La inteligencia artificial (IA) se erige en una de las tecnologías con más potencial para revolucionar y mejorar los sistemas sanitarios de los países europeos. Sus aplicaciones, que van desde el análisis de imágenes médicas hasta la predicción de epidemias, prometen aumentar la eficiencia, la precisión en el diagnóstico y la personalización de los tratamientos. Sin embargo, esta transformación digital se encuentra con un obstáculo fundamental y casi universal: la falta de financiación suficiente. Esta escasez de recursos económicos actúa como un freno crítico que pone en peligro la adopción efectiva y equitativa de estas tecnologías avanzadas dentro de la Unión Europea.

Un informe reciente elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) aporta datos contundentes que confirman esta realidad. El estudio, basado en encuestas realizadas a los Estados miembros, revela que 43 de los 50 países consultados, lo que representa un 86% de los encuestados, identifican los recursos económicos insuficientes como el factor principal que limita la implantación y la escalada de soluciones de IA dentro del sector sanitario. Esta cifra demuestra que el problema no es anecdótico, sino sistémico y extendido por todo el continente, afectando tanto a las economías más poderosas como a aquellas con menor capacidad.

El impacto de los fondos europeos en proyectos de IA sanitaria

El documento de la OMS no se limita a señalar el problema, sino que detalla de manera exhaustiva cómo esta falta de inversión se materializa en obstáculos concretos. La falta de fondos afecta directamente todo el ciclo de vida de la implementación tecnológica. En primer lugar, dificulta o imposibilita la adquisición y el desarrollo de las propias tecnologías.

Esto incluye sistemas de diagnóstico asistido por IA para la detección precoz de enfermedades como el cáncer a través de radiografías o resonancias magnéticas; herramientas de apoyo a la decisión clínica que analizan la historia médica de un paciente y la literatura científica para aconsejar tratamientos; chatbots y asistentes virtuales que podrían aliviar la carga administrativa de los centros de salud y ofrecer una primera atención no urgente; y plataformas digitales de seguimiento remoto de pacientes crónicos, lo que permite una medicina más preventiva y personalizada.

En segundo lugar, y de forma igualmente crucial, la insuficiencia presupuestaria penaliza el ámbito de la formación y el capital humano. La implantación con éxito de la IA requiere que médicos, enfermeros, radiólogos y todo el personal sanitario entiendan las posibilidades y las limitaciones de estas herramientas, sabiendo cómo utilizarlas e interpretar sus resultados dentro de su flujo de trabajo. Sin inversión específica en programas de capacitación continua y adaptación de los planes de estudio, esta alfabetización digital no se produce, lo que genera desconfianza o, incluso, rechazo hacia las nuevas tecnologías.

Finalmente, la falta de financiación también retrasa o paraliza la elaboración de la infraestructura legal y ética necesaria. Desarrollar marcos reguladores sólidos que establezcan los requisitos de validez, seguridad y calidad para un algoritmo médico es un proceso complejo que requiere expertos y recursos. Del mismo modo, crear estándares éticos y protocolos claros para la gobernanza de los datos de los pacientes es una condición sine qua non para ganarse la confianza de la ciudadanía. Sin una inversión decidida en estos pilares de gobernanza, la implantación de la IA se realiza de manera caótica, con riesgos elevados y sin las garantías necesarias para los pacientes y los profesionales.

El caso de España

Dentro de este panorama europeo, España constituye un ejemplo paradigmático de los desafíos asociados a la financiación. El Estado ha manifestado una ambición clara en el ámbito de la transformación digital de la salud, con planes estratégicos como la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, que incluye componentes significativos para la digitalización del Sistema Nacional de Salud (SNS).

Sin embargo, como señala el informe y reconocen expertos del sector, la asignación presupuestaria específica y directa destinada a proyectos de IA sanitaria sigue siendo limitada y, a menudo, fragmentada. Aunque existe una voluntad política declarada, la inversión concreta en las áreas críticas es insuficiente para garantizar una adopción rápida, segura y eficiente de la inteligencia artificial en todo el territorio y de manera equitativa. Este desajuste entre la ambición y los recursos podría hacer que España pierda el tren de la innovación o que esta se implemente de manera desigual entre comunidades autónomas.

El informe de la OMS concluye con un mensaje claro y una recomendación directa a los gobiernos. Para que la inteligencia artificial cumpla su potencial transformador y contribuya a sistemas sanitarios más resilientes, accesibles y de mayor calidad, los Estados miembros deben priorizar la inversión de manera urgente y decidida.

Esta inversión no puede ser únicamente tecnológica, es decir, limitada a comprar o licenciar software. Debe ser holística y cubrir todos los frentes: la tecnología en sí misma, la educación y formación continuada de los profesionales sanitarios, el refuerzo de la infraestructura digital y la gobernanza de los datos, y el desarrollo de marcos legales y éticos que protejan tanto a los pacientes como a los profesionales y aseguren la equidad y la transparencia.

​​​​​​​Solamente con un enfoque integral y con un compromiso financiero a la altura del reto
, Europa podrá superar el escollo de la financiación y aprovechar realmente las oportunidades que la inteligencia artificial ofrece para el bienestar de su ciudadanía. La transformación digital de la salud es, en definitiva, una cuestión de voluntad política y prioridad presupuestaria.