¿A quién llama un CEO cuando tiene miedo?
- Edgar González
- Barcelona. Sábado, 24 de octubre de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
Hay una pregunta que pocas veces hacemos a un CEO: ¿a quién llamas cuando tienes miedo?
No hablo de cuando necesitas asesoramiento financiero, una opinión jurídica o contrastar una decisión estratégica. Hablo de aquellos momentos en que la duda te supera, cuando las cosas no salen como esperabas o cuando, simplemente, no sabes qué hacer. Aquellos instantes en que, detrás del cargo, del despacho y de las responsabilidades, aparece una persona que también tiene miedo.
Porque los CEO también tienen miedo. Miedo a equivocarse, a decepcionar, a perder aquello que han construido, a tomar una decisión que afecte a cientos de familias. Miedo a no estar a la altura de las expectativas. Y, a veces, un miedo todavía más difícil de reconocer: el de no tener todas las respuestas.
El problema no es sentir miedo. El problema es pensar que, por el hecho de dirigir una empresa, no tienes derecho a mostrarlo.
Una de las grandes fortalezas de un CEO es tener dos o tres personas a quienes pueda llamar sin necesidad de representar ningún papel
Hemos construido una imagen del liderazgo en que el máximo responsable debe transmitir seguridad permanentemente. Debe tener las ideas claras, mantener la calma, inspirar confianza y proyectar optimismo, incluso cuando las circunstancias invitan a todo lo contrario.
Pero ¿quién cuida emocionalmente de quien tiene la responsabilidad de cuidar a todo el mundo?
Es una paradoja que he observado en mis conversaciones con directivos. Cuanta más responsabilidad asumes, más personas tienes a tu alrededor, pero no necesariamente más personas con quienes puedes hablar con absoluta libertad. Con tu equipo tienes que medir las palabras. Con el consejo de administración tienes que transmitir criterio. Con los accionistas tienes que generar confianza. Con la familia, a menudo, intentas evitar trasladar preocupaciones que consideras que te corresponden solo a ti.
Y así, sin darte cuenta, puedes acabar rodeado de personas y sentirte profundamente solo ante una decisión.
El problema no es sentir miedo. El problema es pensar que, por el hecho de dirigir una empresa, no tienes derecho a mostrarlo
Por eso creo que una de las grandes fortalezas de un CEO no es tener una agenda llena de contactos, sino disponer de dos o tres personas a quienes pueda llamar sin necesidad de representar ningún papel. Personas ante las cuales no sea necesario demostrar nada. Que no te admiren por el cargo, que no esperen obtener nada de ti y que tengan suficiente confianza para decirte aquello que quizás no quieres oír.
Puede ser un amigo de toda la vida, otro empresario que haya vivido situaciones parecidas, tu pareja o alguien que, precisamente porque está lejos del mundo empresarial, te ayude a relativizar aquello que parece insuperable.
No necesitas que estas personas te resuelvan los problemas. A veces, solo necesitas que te escuchen. Que te permitan expresar una duda sin interpretarla como una debilidad. Que te recuerden que una mala decisión no te convierte en un mal líder y que una empresa, por importante que sea, no define todo lo que eres.
Quizás deberíamos empezar a hablar más de esta dimensión invisible del liderazgo. De la necesidad de construir relaciones auténticas antes de que lleguen los momentos difíciles. Porque la confianza no se improvisa cuando todo se tambalea.
Dedicamos muy poco tiempo a preguntarnos quién acompaña emocionalmente a los CEO cuando tienen que afrontar situaciones difíciles
Nos preocupamos mucho por preparar a los CEO para tomar decisiones complejas, gestionar crisis o liderar transformaciones. Pero dedicamos mucho menos tiempo a preguntarnos quién los acompaña emocionalmente cuando tienen que afrontar estas situaciones.
Y quizás esta es una de las preguntas más importantes que cualquier directivo debería hacerse. No cuántas personas tengo en mi equipo, ni cuántos contactos acumulo en la agenda. Sino una pregunta mucho más sencilla y mucho más humana:
Si esta noche tuviera miedo de verdad, ¿a quién llamaría?