Las turbulencias mundiales en los mercados energéticos no parecen asustar Repsol en cuanto a sus planes. La empresa reduce de los 3.900 millones anuales del plan estratégico 2024-2025 a los 2.500 del 2025 al 2028 su previsión de inversión. Pero mantiene una fuerte apuesta de 10.000 millones en tres años con los Estados Unidos, que es donde tiene más extracción de petróleo, y España y Portugal, donde concentra su actividad industrial y eléctrica, como protagonistas. 

La energética también incrementa la previsión de retribución a los accionistas, a quienes espera dedicar entre un 30 y un 40% del flujo de caja, es decir, repartir en dividendos alrededor de 3.600 millones en efectivo hasta 2028. Solo este 2026, ya repartirá 1.900 millones a su casi un millón de accionistas. Repartirá 1,051 euros por acción este año, un 7,8% más que el año pasado, y 350 millones en una recompra de acciones que tiene como objetivo reducir el capital social. Después, tiene la intención de incrementar en un 3% anual la cantidad dedicada al dividendo. 

En cuanto a las inversiones, de los 10.000 millones previstos en los próximos tres años, incluyendo este año, un 55% debe ir destinado a España y Portugal y un 34% a Estados Unidos, mientras que un 5% irá a otros países de la OCDE y un 7% a países que no forman parte de ella, como Venezuela. 

La compañía mantiene similar al plan anterior el reparto de áreas estratégicas, con entre un 30 y un 35% de la inversión (unos 3.600 millones) destinados a exploración y producción de crudo, que será la partida principal, y entre un 25 y un 30% destinados a proyectos industriales. 

En el negocio de exploración y producción, conocido como upstream, la empresa ha aumentado su foco en los Estados Unidos y ha bajado de 18 a 10 países su concentración geográfica. Los Estados Unidos, a través de proyectos en Alaska y en la costa sur, son los principales activos. En la primera fase de Pikka, en Alaska, prevé añadir una producción neta estimada de entre 30.000 y 35.000 barriles equivalentes de petróleo al día en 2028. En Leon-Castile, prevé 20.000 barriles brutos a corto plazo. 

En total, prevé alcanzar entre 580.000 y 600.000 barriles diarios en 2028, crecimiento de entre un 6 y un 10%. De estos, un 40% provendrán de Estados Unidos. En Venezuela, aunque no lo detalla en el plan estratégico, produce 40.000 barriles por día y manifestó que tiene capacidad para triplicarlo, detalles que aún debe afinar con el trabajo sobre el terreno. En el plan reconoce que estas cantidades podrían verse incrementadas con la aportación de Venezuela y con nuevos bloques de exploración en Libia. 

Los proyectos industriales bajos en carbono, como la ecoplanta de Tarragona, ganan peso y casi cuadruplican su peso en la inversión: pasarán de suponer el 5% a entre el 15 y el 20%, ganando terreno a la generación baja en carbono, donde Repsol ya está posicionada y que está perdiendo rentabilidad. Pasará de suponer el 30% de la inversión a entre el 5 y el 10%, de 3.900 a entre 2.500 y 3.000 millones de euros. Con las inversiones realizadas hasta ahora, la empresa ha cumplido su objetivo de reducir en un 15% su indicador de intensidad de carbono, que debe caer al 100% de cara a 2050. 

En cuanto al área industrial, con siete centros en España, Portugal y Perú, Repsol invertirá entre 3.900 y 4.100 millones, entre los cuales un 40% en iniciativas de bajas emisiones. La empresa quiere alcanzar 1,5 millones de toneladas de combustibles renovables de cara a 2028. La ecoplanta de Tarragona, donde hará biometanol con residuos mediante una inversión de 800 millones. 

Finalmente, el negocio de cliente, con 24 millones de usuarios, prevé inversiones de entre 1.400 y 1.600 millones, para crecer en las estaciones de servicio y en el servicio eléctrico, que en España y Portugal ya lo ha posicionado como cuarto operador con más de tres millones de consumidores.