adjudicaciones en las plazas de maestros.
Quizás parte de la culpa es nuestra, que nos conformamos con poco; nos han acostumbrado a la mediocridad y les hemos acostumbrado al titular llamativo, al clic, en lugar de las explicaciones y las reflexiones. Los políticos prefieren generar titulares sencillos, que llegan más, que grandes argumentos que no penetran en la sociedad. Titulares que a menudo culpan al otro o dan excusas. Pero no nos podemos conformar. Debemos exigir más y mejores explicaciones. Datos, cifras, documentación. Y también dimisiones si no convencen. Pero esta palabra, dimisión, ya no está en los diccionarios, ni de catalán ni de castellano, para los políticos.