Quizás se pongan la venda antes que la herida, pero los sindicatos CC.OO. y UGT ya han advertido a los gobiernos –tanto al de Pedro Sánchez como al de Salvador Illa– del riesgo que para Seat y Supra supone el ajuste global que planea la multinacional automovilística Volkswagen.

Mediante un comunicado, las dos grandes centrales sindicales han informado este jueves que han mantenido una ronda de contactos con diferentes administraciones públicas para trasladarles "la gravedad de la actual situación y el enorme impacto que estas medidas pueden tener en el empleo". A nadie se le escapa que la fábrica de Seat y Cupra en Martorell es la que tiene más trabajadores de toda Catalunya.

El jueves de la semana pasada, Volkswagen anunció que reducirá sus capacidades de producción desde los 12 millones de vehículos anuales de la actualidad hasta los 9 millones, un 25% menos, para adaptarse a las condiciones del mercado global y el aumento de la competencia. Según informaron en un comunicado tras la reunión del consejo de vigilancia con la dirección de la compañía, también recortarán la oferta de sus modelos automovilísticos para centrarse en los segmentos de mercado más atractivos.

El comunicado no especifica qué plantas de producción se verán afectadas ni el volumen de trabajadores que serán despedidos, aunque, provisionalmente, se estimó que podrían alcanzar los 100.000. Tampoco hacía ninguna referencia a España, donde poseen las plantas de Martorell (Seat y Cupra) y Navarra (Volkswagen).

Hasta ahora, el grupo Volkswagen ha cerrado la primera fábrica en China, a la que se suman dos en Europa –Bruselas y Dresde– y el anuncio, aún no confirmado, de cuatro más en Alemania.

Ante esta situación, CC.OO. y UGT mantienen que el próximo convenio colectivo que firmen debe servir para "garantizar" el futuro de Seat como compañía, algo que pasa por conseguir inversiones necesarias para impulsar las marcas Seat y Cupra y la asignación de una segunda plataforma 100 % eléctrica a Martorell, objetivos que califican de "irrenunciables". También defienden una “unidad de acción a escala de todo el grupo para evitar que no se cierre ninguna fábrica.

La causa de la crisis del grupo Volkswagen se encuentra en la feroz competencia de las marcas chinas, que ya no llegan a Europa solo con precios más bajos, sino con modelos, especialmente eléctricos, muy competitivos también en tecnología, con buenas cifras de autonomía y diseños atractivos.

Volkswagen planea prescindir de aquí a 2030 de uno de cada seis trabajadores: o sea, echar a 100.000 empleados de su plantilla de 660.000 en todo el mundo, si bien la mayoría se concentrará en Alemania. El consejero delegado de este grupo automovilístico, Oliver Blume, considera que será necesario recortar 50.000 empleos adicionales en todo el mundo, que se suman a los 50.000 ya anunciados, si no cambian los costes laborales, que calcula en un 20% superiores a otras compañías del sector.

En una entrevista interna difundida el lunes pasado en la intranet de la compañía y a la que tuvo acceso el medio alemán Der Spiegel, Blume argumentó que el objetivo es reducir los costes administrativos, de infraestructura y de apoyo al negocio principal hasta situarlos en niveles competitivos.

Blume señaló que la compañía está evaluando qué ajustes son necesarios y viables en todas sus marcas, empresas y regiones. Este grupo automovilístico es propietario de marcas como Volkswagen, Audi, Porsche, Škoda, Seat y Cupra.