"Escoda, el arte en el pincel desde 1933". Este es el eslogan publicitario que resume la propuesta de valor de la marca de pinceles y brochas que se producen artesanalmente en Sabadell y se distribuyen por todo el mundo. Escoda es un fabricante que vislumbra su centenario con resiliencia e innovación ante "la fuerte competencia y un consumidor que compra menos o más barato y que es más cuidadoso con el material", comenta Ricard Escoda, copropietario de la empresa con su hermana y sus primos, todos representantes de la tercera generación de la saga familiar.

Escoda compite con las tradicionales y también históricas marcas europeas como la alemana Da Vinci o las francesas Raphaël, Léonard o Isabey. "Algunas de estas marcas han industrializado la producción de los pinceles más simples" que combinan con la producción manual, concreta el directivo, mientras que en la fábrica de Sabadell se han introducido pocas máquinas, solo las más necesarias para reforzar el valor y la eficacia del pincel, sea de la gama que sea.

Un ejemplo es el lanzamiento, hace tres años y después de más de 24 meses de investigación y desarrollo, del pincel Evolution 1933, su última innovación. Para los expertos del sector, es un pincel avanzado que combina el legado de tres generaciones en un pincel perfecto. Un producto disruptivo: un pincel con la virola perforada. Esta última innovación deja atrás los métodos tradicionales y promete revolucionar las aplicaciones industriales actuales, demostrando la búsqueda de la excelencia y de adaptación a los artistas.

Con este diseño, creado en colaboración con el artista sabadellense Joan Coch, el pincel absorbe y retiene hasta un 50% más de agua para grandes aguadas y tiene una punta definida para trazar líneas finas y detalles con precisión. También han mejorado el mango de madera con un borde plano para evitar que resbale en superficies lisas y tiene un diseño ergonómico.

Ricard, Anna, Marc i Josep Escoda, tercera generació del fabricant de pinzells per a belles arts, de Sabadell. / Foto: Montse Giralt
Ricard, Anna, Marc y Josep Escoda, tercera generación del fabricante de pinceles para bellas artes, de Sabadell. / Foto: Montse Giralt

Innovación constante

Uno por uno y hasta 35 pinceles salen en una hora de cada uno de los escritorios de trabajo de la treintena de empleados de Escoda. Al año son unos 700.000. Todas las fases de la cadena de producción se hacen manualmente y este es el rasgo que más les diferencia a la hora de "garantizar una calidad que los artistas reconocidos y los clientes dedicados a las bellas artes valoran en nuestros productos", dice Ricard Escoda.

La evolución del pincel, generación en generación y a través de la innovación constante, se podría decir que ha tenido tres desencadenantes para mantener Escoda en el segmento más alto de los materiales para bellas artes. La primera generación de esta estirpe industrial sentó las bases del negocio con un avance clave para la época: el diseño y la creación de la primera máquina destinada específicamente a realizar el ranurado de la virola. Con este paso, se mecanizó un proceso que hasta entonces requería un gran esfuerzo manual.

Con la llegada de la segunda generación, la empresa dio un salto cualitativo al mejorar notablemente la mecanización existente. El gran éxito de esta etapa fue el desarrollo del proceso de triple ranura, una técnica pionera que optimizó el rendimiento de las piezas y que acabó siendo reconocida y adoptada en todo el mundo, consolidando el prestigio internacional de la firma.

El 50% de la producción se destina a mercados exteriores, principalmente Francia, Reino Unido, Italia, Dinamarca, Suecia, China, Australia, y una parte importante a Estados Unidos, entre otros. La marca va abriendo mercados año tras año. Los últimos han sido Argentina, México y, más recientemente, Vietnam.

Con la tercera generación ha llegado esta diversificación geográfica e innovaciones como Evolution 1933 y vendrán otros avances próximamente. Trabajan en un pincel para tinta japonesa o tinta china que hace años que se fabrica en Asia, pero para el que Escoda busca una aportación nueva, "quizás una nueva fibra sintética". De hecho, la búsqueda de las primeras materias —el pelo y la madera— ha sido básica para redondear los pinceles Escoda.

En madera, ahora están centrados en la manipulación del abedul, un árbol originario de las zonas frías y templadas del hemisferio norte, y que la empresa de Sabadell compra a un proveedor de Lituania. Es un árbol que crece deprisa y tiene la rigidez necesaria para que el pincel no se tuerza; además, no está en peligro de extinción, al contrario. Hace años, se trabajaba el ramin, una madera tropical.

Àrea de producció a la fàbrica Escoda, a Sabadell. / Foto: Montse Giralt
Área de producción en la fábrica Escoda, en Sabadell. / Foto: Montse Giralt

No siempre se produce de la misma manera en un mercado en el que la preservación de las especies animales y vegetales tiene importancia. Por lo tanto, los pinceles Escoda han pasado de hacerse únicamente con pelo natural de cerdo —que proviene de China, de la región de Sichuan, donde se cría la cerda de Chongqing—, de pelo de la cola de las ardillas o del lomo de los ponis y de la marta Kolinsky, de Siberia o China. "Este último pelo es muy específico y se ha encarecido mucho; se ha triplicado", por lo tanto, la fabricación se ha ajustado: "No todo el mundo quiere pagar tanto dinero por un pincel". Los hay que valen más de 60 euros.

Así lo explica Ricard Escoda, que, a la vez, remarca que las fibras sintéticas han avanzado mucho y, por lo tanto, hay prestaciones iguales o mejores que con el pelo natural; "todo depende del uso que se le quiera dar" o de las manías de los artistas. Por eso, Escoda tiene sets de acuarela identificados con artistas como Joseph Zbukvic, Julia Barminova, Nicholas Simon o Antonio López García, por mencionar algunos. La gama de sets se completa con los de viaje —donde también fueron pioneros— o los temáticos.

La primera fábrica de brochas y pinceles de España

En otoño de 1933, Josep Escoda i Roig abrió una pequeña empresa de brochas y pinceles para la decoración y las bellas artes, en la ciudad de Sabadell. Aquella fue la primera fábrica de brochas y pinceles en España. La actividad ha sido permanente —salvo el periodo de la Guerra Civil— con la constancia de su fundador: producir el mejor pincel y saber qué quiere el artista. A partir de los años 60-70 del siglo pasado, el negocio lo continuaron sus hijos Josep y Ricard y los pinceles para bellas artes ya acapararon la parte más importante de la producción, hasta el día de hoy en que las brochas paletinas para decoración solo representan un 10% del total.

En los años noventa entró la tercera generación con Anna y Ricard, hijos de Josep, y Josep y Marc, hijos de Ricard. Los cuatro se reparten las gestiones de la gobernanza de la empresa, desde las finanzas, la gestión administrativa, la producción y las compras. Un negocio que roza los 2,6 millones de euros y que esperan incrementar hasta los 3 millones.

Brotxes rodones per a decoració de la marca Escoda. / Foto: Montse Giralt
Brochas redondas para decoración de la marca Escoda. / Foto: Montse Giralt