El Parlament ha cambiado los despachos por las naves industriales. La decimoquinta edición del programa Parlament i Empresa ha llevado esta semana una delegación de diputados y directivos de FemCAT a la comarca de Osona, donde han podido ver de cerca el día a día de dos compañías que, a pesar de ser muy diferentes entre sí, comparten un rasgo común: el arraigo al territorio y una apuesta decidida por la innovación y la sostenibilidad. La Farga, en les Masies de Voltregà, y Bon Preu, en Malla, han abierto las puertas para mostrar a los representantes políticos la realidad sobre la cual, a menudo, legislan. La visita comenzó en La Farga, una empresa que lleva más de dos siglos transformando cobre y que, a pesar de la antigüedad, se ha convertido en un referente mundial gracias a una apuesta constante por la tecnología y la innovación.

La consejera delegada, Inka Guixà, y el presidente, Oriol Guixà, guiaron a los asistentes por el proceso industrial y explicaron cómo la empresa ha conseguido diferenciarse de sus competidores desarrollando tecnología propia para hacer más sostenible la industria del cobre. La segunda parada fue en las instalaciones de Bon Preu, en Malla, donde el presidente del grupo, Joan Font, repasó los pilares del modelo de negocio de la compañía: un surtido amplio, productos frescos y de calidad y precios competitivos. La cadena de supermercados ha puesto el acento en su estrategia de sostenibilidad, que incluye proyectos de descarbonización, el uso de energías renovables, la promoción de la movilidad sostenible y la lucha contra el desperdicio alimentario.

Un programa con más de una década de historia

Parlament i Empresa no es una iniciativa nueva. Nació en el año 2007 gracias a un convenio de colaboración entre el Parlament y FemCAT. Desde entonces, el programa ha organizado visitas a empresas de todo el territorio, con el objetivo de crear puentes entre el mundo político y el tejido empresarial. El objetivo, tal como recordó el presidente de FemCAT, Tatxo Benet, es que "el mundo de la empresa llegue al mundo político, para que el Parlament no sea un lugar tan cerrado y sus representantes pisen y conozcan más la realidad sobre la cual deben legislar". En palabras de Benet, las dos empresas visitadas representan "historias de perseverancia, de superación de las dificultades y de trabajo bien hecho que son un ejemplo para el tejido empresarial de nuestro país".

El presidente del Parlament, Josep Rull, ha recogido el guante lanzado por Benet y definió el programa como "potente" por su capacidad de acercar a los diputados a la actividad económica y productiva del país. Según Rull, este contacto directo con empresas "de excelencia y alto propósito" permite a los representantes políticos "empaparse" de la realidad empresarial, una condición imprescindible para legislar con conocimiento de causa. Rull ha insistido en la importancia de hacer leyes que "permitan facilitar las cosas" y ha defendido la necesidad de una "confianza respectiva entre quienes generan riqueza y los poderes públicos". Sus palabras, pronunciadas ante una cincuentena de asistentes, han puesto de manifiesto la voluntad de la cámara de mantener un diálogo fluido con el sector empresarial, más allá de las sesiones plenarias y las comisiones parlamentarias.

El programa Parlament i Empresa se propone un objetivo doble. Por un lado, que los diputados adquieran un conocimiento más amplio a la hora de legislar en materia económica y empresarial, saliendo de los despachos y entrando en las fábricas. Por otro, que los empresarios conozcan los instrumentos y procedimientos parlamentarios y entiendan mejor cómo funciona la maquinaria legislativa.

El resultado es un intercambio de miradas que enriquece a ambas partes. Los políticos vuelven al hemiciclo con una visión más cercana de lo que significa gestionar una plantilla, competir en mercados globales o hacer frente a una crisis energética. Los empresarios, por su parte, comprenden mejor los tiempos y las complejidades del proceso legislativo. Y en un país que a menudo se queja de la distancia entre quienes toman las decisiones y quienes las sufren, iniciativas como esta recuerdan que el diálogo directo todavía es la mejor herramienta para construir puentes.