Cuando todo el mundo está de acuerdo con el CEO, algo va mal
- Edgar González
- Barcelona. Sábado, 12 de septiembre de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
Hay un momento especialmente peligroso en la carrera de un CEO. No es cuando empieza, cuando todavía tiene muchas cosas que aprender. Tampoco cuando se equivoca en una decisión importante. Ni siquiera cuando los resultados no acompañan. Es cuando entra en una sala, expone una idea y todo el mundo está de acuerdo.
Puede parecer el sueño de cualquier directivo. Un equipo alineado, sin conflictos, que comparte la visión y ejecuta rápidamente. Pero cuando el acuerdo es permanente, quizás lo que tenemos no es alineamiento. Quizás es silencio. Y el silencio alrededor de un CEO acostumbra a salir caro.
Cuanto más poder acumulamos dentro de una organización, más difícil es que nos llegue la realidad sin filtros. No porque las personas mientan. Es mucho más sutil. Las malas noticias se explican un poco mejor, las dudas se verbalizan con más prudencia, los problemas se relativizan y algunas discrepancias desaparecen antes de llegar al despacho.
Sin darse cuenta, el CEO puede acabar viviendo en una versión editada de su propia empresa. Y esto es peligroso, porque los clientes, los mercados y los competidores no tienen ninguna necesidad de ser amables con nosotros.
Por eso, una de las responsabilidades más importantes de un líder no es conseguir que su equipo esté de acuerdo con él. Es construir un entorno donde sea posible llevarle la contraria. Y esto es mucho más difícil de lo que parece.
Podemos repetir cien veces que queremos opiniones diferentes. Podemos decir en las reuniones que "aquí se puede hablar de todo". Podemos asegurar que la puerta del despacho siempre está abierta. Pero los equipos no escuchan solo lo que decimos. Sobre todo, observan qué pasa cuando alguien discrepa.
Un CEO que castiga la discrepancia una vez puede necesitar meses para recuperarla
¿Qué hacemos cuando un directivo cuestiona una decisión que ya dábamos por cerrada? ¿Cómo reaccionamos cuando alguien nos dice que nuestra gran idea no funcionará? ¿Escuchamos de verdad? ¿Hacemos preguntas? ¿O dedicamos los siguientes veinte minutos a demostrar por qué nosotros tenemos razón?
La cultura de una empresa también se construye en estos pequeños momentos. Un CEO que castiga la discrepancia una vez puede necesitar meses para recuperarla. Las personas aprenden muy rápidamente qué opiniones tienen premio y cuáles tienen consecuencias.
Y entonces aparece un fenómeno curioso: el CEO sigue preguntando "¿qué pensáis?", pero la sala ya sabe cuál es la respuesta correcta.
El problema no es solo cultural. Es empresarial.
Cuando desaparece la discrepancia, empeoran las decisiones. Las hipótesis dejan de cuestionarse. Los errores tardan más en detectarse. Las malas noticias llegan tarde. Y las ideas del CEO pueden convertirse en decisiones simplemente porque nadie se ha atrevido a decir que eran malas ideas.
Creo que los mejores equipos directivos no son aquellos que discuten menos. Son aquellos que han aprendido a discutir mejor. Equipos donde se pueden confrontar ideas sin confrontar personas. Donde cambiar de opinión no se considera una derrota. Donde decir "no lo sé" no resta autoridad. Y donde tener más responsabilidad no significa tener automáticamente más razón.
Una empresa donde nadie contradice al CEO puede parecer perfectamente alineada, hasta el día que es la realidad quien lo contradice
De hecho, hay una pregunta muy sencilla que un CEO puede hacer antes de una decisión importante: ¿Quién no está de acuerdo? Y luego callar. Porque preguntarlo y dedicar los siguientes diez minutos a rebatir cada objeción es solo una manera sofisticada de pedir que la próxima vez nadie diga nada.
También es útil mirar quién habla en las reuniones. ¿Son siempre los mismos? ¿Alguien modifica su opinión después de escuchar al CEO? ¿Las personas más jóvenes se atreven a cuestionar una propuesta? ¿Cuándo fue la última vez que alguien convenció al máximo responsable de que estaba equivocado?
Quizás estas preguntas explican más sobre la cultura de una empresa que muchos de los valores escritos en su página web.
El liderazgo no consiste en ser la persona más inteligente de la sala. Consiste, en buena parte, en conseguir que la inteligencia de la sala llegue hasta ti. Especialmente aquella que te resulta incómoda.
Por eso, cuando en una reunión importante todo el mundo asiente demasiado rápido, quizás el CEO no debería sentir satisfacción. Debería preocuparse.
Porque una empresa donde nadie contradice al CEO puede parecer perfectamente alineada, hasta el día que es la realidad quien lo contradice.