María Jesús Puerta es ingeniera especializada en recursos energéticos y minerales que en los últimos años ha utilizado la inteligencia artificial para impulsar grandes avances en ámbitos como el cáncer de mama o el reciclaje de residuos lunares.
Durante la conversación con ON-IA, Puerta define la IA como una herramienta aliada y un socio de las personas, capaz de potenciar el sueño y la eficiencia, siempre que se use con formación, sentido crítico y supervisión. También relata su experiencia ganadora de un premio de la NASA gracias a un gemelo digital para simular la economía circular en la Luna, y el emotivo desarrollo de un modelo diagnóstico de cáncer.
¿Qué es para usted la inteligencia artificial?
Yo tengo la idea de que es como una herramienta, no como una amenaza; es un socio de la persona. Lo quiero ver así, no lo quiero ver como una amenaza, porque ahora se habla mucho de que si vendrá a quitarnos los trabajos y sustituirá a las personas; yo creo que no, es un potencial. Nos permite soñar a lo grande.
¿Qué uso cotidiano hace de ella?
Cada día y muchas horas. No solo utilizo una herramienta de inteligencia artificial, ya sea en el trabajo o en el tiempo libre.
De estas tareas cotidianas, ¿en cuáles ha observado un impacto más directo la aparición de la IA?
Con los agentes. Ahora, por ejemplo, todo el mundo parece que ya lleva un agente incorporado en el teléfono. Herramientas que ya empiezan a hacer cosas por sí solas. Siempre se debe estar alerta, porque la inteligencia artificial tiene la particularidad de que hace y dice lo que uno quiere escuchar.
Nunca dirá que no, porque le planteas una idea y te acaba comentando que este planteamiento es bueno y te lo ejecuta. Debemos ser especialmente cuidadosos con el hecho de que la persona no debe desaparecer. Sin prisa y controlando el desarrollo, la inteligencia artificial es una aliada magnífica.
La gente tiene que saber lo que toca antes de empezar a utilizar la IA
¿Si la IA dice lo que uno quiere escuchar, cómo cree que se la puede contradecir o reconducir?
Con trabajo y cuestionando todo lo que dice. Es decir, tenemos que pensar que es un aliado y una herramienta que podemos ir consultando o pidiendo cosas. Siempre teniendo en cuenta que está entrenada con datos buenos y también malos. Entonces, si no trabajas, llega el fracaso. Es evidente que con la IA también hay intereses de las empresas para pagar suscripciones y servicios de estas características. Por eso necesitamos formación. La gente tiene que saber lo que toca antes de empezar a utilizar la IA en ámbitos como el trabajo. Si se cumple, el futuro es apasionante.
Usted hace un tiempo ganó un premio de la NASA para fomentar el reciclaje de residuos lunares con un protagonismo destacado por la IA. ¿Qué nos puede explicar de este proyecto?
Es un proyecto que la NASA sacó por un tema de los residuos en la Luna, por la última misión Artemis. Estaban preocupados con los residuos y con el concurso buscaban ideas innovadoras. Creé un gemelo digital para llevar a cabo una simulación sin ir a ningún laboratorio.
El siguiente paso fue la creación de modelos de decisión con datos de otras misiones y aplicando procesos de economía circular que tenemos en la Tierra. Como ingeniera de minas que soy, mi profesión siempre me lleva a pensar en las propiedades de los minerales y la gestión de los residuos. Esta idea, desarrollada desde mi casa en Tarragona, fue el proyecto ganador.
¿Qué conclusión extrae de esta aventura?
Muchas. Primero de todo, que el ser humano tiene un potencial infinito y muchas veces los obstáculos nos los ponemos nosotros mismos. Mi propia familia me preguntaba qué hacía con una cosa de la NASA, pero yo me animé por un reto personal que se inicia a partir de una enfermedad.
A partir de un máster, vi la luz en clave de aplicar la inteligencia artificial en el ámbito de la ingeniería y quería demostrar, sobre todo a mis hijos, que con esfuerzo se pueden hacer las cosas. Este espíritu ha tenido continuidad, porque ahora mismo estoy participando en un proyecto para Marte.
¿De cara al futuro, qué peso puede tener la IA en las misiones espaciales?
No trabajo directamente para la NASA, pero estoy convencida de que la utilizan, sea con programación o haciendo prueba-error de modelos. Antes, un proyecto como el que he descrito tendría que pasar por un laboratorio y hacer un prototipo. Ahora, de la mano de la inteligencia artificial, puedes tomar decisiones más eficientes. También tenemos que mirar que la IA consume energía y todavía desconocemos el coste de entrenar un modelo. Esto todavía es una caja cerrada.
Hablando del consumo energético, ¿qué opinión le merece este debate existente en torno a cómo se pueden garantizar las necesidades asociadas a procesos relacionados con la IA?
Todas estas infraestructuras están situadas en lugares estratégicos, con temperaturas muy bajas para ahorrar en refrigeración y consumo de agua. Este es el gran problema. Ya se está pensando si todos estos entrenamientos se pueden hacer fuera de la Tierra.
Elon Musk parece que dice que se podrían hacer en la órbita. Cuando esto llegue, será un reto superado. Pero ahora mismo no se habla lo suficiente del coste real de entrenar un modelo. Cuando yo hago una consulta a ChatGPT y empiezo a interactuar, ¿cuál es el coste energético de todo esto? No lo sabemos. No lo hemos medido. Creo que falta transparencia.
Yo misma, ahora que estoy entrenando un modelo relacionado con Marte, estoy intentando optimizar también el prompting y ver qué capas adicionales puedo poner para ahorrar entrenamiento y consumo. Esto acabará siendo algo diferenciador: igual que ponemos una capa de seguridad, pondremos una capa de ahorro energético para que el modelo no entrene innecesariamente ni consuma recursos sin sentido. No dejamos de hablar de inteligencia artificial, pero si pasamos a un ámbito más personal.
Usted también utilizó la inteligencia artificial en un momento complicado como es la detección de un cáncer. ¿En qué punto, después de un golpe tan duro, la cabeza le hace este clic y cree que puede usar la tecnología para cambiar las cosas?
Me diagnosticaron un cáncer una semana antes de cumplir cincuenta años, en una revisión rutinaria aquí en Barcelona. En la familia ya sabíamos que era eso. Yo sabía que no podía hacer nada más que confiar en la ciencia. Soy ingeniera y creo en la ciencia. Tuve mucha suerte porque se detectó en una revisión rutinaria; quizás un año después habría sido diferente. Cuando ya había pasado la tormenta inicial, en la que casi no tienes tiempo ni de pensar, llegó la inteligencia artificial.
Empecé un curso, luego un máster, y allí vi el potencial. Pensé que aquí sí que puedo ayudar. Lo primero que hice fue intentar crear un modelo para detectar el cáncer de manera precoz, como un ayudante del médico. La idea era que, mientras el médico hacía el diagnóstico, la IA también analizara la imagen. Si ambos coincidían, perfecto. Si no, se podrían repetir pruebas o revisar mejor el caso.
No debemos olvidar que estas pruebas también son invasivas y tienen un coste económico. No se pueden repetir constantemente. Para entrenar el modelo necesitaba datos. En Europa es complicado por temas de privacidad médica, pero en Estados Unidos me dieron acceso a un conjunto de imágenes etiquetadas como cáncer y otras sin la enfermedad. La sorpresa fue que llegamos casi al 90% de fiabilidad. Es decir, que en la mayoría de los casos el modelo acertaba si había cáncer o no. A este modelo le puse el nombre de Esperanza.
Y para terminar, ¿cómo ve el futuro de la inteligencia artificial?
Con la velocidad que lleva todo esto, es muy difícil saberlo. Lo que hoy funciona, mañana ya es obsoleto. Pero si miro solo tres años atrás, veo que el crecimiento es exponencial y que todavía estamos al principio. Tendremos agentes inteligentes. Quizás también robots en casa, porque los precios ya están bajando y cada vez serán más accesibles. Igual que hoy tenemos un aspirador automático, quizás tendremos robots haciendo otras tareas.
Ya se hacen olimpiadas de robots, y eso acabará normalizándose. Si hace unos años nos hubieran dicho que hablaríamos con un teléfono y que este haría cosas por nosotros, habríamos pensado que aquella persona estaba loca. Ahora bien, hay una cosa que no me gustaría. Yo creo en las personas y en los valores. No me gustaría que las máquinas vinieran a sustituir a las personas. La tecnología debería servir para ayudarnos a ser mejores y más eficientes, no para apartarnos.
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