El gran ejército de papel: China, la guerra en Irán y la ilusión del poder militar

- Mookie Tenembaum
- Buenos Aires. Lunes, 4 de mayo de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 4 minutos
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán desató una ola de análisis sobre quién gana y quién pierde en el tablero global. Entre los supuestos grandes beneficiarios aparece siempre China con un argumento seductor: Washington distrae sus fuerzas hacia el Medio Oriente, el Pacífico queda con menos presencia militar estadounidense, y Pekín aprovecha el momento para avanzar sus intereses, especialmente sobre Taiwán. Hay algo de verdad en esa lectura, pero tiene un agujero enorme que casi nadie menciona.
El ejército chino nunca peleó una guerra en el sentido moderno contra un adversario con capacidad real de respuesta. Y eso cambia todo.
El redespliegue estadounidense y la oportunidad que ve Pekín
Cuando el buque de asalto anfibio USS Tripoli cruzó el estrecho de Singapur con infantes de marina y helicópteros rumbo al Medio Oriente, varios analistas en Pekín vieron lo que querían ver, es decir, un hueco. Incluso un legislador chino, Li Yihu, lo dijo sin rodeos ante la prensa. Si la presencia militar de Estados Unidos en Asia se debilita, hay que imaginar las consecuencias y preguntarse quién se beneficia.
El propio gobierno chino buscó presentarse como un actor estable y responsable frente a lo que llama el “unilateralismo” norteamericano. Cada bomba que cae sobre Irán es combustible para esa narrativa. Y el hecho de que Washington haya retirado componentes del sistema antimisiles Thaad instalado en Corea del Sur para reforzar el frente iraní, es leído en Pekín como una señal de que Estados Unidos estira sus fuerzas al límite.
Hay analistas serios que confirman esta lectura. Yun Sun, del Stimson Center en Washington, lo resumió cuando explicó que con la guerra en Irán prolongándose y Estados Unidos distraído, hay una oportunidad para China. Sin embargo, hay algo que estos análisis dejan convenientemente de lado.
El ejército más grande del mundo que nunca combatió
China tiene el ejército más numeroso del planeta, con más de dos millones de soldados activos. Tiene misiles hipersónicos, portaaviones, submarinos nucleares y el presupuesto militar más alto del mundo después de Estados Unidos. Lo que no tiene es experiencia real de combate.
La última vez que el Ejército Popular de Liberación participó en una guerra verdadera fue en 1979, hace cuarenta y seis años, cuando invadió Vietnam. El resultado fue un desastre. Los vietnamitas, curtidos por décadas de guerra continua contra Francia, Estados Unidos y Camboya, los destrozaron. Los comandantes chinos no sabían leer mapas militares, las comunicaciones fallaron, muchas unidades quedaron sin agua durante días. Entre tanto, la fuerza aérea no participó porque no estaba en condiciones. Muchos oficiales entraron en pánico ante el primer contacto con el enemigo y abandonaron a sus propios soldados. China movilizó tropas de segunda línea porque las mejores estaban apostadas en la frontera norte, atentas a una posible invasión soviética.
El ejército chino nunca peleó una guerra en el sentido moderno contra un adversario con capacidad real de respuesta
Gerald Segal, uno de los principales analistas del conflicto, concluyó años después que la guerra de 1979 fue un fracaso completo para China en prácticamente todos sus objetivos militares. El propio periódico oficial del ejército chino, el Diario del Ejército Popular de Liberación, publicó en 2018 una advertencia interna sobre lo que llamó la “enfermedad de la paz” por décadas sin combate real, lo que generó corrupción, relajamiento y una falsa sensación de capacidad.
Desde entonces, nada cambió en lo esencial. Los pocos veteranos de 1979 que quedaban en servicio ya se retiraron. El ejército chino de hoy no tiene un solo oficial con experiencia real en combate.
Lo que China puede ver y lo que no puede hacer con eso
Alguien argumentaría que China puede aprender observando. Que mientras Estados Unidos e Israel destruyen la infraestructura militar iraní, el ejército chino toma nota y observaría cómo funcionan las municiones de largo alcance, o cómo se elimina el liderazgo enemigo o se degrada un sistema de defensa aérea. Y es cierto, hasta cierto punto, China puede observar, analizar y estudiar.
Pero hay una diferencia abismal entre saber cómo funciona algo en teoría y poder ejecutarlo bajo presión real.
Un ejército es como un bisturí, da igual cuánto haya estudiado el médico si nunca operó. La primera intervención siempre es la más peligrosa, y los errores cuestan vidas. En el caso de una guerra, cuestan algo más que eso.
Un ejército es como un bisturí, da igual cuánto haya estudiado el médico si nunca operó
La experiencia de combate no se aprende en libros ni en simulaciones. Se adquiere cuando las comunicaciones fallan de verdad, los planes colapsan en el primer contacto con el enemigo o los soldados entran en pánico ante una cadena de mando colapsada bajo presión. Todo eso requiere haber cometido el error y corregirlo.
El ejército de Estados Unidos tiene ciento cincuenta años de guerras para haber aprendido esas lecciones, muchas de ellas de manera brutal. El israelí estuvo en combate prácticamente de forma continua desde su fundación.
China no tiene nada de eso, solo cuenta con un ejército bien equipado, financiado y sin experiencia.
La ilusión del gigante
Aquí hay que decir algo que la corrección diplomática evita. China no es una entidad mística con capacidades ocultas, sino un país con personas comunes, con una cultura rica y antigua, pero sin ningún poder sobrenatural que compense la falta de experiencia. El respeto que genera en los análisis geopolíticos tiene mucho más que ver con su tamaño económico y su capacidad industrial que con su potencia militar real en campo de batalla.
Los países árabes, para tomar un ejemplo cercano, tienen experiencia de combate considerable. Egipto peleó cuatro guerras contra Israel, Siria estuvo en conflicto durante años e Irak libró guerras durante décadas. Y ni siquiera esa experiencia fue suficiente para compensar las diferencias de entrenamiento, doctrina y liderazgo cuando se enfrentaron a adversarios mejor organizados. China tampoco cuenta con eso.
El argumento de que China se beneficia estratégicamente de la guerra en Irán porque le permite estudiar el poderío militar occidental tiene un límite muy preciso, ya que aprende, pero no puede implementarlo sin pagarlo en sangre primero, en una primera batalla que, por la naturaleza misma del aprendizaje militar, será necesariamente costosa.
Lo que esto significa para Taiwán
Todo este debate sobre la “oportunidad” china en el contexto de la guerra iraní termina, inevitablemente, en Taiwán. El argumento implícito es que, con Estados Unidos distraído, China aprovecharía para actuar. Pero si hay algo que este análisis enseña, es que la falta de experiencia bélica es exactamente el tipo de factor que convierte una operación teóricamente posible en una catástrofe práctica.
Los analistas militares consideran a una operación anfibia contra Taiwán como la empresa militar más compleja que existe. Requiere coordinación simultánea entre fuerzas navales, aéreas y terrestres, logística, manutención de rutas de suministro abiertas bajo fuego enemigo y decisiones en tiempo real en condiciones caóticas. Ninguna de esas capacidades se improvisa.
La falta de experiencia bélica es exactamente el tipo de factor que convierte una operación teóricamente posible en una catástrofe práctica
China puede creer que tiene una ventana de oportunidad, y hasta puede tener razón en que Estados Unidos está más ocupado de lo habitual. Pero un ejército sin experiencia de batalla que intenta ejecutar la operación militar más difícil del mundo moderno no es una amenaza inminente, es solo un riesgo estratégico para sí mismo.
El gran ejército chino existe y tiene misiles, barcos y aviones. Pero en el único momento que importa, nadie en ese cuerpo sabe de qué se trata. Y eso, en la guerra, es todo.
Las cosas como son.