El consejo de administración de Grifols ha validado, con efectos a partir del uno de enero de 2026, una rotación estratégica en los altos órganos de gobierno de la empresa. En una decisión adoptada por unanimidad en su última reunión, el órgano ha aprobado la nominación de dos nuevas ejecutivas para los roles clave de secretaria no consejera y vicesecretaria no consejera.
La compañía ha hecho pública esta decisión mediante la correspondiente comunicación oficial remitida a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) este jueves, cumpliendo así con los requisitos de transparencia que exige el mercado. La maniobra organizativa se materializa en un intercambio de responsabilidades entre dos profesionales de contrastado recorrido dentro de la estructura legal y de gobernanza del grupo.
Por un lado, la abogada Laura de la Cruz Galán asumirá las funciones de secretaria no consejera del consejo, una posición que requiere la custodia y garantía de la correcta aplicación de los procedimientos y normativas corporativas. De la Cruz toma el relevo de Núria Martín Barnés, quien, a su vez, se reincorpora a la responsabilidad operativa como vicesecretaria no consejera del órgano, cargo que hasta ahora ocupaba la propia De la Cruz. Esta danza de posiciones, lejos de ser un simple cambio protocolario, refleja el aprovechamiento interno de talento y una reordenación de las capacidades directivas en un momento de revisión del modelo de gobernanza de la compañía. Este movimiento en la alta dirección se produce en un contexto financiero definitivo para la empresa catalana de hemoderivados.
Grifols ha cerrado el tercer trimestre del año 2025, período que constituye la última ventana con datos auditados disponible para los inversores, con unas cifras que muestran una evolución sostenida. Los ingresos agregados entre enero y septiembre de 2025 alcanzaron la cifra de 5.542 millones de euros, un crecimiento notable del 7,7% si se considera a tipo de cambio constante, evitando así la distorsión de los mercados de divisa.
Este impulso en la facturación se ve acompañado de un resultado bruto de explotación (Ebitda) ajustado de 1.358 millones de euros, una métrica que el mercado observa con atención para medir la eficacia operativa. De esta manera, el margen EBITDA ajustado de Grifols se sitúa en el 24,5%, un indicador que subraya la capacidad de la compañía para convertir las ventas en beneficios operativos en un entorno económico complejo.
La suma de estos dos hechos, la remodelación en el núcleo del gobierno corporativo y los resultados financieros trimestrales, no es casual. Se interpreta como una señal de continuidad y de adaptación organizativa en una fase en la que Grifols busca consolidar su trayectoria pospandémica y reforzar su posición en el escenario farmacéutico global.
La empresa parece así fortalecer sus estructuras internas de control y supervisión, confiando el liderazgo de estas áreas a perfiles con un conocimiento profundo de la casa, mientras presenta unos resultados que, a pesar de los vientos en contra del sector, mantienen una línea de crecimiento saludable y de robustez en los márgenes. La comunicación a la CNMV convierte, pues, una decisión administrativa en una pieza más del mosaico que los inversores deben valorar para entender la dirección estratégica y la solidez operativa del grupo.