Dos años y medio después de que la justicia dictara sentencia y otorgara la propiedad de Celsa a un grupo de fondos de inversión, la compañía vuelve a ganar dinero. La siderúrgica catalana que preside Rafael Villaseca ganó 18 millones de euros en el primer trimestre del año, cifra que contrasta con las pérdidas de 13 millones del mismo período del año pasado. El ebitda pasó de 117 a 135 millones, y se ha incrementado en un 70% en dos años, mientras que la deuda se ha reducido a la mitad en un año.

La empresa productora de acero explica el retorno a beneficios principalmente con dos factores: la mejora de las ventas gracias a la recuperación de la demanda y también de las inversiones de la empresa, y el plan de eficiencias que puso en marcha hace dos años y que le ha reportado ya una mejora acumulada del ebitda de 133 millones de euros en el primer trimestre del año, muy por encima de lo previsto inicialmente.

Además, Celsa ha realizado desinversiones y ha recortado y reestructurado su deuda, lo que ha reducido sus costes financieros. El entorno geopolítico no le afecta, ya que sus compras en la región afectada por la guerra de Irán no llegan al 1%, y tienen proveedores alternativos, y las ventas tampoco son importantes. En cuanto a los costes energéticos, sí que notan el encarecimiento del gas, pero el peso del gas en su facturación no llega al 3%, y han podido compensar el sobrecoste con eficiencias.

En 2025, Celsa todavía tuvo números rojos, aunque con algunas mejoras. La facturación bajó ligeramente, de 3.360 a 3.347 millones de euros, a causa de la bajada del precio de la chatarra, a pesar de que la siderúrgica vendió un 3,5% más de producto, un total de 4,35 millones de toneladas de acero. El ebitda creció un 44%, hasta los 396 millones, el resultado de explotación casi se triplicó, hasta los 156 millones, mientras que las pérdidas se redujeron a la mitad, con 143 millones. Los fondos propios netos se dispararon un 83%, hasta los 322 millones.

Celsa sale del hospital

“Hace dos años estábamos en la UCI. Hace un año ya habíamos salido, y hoy ya no estamos en el hospital. ¿Cómo ha sido posible? Fundamentalmente, haciendo lo que dijimos que haríamos. Hemos transformado la compañía en lo que debe ser una sociedad anónima normal”, ha destacado Rafael Villaseca, que ha hablado de tres palancas para dar la vuelta a la empresa: incrementar la eficiencia industrial, hacer una reordenación financiera y fortalecer la gobernanza.

El consejero delegado de la compañía, Jordi Cazorla, ha recordado los principales hitos en estos dos años y medio, entre los cuales destacan las tres capitalizaciones y el plan de creación de valor. El plan se lanzó en 2024 con el objetivo de que le reportara una mejora del ebitda de 80 millones en un año, pero superó las expectativas y en diciembre de 2025 ya había impactado positivamente en 115 millones. A cierre del primer trimestre, esta mejora es de 133 millones. Cazorla ha explicado que estos ahorros no han ido en detrimento de las inversiones industriales, que se han disparado un 60% en 2025, hasta los 183 millones, con mejoras en todas las fábricas. De hecho, un factor que explica el estancamiento de la facturación es la parada de algunas plantas para realizar estas actuaciones.

En cuanto a las capitalizaciones, la primera fue la inicial, de 1.418 millones de euros, en noviembre de 2023, para reestructurar la deuda. La segunda, el saneamiento realizado a finales del mismo año, de 1.300 millones, después de encontrar un agujero en el balance de la empresa. Y el último, en diciembre de 2025, con una emisión de 1.200 millones de euros mediante la emisión de bonos verdes.

Esta última capitalización se hizo después de que Celsa tirara la toalla en la búsqueda de un socio industrial. Los fondos de inversión socios de la empresa adquirieron el compromiso de buscar un socio local a largo plazo, y tuvieron un principio de acuerdo con CriteriaCaixa que finalmente no prosperó. Villaseca ha explicado que han abandonado el proceso de búsqueda.