La familia mallorquina Fluxá se ha marchado de Cuba: este junio ha cerrado 12 de los 18 hoteles de la cadena Iberostar por la crisis económica de la isla, provocada por Donald Trump, pero sobre todo por las amenazas de este último hacia las compañías que hacen negocios con Gaesa, el conglomerado empresarial controlado por los militares cubanos.

En realidad, las cadenas hoteleras internacionales salen de Cuba, sobre todo las tres con más presencia en la isla: Meliá, Iberostar y la canadiense Blue Diamond. Su pecado es tener como socio a Corporación Gaviota, la división hotelera del holding militar Gaesa. Para abrir un hotel, el gobierno cubano exige tener de socio a una de sus empresas. Pero hay matices: Iberostar todavía mantiene seis hoteles en la isla con socios como Cubanacan y Gran Caribe, que también son empresas controladas por el régimen cubano, si bien no forman parte de la militar Gaesa.

Como ya no llega petróleo venezolano a Cuba, las aerolíneas han suspendido vuelos por falta de combustible y han desaparecido los turistas, pero lo que temían las hoteleras es, sobre todo, que Trump cumpliera las amenazas. Poseen intereses en todo el mundo y, también, en Estados Unidos.

Iberostar ha encajado este batacazo en Cuba cuando se encontraba en plena expansión. Este año ha abierto hoteles de cinco estrellas desde Montenegro a Zanzíbar (Tanzania). En la memoria de 2025, el grupo hotelero de la familia Fluxá anota una facturación de 5.100 millones de euros, 40.000 empleados, más de 100 hoteles que han alojado a más de 8 millones de clientes y presencia en 14 países. Operan hoteles, clubes de vacaciones, agencias de viajes y una compañía de aviación.

Tres ramas familiares se reparten la propiedad de Iberostar, pero no a partes iguales: Miquel Fluxá Rosselló (1938) y sus hijas, Sabina (1980) y Gloria Fluxá Thienemann (1981), controlan el 59% del capital y se encargan de la gestión del grupo. Las otras dos ramas –Fluxá Ortí y Fluxà Domené– poseen cada una un 20,50%.

El origen de la fortuna familiar no está en el turismo, al que entraron hace precisamente 70 años, sino en la industria del calzado, a la que se dedican desde 1877, hace un siglo y medio. En la actualidad, las tres ramas familiares de los Fluxá participan conjuntamente en negocios hoteleros y de calzado, pero con participaciones diferentes: los Ortí Fluxá –liderados por Miguel Fluxá Ortí (1975)– controlan la conocida marca de calzado Camper con el 65%, mientras que las otras dos ramas tienen el 17,50% cada una. Y los Fluxá Domené gestionan la marca de calzado Lotusse también con un 65%, mientras las otras dos ramas tienen el 17,50%.

Este linaje empresarial comienza con Antoni Fluxá (1853–1919), que fundó en Inca (Mallorca) una de las primeras fábricas de calzado mecanizadas, un oficio que aprendió en Inglaterra. Su hijo, Lorenzo Fluxá Figuerola (1907–1993), se hizo cargo en 1928 y la internacionalizó con una marca que todavía triunfa en las zapaterías, Lotusse. Precisamente, fue Lorenzo quien, en 1956, hace 70 años, entró en el negocio hotelero en Baleares. Y poco después, su segundo hijo, Miguel Fluxá Rosselló, se puso al frente de los negocios turísticos a principios de la década de los sesenta. Iberostar nació en 1983.

Fluxá Camper Lotusse origens
Orígenes de la industria del calzado de la familia Fluxá en Inca / Camper

Las familias de los tres hermanos Fluxá Rosselló comparten negocios, pero cada una domina uno: Miguel (padre de Sabina y Gloria Fluxá Thienemann, que aparecen juntos en la imagen superior) están al frente de Iberostar; Lorenzo (padre de Miguel y Lorenzo Fluxá Ortí), de Camper; y Antonio (padre de Isabel, Lorenzo, Catalina y Antonio Fluxá Domené), de Lotusse.

Es una familia discretísima, de la que la cara más conocida es Sabina Fluxá Thienemann, de 46 años, vicepresidenta y CEO de Iberostar, que ha formado parte de los consejos de Telefónica y ACS y que está en diversos patronatos, por supuesto, también en el de la Fundación Iberostar. Formada en ESADE y en IESE, es una habitual de los rankings de liderazgo femenino.

Sabina Fluxá es una de las pocas mujeres de la junta directiva del Instituto de la Empresa Familiar, que desde que se fundó en Barcelona en 1992, hace 34 años, nunca ha estado presidido por una mujer. Por este motivo, su nombre se mantiene en las quinielas que la sitúan como futura presidenta cuando, en lugar de un hombre como ha pasado siempre, se apueste por una mujer, si bien deberá competir con otras tres posibles rivales: las catalanas Sol Daurella (Coca-Cola Europacific Partners) y Ana Vallés (Sorigué), y la almeriense Pilar Martínez-Cosentino (Cosentino), con las que coincide en la junta que ahora lidera Eloi Planes.

Como ocurre con las llamadas buenas familias, Sabina Fluxá está casada, desde 2012, con Alfonso Fierro March. Como delatan sus apellidos, pertenece a una doble estirpe de banqueros: los Fierro, que estuvieron en la fundación de Banco Ibérico –absorbido por el Central en 1977– y en Fosforera Española; y los March, ya que es bisnieto del fundador de Banca March. Viven entre Mallorca y un lujoso ático del paseo de la Castellana de Madrid.

Alfonso Fierro participa en diversas actividades empresariales, una de las cuales es la importación de tabaco. En una de las sociedades que se dedica a este sector coincide, en calidad de administrador, con Alfonso Líabano Daurella, primo de Sol Daurella. Una de las hermanas de Alfonso Fierro, Bibiana, abandonó una prometedora carrera de abogada en Londres por la fotografía. Ahora es conocida por ser fotógrafa de eventos de la aristocracia y la alta sociedad, hasta el punto de que la revista Telva le otorgó el premio 'fotógrafa de bodas'.

En la última edición del ranking de las 100 grandes fortunas de Forbes, Miguel Fluxá Roselló –padre de las hermanas Sabina y Gloria– aparece en una destacada novena posición, por detrás de María del Pino Calvo-Sotelo (Fundación Rafael del Pino) y por delante de Florentino Pérez (ACS). Forbes le atribuye un patrimonio de 3.300 millones de euros.