La minería no es precisamente uno de los sectores que más fácilmente pueden renunciar a los combustibles fósiles. Sus operaciones dependen de maquinaria muy potente, a menudo alejada de cualquier red eléctrica, y el transporte de materiales pesados exige una energía que las baterías actuales todavía no pueden proporcionar de manera viable. Por eso, cuando aparece una alternativa que no obliga a cambiar motores ni a esperar infraestructuras nuevas, vale la pena prestarle atención. Esto es exactamente lo que acaban de hacer Moeve y Emerita Resources. Las dos compañías han firmado el primer acuerdo en España para utilizar diésel 100% renovable, conocido técnicamente como HVO, a escala industrial dentro del sector minero. No se trata de una prueba de laboratorio ni de un proyecto piloto con fecha de caducidad, sino de una aplicación pensada para funcionar de manera continuada en una explotación real.

El proyecto donde se aplicará este combustible es el Iberian Belt West, situado en Huelva. Sus instalaciones recibirán el diésel renovable que Moeve produce en Palos de la Frontera, y lo utilizarán para el transporte del concentrado mineral. El uso concreto se reparte en dos ámbitos. Por un lado, la maquinaria pesada que trabaja tanto en la construcción como en la explotación del complejo. Por otro, los vehículos que transportan los concentrados minerales. Son precisamente las tareas más intensivas en energía y más complicadas de electrificar, lo que explica por qué este tipo de solución resulta especialmente interesante para el sector.

¿Por qué es diferente?

La principal ventaja del HVO no es lo que hace, sino cómo lo hace. A diferencia de otras alternativas energéticas, este biocombustible es compatible con los motores que ya existen. Esto significa que una empresa puede empezar a reducir emisiones sin tener que renovar su flota ni invertir en infraestructura de recarga. A esta compatibilidad se añade su origen. Se trata de un biocombustible de segunda generación, elaborado a partir de residuos y materias primas sostenibles, que no compite con la producción de alimentos. Según Moeve, puede reducir hasta un 90% las emisiones de CO₂ en todo su ciclo de vida en comparación con el diésel tradicional. Esta cifra no se limita a lo que sale por el tubo de escape, sino que tiene en cuenta todo el proceso, desde la obtención de la materia prima hasta el uso final.

Ambas compañías han cuantificado el efecto de esta medida. La incorporación del biocombustible a las operaciones de transporte durante la construcción y la explotación de la mina evitará la emisión de unas 2.600 toneladas de CO₂ anuales. Para hacerse una idea de lo que representa, equivale a la absorción anual de 170.000 árboles o a que un camión recorriera tres millones de kilómetros. Son datos que ayudan a dimensionar el alcance del cambio, pero conviene situarlos en su contexto. Se trata de una reducción circunscrita a las operaciones de transporte de un proyecto concreto. Su impacto global dependerá de si este modelo se extiende a otras explotaciones y a otros sectores con necesidades parecidas.

El vicepresidente ejecutivo de Moeve, Carlos Barrasa, ha explicado que acelerar la descarbonización de la industria pesada es uno de los grandes ejes estratégicos de la energética. Según él, para conseguirlo se necesitan socios con visión de futuro, y el acuerdo con Emerita demuestra que la transición energética puede ir acompañada de la competitividad si se apoya en los biocombustibles 2G como solución inmediata. Por su parte, el consejero delegado de Emerita Resources, Joaquín Merino, ha subrayado el carácter pionero del acuerdo para el sector minero español. Merino ha asegurado que la iniciativa está completamente alineada con el ADN medioambiental de la compañía y que un proyecto como el de Huelva es el socio ideal para esta apuesta de Moeve, como ejemplo de minería sostenible.

Detrás de este acuerdo hay una apuesta industrial de gran alcance. Para garantizar el suministro del diésel renovable, Moeve avanza, junto con su socio Apical, en la construcción de una nueva planta de biocombustibles 2G en Huelva. Esta instalación se integrará en lo que será el complejo más grande de biocombustibles de segunda generación del sur de Europa. El proyecto conlleva una inversión acumulada de 1.200 millones de euros y una capacidad de producción flexible de 500.000 toneladas anuales de HVO y combustible sostenible de aviación (SAF). Esta infraestructura es clave para alcanzar el objetivo de la compañía de liderar el mercado ibérico con 2,5 millones de toneladas anuales en el año 2030.