Calisay es una histórica marca de licor de la comarca del Maresme que, desde hace años, se elabora en Andalucía y que, en la actualidad, es propiedad de Grupo Emperador, un gigante mundial de las bebidas espirituosas liderado por el magnate filipino Andrew Tan. Pero, ¿cómo se ha pasado de la familia Mollfulleda, que expandió Calisay por todo el mundo, a Rumasa –efectivamente, José María Ruiz Mateos fue el dueño en dos etapas– y, finalmente, a una multinacional con sede en Filipinas?
La historia comienza con Magí Mollfulleda Jas (Arbúcies, 1855 – Arenys, 1913), el benjamín de una familia de ocho hermanos que, cuando contaba 24 años, emigró a Puerto Rico. Allí se hizo rico con el comercio colonial de tabaco, café y, también, con los licores. De regreso a Catalunya, este indiano no se estableció en su Arbúcies natal sino en Arenys de Mar, donde emprendió diversos negocios.
Primero, se dedicó a la venta de las máquinas de coser Singer, de las cuales poseía la licencia de la compañía norteamericana para comercializarlas en España, y después creó una fábrica de lejía, que mucho más tarde se convertiría en la conocida Lejía Conejo, pero esto ya fue con otros propietarios.
Y también compró en 1896 los derechos de un licor de hierbas que se elaboraba en el Maresme, pero en Malgrat de Mar, llamado Calisay. Lo producían de manera artesanal Pau Rimbau y Manuel Martí, si bien fueron las sucesivas generaciones de los Mollfulleda quienes lo comercializaron por Europa y América. Lo elaboraban en el Molí de Dalt, un antiguo molino harinero, actualmente patrimonio histórico de Arenys. Para ampliar el negocio de los licores, adquirió la destilería de Salvador Font, esta en Barcelona.
Su hijo, Joan Mollfulleda Congost (1886 – 1947), fue alcalde de Arenys de Mar en los años de Miguel Primo de Rivera. Impulsó el puerto de Arenys y el mercado municipal. Y en la tercera generación, Joaquim Mollfulleda Borrell (1915 – 2006) dirigió la destilería hasta 1960, cuando fue reemplazado por su hermano Enric, que se situó al frente hasta 1981, cuando vendieron el negocio.
Joaquim desplegó una destacada actividad cultural –fundó el Museo de la Mineralogía– y Enric fue teniente de alcaldía y se vinculó a diversas entidades de este municipio, como el Club de Fútbol Arenys de Mar, que presidió.
Rumasa, el primer holding de la abeja liderado por José María Ruiz Mateos (Rota, 1931 – Puerto de Santa María, 2015), compró Calisay, pero solo la mantuvo dos años, hasta 1983, a raíz de la expropiación de los activos del grupo ordenada por el gobierno de Felipe González y, concretamente, por el ministro Miguel Boyer. Luego, la propiedad pasó al empresario vitivinícola Pere Rovira.
Garvey, unas históricas bodegas andaluzas fundadas en 1780, compró Calisay y la incorporó a su catálogo de marcas: destacan, sobre todo, los brandis Fundador y Terry, y los vinos de jerez, como Espléndido o Harveys. De esta manera, la familia Ruiz Mateos volvió a ser la propietaria, pero esto ya fue con Nueva Rumasa. Después de años de crisis, Grupo Emperador, del magnate Andrew Tan, actual presidente de honor, compró Garvey en 2016, lo que supone que es el titular de sus marcas, incluida Calisay.
Andrew Tan es un multimillonario filipino de origen chino, fundador del grupo Alliance Global, que incluye Emperador, una de las compañías de bebidas espirituosas más grandes del mundo. Con diferencia, son los primeros elaboradores y distribuidores de brandis. El origen de su fortuna está en el sector inmobiliario, hoteles, casinos y en las bebidas alcohólicas. Según Forbes, que le atribuye un patrimonio de 1.600 millones de dólares, vive en Manila, pero controla inversiones por todo el mundo, que incluyen la Torre Emperador, uno de los nuevos rascacielos de Madrid. Desde Grupo Emperador indican que continúan adelante con Calisay, si bien la fórmula del licor ha cambiado desde que se elaboraba en el Maresme.
Botellas de coleccionista
Las icónicas botellas panzudas de Calisay de hace décadas se han convertido en objetos de coleccionista. Quien tenga una edad, recordará las campañas publicitarias, en la prensa y en la televisión, con un Alfredo Landa diciendo "ay, ay, ay que me sabe a Calisay". Esta marca supo jugar en el campo publicitario. Y muchos también recordarán su sabor característico.
Pero, hacia finales de los años setenta, empezaron a cambiar los gustos de los clientes, que fueron abandonando los licores dulces por otros más secos.

En la década de los años treinta del siglo pasado, Calisay se vendía en varios países europeos y también en América, desde Estados Unidos a Argentina. En América no se comercializó con el nombre de Calisay, sino con el de Yasilac, escrito al revés porque una compañía alemana había registrado la denominación. En sus buenos tiempos, llegó a tener 150 trabajadores.
El libro Gran licor Calisay. Memoria del buen gusto (Angle, 2013), del periodista Joan Celdran Danés, repasa la centenaria historia de esta marca.