Un acuerdo que puede cambiar la economía mundial
- Fernando Trias de Bes
- Barcelona. Domingo, 21 de junio de 2026. 05:30
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El acuerdo entre Estados Unidos e Irán puede cambiar muchas más cosas. Si se confirman los 14 puntos del acuerdo, va a suponer una reducción enorme en el precio del petróleo. De ahí, el impacto en positivo sobre la inflación, los tipos de interés y el comercio internacional va a ser inmediato.
Durante estos meses, el estrecho de Ormuz ha sido el punto más sensible del mapa económico mundial. Por allí pasa una parte decisiva del petróleo y del gas natural licuado que consume buena parte del mundo, especialmente dirigido a China y Sudeste asiático. Cada amenaza sobre Ormuz se traduce en una prima sobre el barril de Brent. Y el precio del petróleo acaba afectando a casi todo: transporte, alimentación, industria, márgenes empresariales y expectativas de inflación.
Por eso este acuerdo, de corroborarse en los sesenta días que ambos países se han dado, es una gran noticia. El memorando entre Washington y Teherán habla de reapertura del estrecho de Ormuz, levantamiento progresivo de sanciones, normalización de exportaciones de petróleo, supervisión nuclear, retirada parcial de fuerzas y un paquete de reconstrucción económica para Irán. El texto todavía es preliminar. Como digo, tiene un plazo de sesenta días para convertirse en un acuerdo definitivo. Pero la ruta ya está marcada: pasar de la confrontación a una posible integración parcial de Irán en los circuitos comerciales internacionales. Es más que un acuerdo de paz. Introduce la cooperación internacional.
El efecto sobre el crudo es fundamental para reconducir la inflación, que estaba empezando a enseñar las orejas. En Europa, donde la inflación energética desde la invasión rusa de Ucrania ha hecho mella, una estabilización del Golfo Pérsico tiene un valor enorme. Podremos volver a mantener los tipos de interés más bajos, ahora que el BCE acaba de subirlos por temor al nivel de precios.
La ruta ya está marcada: pasar de la confrontación a una posible integración parcial de Irán en los circuitos comerciales internacionales
También cambia el comercio internacional. Ormuz abierto significa rutas más previsibles, seguros marítimos más baratos, menos retrasos y menos sobrecostes logísticos.
Pero quizás el efecto más profundo se produzca en el propio Irán. Un país sometido durante años a sanciones, bloqueo financiero y aislamiento energético podría volver a los circuitos internacionales. El paquete de reconstrucción citado en el memorando, valorado en al menos 300.000 millones de dólares, abre una ventana enorme: infraestructuras, energía, banca, seguros, transporte, tecnología, refino, puertos y telecomunicaciones. Ahí pueden aparecer empresas internacionales y, previsiblemente, también estadounidenses. Seamos cautos. Todavía no hay una explotación conjunta del petróleo ni una gestión económica cerrada de Ormuz. Pero sí se intuye un marco de entrada de capital y contratos donde hasta ahora había amenaza militar y sanciones. Por eso digo que esos 14 puntos son mucho más que un alto al fuego.
La historia ofrece un precedente. Tras los acuerdos de Camp David, Egipto cambió su posición económica y geopolítica. Se acercó a Occidente, recibió ayuda financiera estadounidense y abrió otra etapa regional.
Y es que cuando los grandes acuerdos de paz reordenan incentivos y cambian alianzas, permiten capturar la inversión internacional.
El acuerdo también puede influir en la guerra de aranceles. Una energía más barata rebaja costes a la industria estadounidense y europea y pone menos presión a compensarlos con barreras, subsidios o aranceles defensivos. La geopolítica energética y la guerra comercial guardan más relación de la que imaginamos.
Ahora bien, el gran interrogante será la credibilidad. Irán tendrá que aceptar la supervisión nuclear real. Estados Unidos tendrá que levantar sanciones de forma veraz. Los países del Golfo tendrán que confiar en que Ormuz seguirá abierto. Israel tendrá que calibrar su respuesta.
Una energía más barata rebaja costes a la industria estadounidense y europea y pone menos presión a compensarlos con aranceles
Los inversores no moverán ficha hasta que no comprueben primero que el acuerdo es firme y, aun así, esperarán prudencialmente a comprobar que esto va en serio y se mantiene en el tiempo.
Aun con esas dudas que expongo, me da la sensación de que el escenario ha cambiado y que, ojalá, este puede ser el principio de un giro en los inacabables conflictos de Oriente Medio, región que lleva ya demasiados años funcionando con una prima de riesgo permanente sobre la economía mundial.
Sería un grandísimo paso que una de las zonas más sensibles del planeta empezase a actuar como factor de estabilización. Sería una grandísima noticia y corroboraría que la globalización prosigue su camino.
Las guerras, históricamente, han malbaratado todos los intentos del mundo de unificarse, de globalizarse. Ojalá, por vez primera, las guerras no demoren un mundo unido y colaborativo.