El viernes se presentó en Barcelona el Informe Fènix, un diagnóstico crudo, realista, sin medias tintas, de la situación económica que vive Catalunya. Lo que dice es que, en lo que llevamos de siglo, el país ha priorizado el crecimiento del PIB por encima del crecimiento del PIB per cápita, es decir, de la renta de sus ciudadanos, la riqueza de las familias. El PIB ha subido mucho, pero, como la población se ha disparado, lo que toca a repartir por cada catalán se ha estancado.

Todos lo notamos cada día. Leemos noticias que dicen que Catalunya crece más que España y que la media de la Unión Europea, pero cuesta más que antes llegar a final de mes. Los precios se han disparado, pero los salarios no. El transporte público aún se ha moderado, pero el privado cada día es más prohibitivo, tanto por el precio de los vehículos como por el de los carburantes. Y si hablamos de vivienda, alquilar es caro y muy difícil, porque los topes están reduciendo la oferta, y para comprar hay que dar una entrada al alcance de muy pocos, además de los impuestos.

Modest Guinjoan, Xavier Cuadras Morató, Miquel Puig, Xavier Roig, Guillem López Casasnovas, Jordi Galí y Jaume Ventura son los autores del estudio, que coincide con la tesis del libro del primero de estos economistas, Créixer o progressar. La causa de la situación actual es la apuesta por sectores de baja productividad, que aportan poco valor añadido y que, por lo tanto, pagan bajos salarios. Principalmente, el turismo.

Fènix habla de "sectores altamente subvencionados", que son aquellos donde los salarios son tan bajos que no aportan suficiente retorno fiscal para pagar los servicios públicos de los ciudadanos que los perciben. Que los haya algunos no es el problema; el problema radica en el hecho de que se haya apostado por ellos cuando no era necesario, cuando para crear estos puestos de trabajo, como en el turismo, tienes que importar trabajadores. Y, además, los beneficiarios son los turistas. No tiene ningún sentido.

El crecimiento turístico de los últimos 25 años no ha beneficiado prácticamente a nadie y ha generado empobrecimiento

El informe propone medidas inmediatas para cambiar el modelo productivo y conseguir que el crecimiento económico se traslade a los ciudadanos. Y es que, a pesar de aportar un diagnóstico poco alentador, el trasfondo es de esperanza. Se llama Fènix en referencia al ave resurgida de las cenizas, símbolo de renacimiento. Una de las medidas más claras que pone sobre la mesa es reducir el turismo.

Hablar de decrecimiento es un tabú. En este caso, se trata de hacerlo en un sector concreto, con el objetivo de que el resultado sea positivo. Y es más fácil de lo que parece. Los economistas lo explicaron muy bien. El crecimiento turístico de los últimos 25 años no ha beneficiado prácticamente a nadie y ha generado empobrecimiento. Para atender a los millones de turistas que hemos sumado, hemos tenido que ir a buscar a los trabajadores fuera, tensionando así el sistema de salud, la educación y el mercado de la vivienda. Y con los salarios, no pagas estos servicios. Beneficia a los recién llegados, claro, y a los turistas. Pero, al margen de estos, a algunos empresarios y para de contar.

Hay que frenar esta locura turística. No solo por las molestias que provoca en el centro de Barcelona y en las zonas turísticas de Catalunya, sino porque nos está empobreciendo. ¡Y no puede ser que el turista sea subvencionado, es necesario que pague más! Por un lado, salarios más altos. Y por el otro, más impuestos. El IVA reducido solo fomenta el turismo de masas. Y el impuesto de las estancias en establecimientos turísticos se tiene que pagar en todas partes y se tiene que utilizar para cubrir las externalidades que provoca el fenómeno, desde infraestructuras a servicios públicos, no para hacer promoción turística para recibir aún más visitantes, porque entonces estamos haciendo un pan como unas tortas.

Aunque el informe dibuja un escenario y un horizonte, negros, su presentación es una buena noticia: para hacer bien las cosas es necesario un buen diagnóstico. Está bien sustentado y cuenta con apoyos de primer orden en el ámbito académico, empezando por el decano del Col·legi d’Economistes de Catalunya, Carles Puig de Travy, que siguió la presentación en primera fila. También lo hicieron empresarios y algunos políticos, pero pocos, y de la oposición, como Agustí Colomines y Joan Canadell, ambos de Junts per Catalunya.

La duda es si nuestros políticos están a la altura de lo que necesitamos para recuperar la Catalunya que era referente económico e industrial

Más llamativa —pero no necesariamente sorprendente— fue la ausencia en la presentación de miembros del Govern y del PSC, fuente e incluso de ERC, que también está en la oposición, a pesar de que uno de los autores del informe fue concejal del partido en Barcelona y alto cargo del departamento de Economía con Pere Aragonès. No se invitó a políticos, solo a los miembros de la Comissió d’Economia del Parlament, pero solo fue el de Junts, Canadell. Y el acto estaba abierto a todo el mundo.

No sé si la ausencia se debe a que ya tienen claro el diagnóstico, a que no lo comparten, a desinterés o a que no fueron para no sentirse interpelados. Si es la primera opción, no sé qué esperan para aplicar las respuestas. Si es la segunda, tenemos un problema del modelo de país que quieren nuestros gobernantes. Y si es alguna de las dos últimas opciones, no están a la altura de lo que necesitamos para recuperar la Catalunya que era uno de los referentes económicos e industriales del sur de Europa.