La guerra en Oriente Medio ya ha dejado sus primeras consecuencias en el sector aéreo. Durante la temporada de verano de 2026, que se extiende de marzo a octubre, ha caído la carga aérea, que estaba registrando hasta ahora cifras récord. Y ha hecho que, por primera vez en mucho tiempo, haya un crecimiento de pasajeros inferior al de vuelos. Lo que se traduce en una reducción del factor de ocupación de los aviones.

Así lo ha desvelado este lunes el presidente de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), Javier Gándara, en una rueda de prensa donde ha advertido que ahora, con la temporada de invierno 2026-2027 recién iniciada, las compañías aéreas afrontan un escenario "de máxima incertidumbre" por el precio del queroseno y las dudas sobre la evolución de la demanda.

Asimismo, Gándara ha destacado que la próxima temporada de verano, que empezará en marzo de 2027, será la más incierta para las compañías "desde la pandemia". El encarecimiento del combustible amenaza con elevar los precios de los billetes y poner a prueba la capacidad de los pasajeros para seguir viajando en un contexto de pérdida de poder adquisitivo. "Estamos ante una de las situaciones más inciertas en mucho tiempo", ha asegurado el presidente de la patronal.

Menos ocupación y caída de la carga aérea

En el sector aéreo, el verano de 2026 ha sido positivo en volumen de actividad, pero también ha dejado señales de deterioro. Entre marzo y octubre, el sector ha mantenido la tendencia de crecimiento que registra en España desde hace años y se han operado 1,35 millones de vuelos comerciales, un 4,7% más que en el verano anterior.

Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, el aumento de pasajeros ha quedado por debajo del crecimiento de los vuelos. Según ALA, esta diferencia refleja una pequeña caída de los factores de ocupación, que podría estar relacionada tanto con el encarecimiento de los costes como con las limitaciones de gasto de los hogares.

El conflicto también ha pasado factura a la carga aérea, entre abril y septiembre se ha registrado un descenso debido a las alteraciones de las rutas de Oriente Medio. Una parte importante de la mercancía que pasaba por Madrid llegaba en aviones cargueros operados por compañías como Qatar Airways y Emirates que tuvieron que cesar operaciones. Pese a esta caída, el acumulado del año todavía mantiene un ligero crecimiento.

En este contexto, el tráfico intraeuropeo ha sido el principal motor del verano, con un incremento del 5,5% y cerca de 119 millones de pasajeros con origen o destino en España. ALA apunta que parte del buen comportamiento del tráfico europeo se explica por el desplazamiento de viajeros desde zonas próximas al conflicto.

Más asientos en invierno, pero sin garantías

La temporada de invierno de 2026-2027 acaba de comenzar con una oferta prevista de casi 146 millones de asientos, un 5,5% más que el año anterior. Sin embargo, la patronal pide no interpretar este incremento como una garantía de crecimiento. Si bien, algunas aerolíneas llevan semanas anunciando ajustes de capacidad, todavía está por ver si la oferta inicialmente programada se mantiene.

La principal incógnita es el precio del combustible. Las compañías han absorbido durante los últimos meses parte del incremento de costes mediante una reducción de sus márgenes, en lugar de trasladarlo íntegramente a las tarifas. Pero la situación podría cambiar si el queroseno continúa encareciéndose y las coberturas disponibles resultan insuficientes, ha explicado Gándara.

ALA advierte, además, de que el precio del combustible de aviación podría mantenerse elevado incluso si baja el petróleo. Y ha recordado que no todas las compañías cuentan con la capacidad financiera para protegerse mediante coberturas, por lo que la exposición a las subidas varía entre aerolíneas.

El verano de 2027, bajo presión

Las perspectivas para el verano de 2027 tampoco invitan al optimismo. La posibilidad de que el combustible siga caro aumenta la presión para subir los billetes, aunque las aerolíneas no tienen claro cuánto podrán repercutir a los pasajeros sin perjudicar la demanda.

La pérdida de poder adquisitivo de los hogares será determinante. El encarecimiento de la vivienda, las hipotecas, la gasolina y la cesta de la compra reduce el presupuesto disponible para viajar. Aunque el interés por volar se mantiene, ALA reconoce que existe un límite de precio a partir del cual parte de los consumidores deja de poder permitirse determinados desplazamientos.

Así, las compañías tendrán que elegir entre elevar las tarifas y asumir menores márgenes o ajustar su oferta para adaptarse a la demanda.