Seat-Cupra sobrevive en la crisis del grupo Volkswagen. La filial catalana del gigante alemán vendió un 1% menos de coches en la primera mitad de año, caída muy inferior a la de todo el grupo, pero, aun así, triplicó su beneficio operativo gracias al recorte de costes y al fin de los aranceles al Cupra Tavascan, que se fabrica en China.
Los coches vendidos a cliente final por las marcas Seat y Cupra entre enero y junio de 2026 bajaron de los 300.000, concretamente hasta los 299.678, un 1% que los 302.582 entregados en el mismo período del año pasado, según recoge el informe semestral del grupo VW, publicado este viernes. El conjunto de marcas del grupo alemán sufrió un descenso del 6,5%. Volkswagen, Audi, Porsche, Bentley y Lamborghini cayeron más que Seat-Cupra, y solo subieron ventas Skoda y Volkswagen Vehículos Comerciales.
Estos datos hacen referencia a ventas por marcas a clientes, pero Volkswagen también las compatibiliza por empresas, y en este caso, Seat-Cupra han vendido un 2,2% más de coches, 329.000 en el primer semestre, ya que se incluye el Audi A1, que se fabricó en Martorell hasta abril. El incremento se debe a que las ventas del Tavascan totalmente eléctrico y del nuevo Seat Ibiza subieron y al lanzamiento del Cupra Raval, también eléctrico. Así, los ingresos se incrementaron un 1,2%, hasta los 7.695 millones de euros.
Los resultados del grupo no ofrecen el beneficio neto de las filiales, pero sí el operativo, que refleja la evolución del negocio y es previo al pago de impuestos sobre las ganancias. Basándonos en esta cifra, el primer semestre fue muy bueno para las marcas catalanas del grupo. Seat-Cupra obtuvo un beneficio operativo de 122 millones de euros, un 221% más que en el primer semestre del año pasado, cuando fue de solo 38 millones.
Volkswagen explica esta mejora por la reducción de los costes de producto y de los gastos generales, gracias a la implementación de un programa de eficiencias, y también por el acuerdo con la Unión Europea para eximir el Cupra Tavascan, que se fabrica en China, de los aranceles a los vehículos eléctricos importados de este país. De hecho, este arancel fue el que el año pasado redujo significativamente las ganancias de la marca catalana del grupo alemán.
La crisis de Volkswagen
Como una parte importante de la industria automovilística europea, el grupo Volkswagen atraviesa una dura crisis. La caída de ventas solo es un reflejo. La competencia de los coches chinos, especialmente los eléctricos, a precios mucho más bajos, y unos costes más altos que estos competidores, ha hecho que su eficiencia y competitividad hayan caído, como se ha reflejado en los resultados.
El gigante tiene que dar un giro y ha planteado a los sindicatos un ajuste de empleo de 100.000 empleados, uno de cada seis de los que tiene en todo el mundo. Buena parte del ajuste se concentrará en Alemania, donde podría cerrar hasta cuatro fábricas, aunque todavía no se ha detallado la afectación por países y centros productivos.
En Catalunya, el grupo tiene la fábrica de Martorell, que produce principalmente modelos Seat y Cupra, aunque también ha fabricado modelos de Audi, como el Q3 y el A1. La planta se ha electrificado para producir modelos eléctricos, cosa que ya hace, y parece que no debería ser de las afectadas por la crisis —como mínimo, no de forma significativa. La mejora de las eficiencias que muestran los resultados del primer semestre es un punto a favor. Sin embargo, la plantilla vive con cierto temor a que los recortes les puedan salpicar.
