En el artículo anterior apuntábamos que la sostenibilidad futura del estado del bienestar y del pacto intergeneracional que supone, así como el conjunto de necesidades que se nos presentan (vivienda, cambio climático, defensa, corrección del endeudamiento...) depende, en gran medida, de la capacidad de la economía española —y catalana— para mantener durante décadas un ritmo de crecimiento claramente superior al que hoy indican sus tendencias estructurales. La pregunta clave ya no es si hay que crecer, sino cómo hacerlo en un contexto demográfico adverso

El reto demográfico: crecer con menos población activa

España y Catalunya sufren una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo desarrollado. Según el INE, la tasa de fecundidad en España se sitúa alrededor de 1,1 hijos por mujer (2024), muy lejos del umbral de reemplazo generacional (2,1). En Catalunya, la situación es similar. Este hecho tiene consecuencias económicas directas: menos población en edad de trabajar, menor base fiscal y más presión sobre pensiones, sanidad y servicios sociales.

En este sentido, hay que asumir una realidad incómoda: los efectos de las políticas de natalidad son lentos, inciertos y costosos, y no permitirán, por sí solas, revertir el problema en el horizonte crítico de las próximas dos o tres décadas. Son necesarias, pero no al precio de retroceder 70 años en los derechos individuales, y especialmente los de las mujeres y las minorías, como predican algunas propuestas de la ultraderecha que buscan la recuperación de modelos familiares y una uniformidad sexual ya desaparecidos.

Los límites del modelo basado en bajo valor añadido e inmigración

Ante esta realidad, el crecimiento reciente de la economía se ha apoyado de manera muy intensa en la inmigración. Solo entre 2019 y 2024, la población nacida en el extranjero ha aumentado en más de dos millones de personas. Este flujo ha permitido sostener el empleo y el crecimiento del PIB, pero presenta límites estructurales evidentes.

En primer lugar, una parte muy significativa de esta inmigración1 se incorpora a sectores de baja productividad: sector primario, hostelería, comercio, cuidados, construcción, distribución, servicios personales. Son actividades intensivas en mano de obra, con salarios bajos y escasa capacidad de generar bases fiscales sólidas.

En segundo lugar, este modelo comporta una característica a menudo ignorada: requiere gasto público desde el primer momento. Educación, sanidad, vivienda, transporte o servicios sociales se activan desde el minuto uno de la llegada, mientras que la contribución fiscal neta positiva —si llega— lo hace años después, cuando el inmigrante sale (si lo consigue) del círculo vicioso de la precariedad y la inseguridad.

La inmigración es necesaria y lo seguirá siendo. Pero no puede constituir el pilar central del crecimiento a largo plazo

Esto no implica que la inmigración no sea necesaria. Lo es, y lo seguirá siendo. Pero no puede constituir el pilar central del crecimiento a largo plazo, especialmente si no va acompañada de un cambio profundo del modelo productivo. En este sentido, hay que hacer una distinción fundamental a menudo ausente del debate público: no toda inmigración tiene el mismo impacto económico. El reto no es tanto el volumen como la composición. Las economías con niveles elevados de productividad tienden a priorizar flujos migratorios que ya llegan con una cualificación profesional alineada con las actividades que se quieren potenciar. Una revisión de las mejores prácticas internacionales así lo confirma (Canadá, Australia, Alemania, Austria... ).

Atraer perfiles formados en ámbitos científicos, tecnológicos, sanitarios, industriales o digitales permite una incorporación casi inmediata al mercado laboral, con salarios más altos, mayor contribución fiscal y menor presión inicial sobre los servicios públicos. En cambio, una inmigración concentrada en ocupaciones poco cualificadas tiende a reforzar la especialización en sectores de bajo valor añadido e impide o dificulta el salto de productividad.

Por este motivo, la política migratoria debería estar mucho más coordinada con la estrategia económica y productiva, incorporando mecanismos de selección, reconocimiento ágil de titulaciones, captación internacional de talento y programas de atracción específicos para sectores estratégicos.

La clave: crecer a través de la productividad

Cuando la población activa deja de crecer, solo queda una vía sostenible: aumentar la productividad del trabajo. Es aquí donde España y Catalunya muestran su principal debilidad estructural.

Cuando la población activa deja de crecer, solo queda una vía sostenible: aumentar la productividad del trabajo

Según datos de Eurostat y la OCDE, la productividad por hora trabajada es aproximadamente un 15–20% inferior a la media de la zona euro, y más de un 25% por debajo de países como Alemania, los Países Bajos o Dinamarca. Esta brecha explica por qué, incluso en periodos de elevada ocupación, los salarios, la recaudación fiscal y la capacidad de financiar servicios públicos continúan siendo limitados.

Conseguir un crecimiento sostenido del 2% o más en un contexto demográfico adverso solo es posible si la productividad crece de manera mucho más intensa que hasta ahora. Y esto exige reformas estructurales profundas llevadas a cabo de forma simultánea y decidida

¿Qué reformas estructurales son necesarias?

1. Reducir el paro estructural

España presenta de manera persistente la tasa de paro más elevada de Europa, actualmente en el 10,5%2 (la UE, un 6%) y en los mejores tiempos no ha bajado nunca del 8%. Paradójicamente, esto sucede a pesar de la fortísima creación de puestos de trabajo de los últimos años. Esta resistencia a la baja indica un paro estructural muy elevado con una elevada proporción de paro de larga duración, especialmente en el sur de España.

El peso excesivo del turismo y de actividades de bajo valor añadido limita el crecimiento. Hay que avanzar hacia un modelo más diversificado y tecnológicamente intensivo

Las causas son conocidas: fuerte dualidad real del mercado laboral -no corregida por la última reforma laboral-3, baja formación de una parte significativa de los trabajadores, políticas activas de empleo poco eficientes y un desajuste persistente entre oferta y demanda laboral.

Las vías más efectivas para reducirla pasan por:

  • reforzar la formación continua vinculada a necesidades reales de las empresas,
  • evaluar y reformar profundamente las políticas activas de empleo y coordinarlas de forma decidida con los instrumentos de lucha contra la pobreza (subsidios, rentas garantizadas, IMV).
  • mejorar los servicios de orientación e intermediación laboral.

Una reducción sostenida de cinco puntos porcentuales en la tasa de paro tendría un impacto enorme sobre el crecimiento potencial, la cohesión social y los ingresos públicos.

2. Elevar el capital humano

El nivel formativo de la población es uno de los principales cuellos de botella del crecimiento. España combina dos anomalías: un porcentaje elevado de población con estudios superiores (pero a menudo poco aprovechados) y, al mismo tiempo, una proporción también muy alta de población con bajos niveles educativos. Según la OCDE, cerca del 30% de los adultos no supera la educación secundaria postobligatoria (Catalunya, 26%), muy por encima de la media europea (zona euro, 17%). Al mismo tiempo, a pesar de las mejoras recientes, el fracaso y el abandono escolar prematuro continúan siendo de los más elevados de Europa, especialmente en entornos socialmente vulnerables.

Las prioridades deberían ser claras:

  • Impulsar la formación continua dentro de la empresa.
  • reducir drásticamente el fracaso y la segregación escolar,
  • reforzar la orientación educativa temprana,
  • incentivar y ampliar la formación profesional orientándola a las necesidades de las empresas,
  • aumentar de manera significativa las plazas en estudios STEM4 y reduciendo la brecha de género.
  • reforzar los vínculos entre sistema educativo y tejido productivo.

Sin una mejora rápida del capital humano, cualquier estrategia de cambio productivo está condenada.

3. Atraer actividades económicas más complejas

El peso excesivo del turismo y de actividades de bajo valor añadido limita el crecimiento potencial. Es necesario avanzar hacia un modelo más diversificado y tecnológicamente intensivo, en línea con las prioridades europeas manifestadas en los informes Draghi y Letta.

El envejecimiento no condena necesariamente el estado del bienestar, pero sí lo condena la inacción. Catalunya y España todavía están a tiempo de modificar el rumbo

A pesar del peso excesivo de estas actividades, Catalunya tiene una buena base diversificada que ha dado lugar a una industria exportadora muy potente. La mejor arma siempre es dejar que las empresas puedan invertir y realizar sus proyectos y procurar, entre todos (reguladores, políticos, ambientalistas...), no hacerlos imposibles. Esto no excluye alguna incentivación positiva en favor de determinados sectores y sí, posiblemente, dejar de subvencionar implícitamente otros (p. ej. IVA reducido de la hostelería). Algunos ámbitos con potencial realista son: industria verde y tecnologías vinculadas a la transición energética, biomedicina e industria farmacéutica (donde Catalunya tiene una presencia muy notable), economía digital y servicios avanzados a empresas, semiconductores y microelectrónica en segmentos específicos, logística avanzada, economía del conocimiento y aprovechamiento máximo de la nueva revolución en marcha (IA).

Esto requiere energía competitiva (la transición energética no es solo una necesidad ambiental), infraestructuras de comunicación potentes (corredor mediterráneo mejor dimensionado y diseñado, Cercanías que funcionen) y espacio físico para ubicarlas (p. ej. terminales multimodales en un territorio relativamente saturado como es Catalunya).

4. Inversión en tecnologías, intangibles y equipamiento

La inversión empresarial en España sigue siendo baja en comparación europea, pero muy especialmente en activos intangibles: software, datos, patentes, marca u organización. Según la WIPO5, España es el tercer país más rezagado de los 27 estudiados en su informe anual6: la inversión en intangibles (7,8% del PIB) es ocho puntos del PIB inferior a la de los países líderes (EE. UU., Francia, Suecia, Finlandia). Esta es una de las principales causas de la brecha de productividad, ya que actualmente es la fuente principal de la creación de valor económico.

El futuro no dependerá tanto del número de personas que trabajen, sino de cómo trabajen, con qué capital humano, con qué tecnología y bajo qué instituciones

Incentivar fiscalmente la inversión productiva, especialmente en intangibles, facilitar el acceso a la financiación de inversión (capital riesgo, préstamos y garantías a largo plazo...), y reducir la incertidumbre regulatoria es esencial.

5. I+D orientada a la innovación empresarial

A pesar de los avances recientes, el gasto en I+D continúa alrededor del 1,5% del PIB (Catalunya mejor con un 1,8%), lejos del 2,2% de la UE y del 3%-3,5% de los países punteros. Más importante aún: una parte muy significativa de la investigación no se transforma en innovación empresarial. Es necesario reforzar la transferencia tecnológica, incentivar la colaboración universidad-empresa y orientar una parte de la I+D hacia proyectos con impacto productivo medible.

6. Mejorar la calidad institucional

Finalmente, ninguna estrategia de crecimiento es viable sin una mejora clara de la calidad institucional. Diversos indicadores internacionales sitúan a España por debajo de la media europea en eficiencia regulatoria, calidad normativa y seguridad jurídica. Las prioridades deberían ser:

  • reducir la incertidumbre política y regulatoria,
  • simplificar y aligerar la carga administrativa,
  • mejorar la eficiencia del gasto público mediante la evaluación sistemática y con capacidad ejecutiva para rectificar,
  • modernizar el marco laboral con más flexibilidad interna y mejor protección efectiva,
  • avanzar hacia un sistema fiscal más orientado al crecimiento.

Conclusión

El envejecimiento no condena necesariamente el estado del bienestar, pero sí lo condena la inacción. Catalunya -y España- todavía están a tiempo de modificar el rumbo, pero el margen se reduce rápidamente cada año que pasa. El futuro no dependerá tanto del número de personas que trabajen, sino de cómo trabajen, con qué capital humano, con qué tecnología y bajo qué instituciones. Sin este giro estructural, el crecimiento necesario para sostener el modelo social simplemente no llegará y entonces vendrán las lamentaciones... y cosas peores.

Notas al pie:
1. Según los datos de afiliación entre dic-2024 y dic-2018, estos sectores suponen el 67% de los nuevos afiliados de procedencia extranjera (fuente: ministerio de Trabajo). Aun así, una parte relevante de los afiliados en otros sectores podrían responder también a estas características de bajos salarios.
2. Eurostat. 3er trimestre 2025.
3. La última reforma laboral de 2021 cambió la naturaleza formal de la relación contractual potenciando el contrato fijo discontinuo, pero la rotación real de los puestos de trabajo se ha mantenido esencialmente con una clara división del mercado entre trabajadores muy protegidos y trabajadores precarizados.
4. STEM, acrónimo de las iniciales en inglés de Ciencias, Tecnología, Ingenierías y Matemáticas.
5. Acrónimo inglés de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) de las Naciones Unidas.
6. World Intangible Investment Highlights 2025, WIPO. En el estudio no está considerada China, pero sí países que suponen más de la mitad del PIB mundial.