¿Por qué Estados Unidos permite el envío de tecnología "defectuosa" a China? No es un descuido, es una estrategia para financiar su propia supremacía y mantener a Pekín atado a una adicción tecnológica imposible de romper.

A primera vista, parece un error de cálculo histórico. En medio de una guerra fría tecnológica sin cuartel, donde la Inteligencia Artificial (IA) se perfila como el arma definitiva del siglo XXI, el gobierno de los Estados Unidos permite que su empresa más estratégica, Nvidia, venda miles de millones de dólares en chips avanzados a China.

¿Por qué Washington armaría a su principal rival geopolítico? ¿Es la codicia de Wall Street superando a la seguridad nacional?

La realidad es mucho más sofisticada. Lo que parece una brecha en la muralla es, en realidad, una trampa cuidadosamente diseñada. Estados Unidos puso en marcha una estrategia que llamamos "la diplomacia del chip defectuoso". Esta es una maniobra que convierte a China en el principal financiador de la ventaja militar estadounidense, mientras la condena a un segundo puesto tecnológico permanente.

El cerebro rápido y el cerebro lento

Para entender la jugada, hay que entender qué se está vendiendo. Los chips de IA no son procesadores normales; son "ejércitos de calculadoras" capaces de realizar millones de operaciones matemáticas en paralelo. Estados Unidos posee los mejores del mundo, eso es la serie H100 de Nvidia, pero prohibió terminantemente su exportación a Pekín.

Estados Unidos posee los mejores chips de IA del mundo, la serie H100 de Nvidia, pero vende a China una versión modificada

En su lugar, autorizó la venta de una versión modificada, exclusiva para el mercado chino, conocida como H20.

Este chip es un extraño híbrido tecnológico. Tiene una "memoria" excelente que almacena y mueve datos con rapidez, pero limita su capacidad de "razonamiento", o cálculo bruto, deliberadamente. Es decir, este cerebro recuerda mucho, pero piensa despacio. Y esa diferencia técnica es la clave del jaque mate geopolítico.

Aprender versus trabajar

En el mundo de la IA existen dos fases críticas, y Estados Unidos bloqueó la primera y permitió la segunda.

La primera fase es el entrenamiento. Es el momento en que la IA "aprende". Imagínese a un estudiante de medicina que debe leer y memorizar toda la biblioteca mundial para convertirse en doctor. Esto requiere una potencia de cálculo brutal, sin embargo, con los chips "mutilados" que recibe China, este proceso se vuelve agónicamente lento. Lo que a Estados Unidos le toma semanas desarrollar, a China le tomaría meses o años. Al venderles hardware lento, Washington se asegura de que la próxima generación de "superinteligencia" nazca en California, no en Shenzhen.

La segunda fase es la inferencia. Esto es cuando ese estudiante ya graduado empieza a trabajar y a recetar remedios. Para esto, no se necesita tanta potencia bruta, sino agilidad. Los chips que recibe China sirven perfectamente para esto. Pekín puede usarlos para mejorar sus coches eléctricos, sus cámaras de seguridad o sus aplicaciones de consumo.

Al vender hardware lento a China, Washington se asegura de que la próxima generación de "superinteligencia" nazca en California, no en Shenzhen

El mensaje es claro, Estados Unidos permite que China use la IA para trabajar, pero le impide inventar el futuro de la IA.

La trampa del idioma

Si los chips estadounidenses son limitados, ¿por qué China no fabrica los suyos? Aquí entra la segunda capa de la estrategia, la adicción al software.

Para comunicarse con estos chips, los ingenieros de todo el mundo utilizan un lenguaje de programación llamado CUDA, propiedad de Nvidia. Es el "inglés" de la IA; todo el mundo científico lo habla.

Los ingenieros chinos programan en el idioma de su rival. Es una forma de colonización digital. Mientras usen las herramientas del enemigo, nunca serán independientes

Al permitir que China compre chips de Nvidia, aunque sean versiones inferiores, Estados Unidos mantiene a los ingenieros chinos "enganchados" a este ecosistema americano. Si Washington prohibiera totalmente la venta, China no tendría otra opción que sufrir el doloroso proceso de desarrollar su propio lenguaje y su propio hardware desde cero, algo que empresas como Huawei intentan con desesperación.

Pero al dejarles una puerta entreabierta, Estados Unidos les ofrece la comodidad. Los ingenieros militares chinos programan en el idioma de su rival. Es una forma de colonización digital. Mientras usen las herramientas del enemigo, nunca serán verdaderamente independientes.

Financiando la propia derrota

La estocada final es económica. Desarrollar la próxima generación de procesadores cuesta una fortuna inimaginable. Nvidia invierte miles de millones de dólares en investigación y desarrollo para crear los chips del año 2027, que dejarán obsoletos a los actuales.

Gran parte de ese dinero proviene de las ventas a China. Las empresas chinas pagan precios exorbitantes por estos chips "lentos" (H20). Nvidia toma ese capital, lo repatria a Estados Unidos y lo reinvierte para crear tecnología de punta que será vendida, en exclusiva, al ejército y las empresas norteamericanas.

Es una ironía perfecta del capitalismo moderno, China paga la factura de la investigación que asegura la superioridad a Estados Unidos

Es una ironía perfecta del capitalismo moderno, China paga la factura de la investigación que asegura la superioridad a Estados Unidos. Pekín financia el combustible del cohete americano, mientras ellos siguen viajando en autobús. No es un descuido de seguridad; es, quizás, la trampa más rentable de la historia.

Las cosas como son.