El pasado 5 de enero, Jensen Huang, presidente y CEO de Nvidia, soltó una frase que hizo fortuna: “The ChatGPT moment for robotics is here. Es una frase simple. Pero corrió como la pólvora porque pone palabras a una intuición compartida: estamos a punto de entrar en una nueva fase industrial.

Durante el último año, la destreza de los robots humanoides ha avanzado a una velocidad inesperada. Hemos pasado de robots que apenas podían caminar a máquinas que ya caminan con más elegancia que muchas personas. Aún no corren como nosotros —pero poco falta. Las manos siguen siendo el gran cuello de botella, pero líderes como el Optimus de Tesla o los modelos de Boston Dynamics ya disponen de manos operativas (de cinco o tres dedos) capaces de realizar tareas cada vez más delicadas.

Boston Dynamics, de hecho, ha ido un paso más allá con la nueva versión de Atlas. Este robot ya no está limitado por una anatomía humana. Tiene más grados de libertad, visión 360° y puede ejecutar movimientos literalmente imposibles para cualquier humano. Y esta es, probablemente, la dirección: robots “humanoides” que empiezan siendo humanos porque es práctico, pero que dejan de serlo cuando la tecnología les permite ser mejores. El caso de la visión es el ejemplo perfecto: ¿por qué limitar un robot a visión frontal si puede tener visión 360° por pocos euros?

El problema real, hoy, es el software. La mayoría de vídeos espectaculares que vemos en Instagram o YouTube son robots guiados a distancia, como si fueran un videojuego. Algunos están completamente teledirigidos; otros, los más avanzados, reciben solo instrucciones simples: camina adelante, gira, retrocede… Es aquí donde estamos. El salto que falta es el de la autonomía real: robots que hagan tareas sin un humano al mando.

Esta es la dirección: robots humanoides que empiezan siendo humanos, pero que dejan de serlo cuando la tecnología les permite ser mejores

Y es aquí donde entra Nvidia. En el CES, han presentado un conjunto de software —open source, bajo licencia Apache 2.0— para simular y entrenar robots. ¿Por qué open source? Porque la estrategia es clara: Nvidia no quiere un mundo dominado por dos o tres sistemas propietarios (Tesla, Boston Dynamics). Quiere un ecosistema. Quiere que esto crezca, se extienda y se convierta en estándar. Y cuando esto ocurra, Nvidia venderá las GPU de todos los robots, y también el software, los servicios y la infraestructura que los harán funcionar. Es una jugada de libro. ¿Saldrá bien? Nadie lo sabe. Pero hay muchos indicios de que la apuesta es seria: cada vez más empresas de robótica y grandes corporaciones —Xiaomi, Xpeng— están entrando en este campo porque creen que aquí está la gran revolución de la próxima década. Si el software de robótica sigue el camino del software de IA, el “momento ChatGPT” llegará. Y muchos ponen dinero porque piensan que esto pasará

Ahora bien, para tener un momento ChatGPT industrial completo, falta otra pieza: la logística. Una parte es robótica, sí. Pero la otra gran parte es movilidad. Y aquí los vehículos autoconducidos han avanzado mucho. También en el CES, Nvidia ha presentado software de autoconducción —también open source— para que cualquier fabricante lo pueda utilizar: coches privados, robotaxis (el Mercedes CLA es el primero que lo adopta), y camiones, que es el segmento clave para la logística. Todavía no está al nivel de Tesla o Waymo, pero podría evolucionar rápidamente y obligar al mercado a acelerar.

Los camiones autoconducidos —pronto veremos el Tesla Semi en versiones autónomas— podrían transformar costes y, sobre todo, tiempo. Un camión que puede operar 24x7x365 y coordinarse automáticamente es un cambio de escala. La logística no solo es mover cosas: es moverlas rápido. Más velocidad significa menos stock. Menos stock significa menos capital inmovilizado. Pero también menos pérdidas, menos buffers y una fabricación mucho más ajustada a la demanda.

Queda, sin embargo, un elemento crítico: las baterías. Una gran parte del coste logístico es combustible. Si los camiones fueran eléctricos, podríamos reducir radicalmente este coste. Y precisamente en el CES también ha aparecido una posible pieza del rompecabezas: Donut Lab, una empresa finlandesa, ha presentado baterías de estado sólido con una densidad x2 de las mejores actuales, carga en 5 minutos y una vida útil x20 (100.000 ciclos de carga completa). Además, afirman que son más económicas que las de litio y que utilizan materiales abundantes y baratos (no litio). Si se confirma, sería una noticia enorme: la pieza que faltaba para electrificar de verdad el transporte pesado.

Si el momento ChatGPT trastornó el mundo, ¡imaginad qué puede significar el momento ChatGPT de la robótica!

Ahora imaginemos que todo esto converge. Falta el salto en software de IA que permita hacer con los robots lo que ChatGPT hizo con el texto: convertir capacidades técnicas en utilidad real, inmediata, escalable. Si esto llega, tendremos el sueño industrial: la fábrica a oscuras. Una fábrica sin humanos, produciendo constantemente. ¡Escalar ya no sería contratar más personas, sino comprar más robots y sería inmediato!

Este sueño nos llevaría a otro tipo de economía. Una economía de precios decrecientes, donde fabricar productos físicos sería casi tan fácil como fabricar software. Donde el coste marginal sería, prácticamente, copiar. Con implicaciones sociales enormes. En un mundo así, la habilidad clave sería ser emprendedor: tener capital, conocimiento y capacidad de organizar esta nueva infraestructura productiva.

Y, como siempre, habrá muchas arquitecturas sociales posibles. Fábricas distribuidas y próximas, o grandes conglomerados que dominen la producción a escala global gracias al capital y al know-how. No es solo tecnología: es decisión colectiva. Serán las sociedades las que decidan qué estructura quieren y cuál no

Quizás todo esto parezca ciencia ficción. Y en parte lo es, porque falta una pieza: el momento ChatGPT de la robótica. Pero una parte de este futuro ya existe. En China, en Tesla, en Hyundai (Kia), en Amazon… todavía no está generalizado, pero ya está empezando. Y si el momento ChatGPT trastornó el mundo, ¡¡¡imaginad qué puede significar el momento ChatGPT de la robótica!!!