El interés por los viajes a Europa ha alcanzado su nivel más alto desde 2020, pero lo hace en un clima de mayor cautela por parte de los consumidores. Según un informe reciente de la European Travel Commission, los viajeros europeos están mostrando un comportamiento más reflexivo y selectivo, con estancias más cortas, presupuestos más ajustados y una preocupación creciente por la seguridad y la evolución de los precios. En este contexto, el sur del continente se consolida como la región preferida para las vacaciones de primavera y verano. España lidera esta tendencia y concentra el 14% de las preferencias de los viajeros, seguida de Italia, con un 11%, Francia, con un 8%, y Grecia y Portugal, ambos con un 6%.

El informe destaca el papel fundamental que están jugando los jóvenes europeos en la recuperación del sector. Las intenciones de viaje entre la franja de edad de 18 a 34 años han aumentado notablemente, convirtiendo este colectivo en un motor clave para el crecimiento del turismo en la región. Este optimismo juvenil contrasta con una cierta prudencia por parte de las franjas de población de mayor edad, que muestran una sensibilidad más elevada a las tensiones geopolíticas y al encarecimiento de los costes.

Los criterios a la hora de elegir destino

El estudio de la European Travel Commission revela un cambio significativo en las prioridades de los viajeros a la hora de seleccionar su destino. La seguridad se ha consolidado como el criterio principal, citado por el 22% de los encuestados, superando otros factores tradicionalmente relevantes. Un clima agradable y estable, citado por el 15% de los viajeros, y las ofertas atractivas, con un 14%, completan el podio de las principales preocupaciones. Esta evolución refleja el impacto de las tensiones geopolíticas en la percepción de riesgo de los consumidores europeos.

Las inquietudes relacionadas con las tensiones en Oriente Medio se han disparado en los últimos meses. Según los datos del informe, esta preocupación ha aumentado nueve puntos porcentuales, hasta situarse en el 18% de los viajeros europeos. Aunque la preocupación por el encarecimiento general de los viajes continúa siendo la más extendida, afectando al 20% de los encuestados, el miedo a las consecuencias del conflicto bélico está ganando terreno rápidamente y condicionando las decisiones de viaje de una parte creciente de la población.

Estancias cortas y presupuestos más ajustados

El presidente de la European Travel Commission, Miguel Sanz, ha explicado que lo que está cambiando no es la intención de viajar, sino la manera en que los europeos lo hacen. Los viajeros están optando por un enfoque más selectivo y centrado en la relación calidad-precio. Las estancias más habituales son ahora de cuatro a seis noches, escogidas por el 38% de los encuestados, mientras que los viajes más largos, de siete a doce noches, han disminuido hasta el 37%. Además, el porcentaje de viajeros que planea un presupuesto moderado de hasta 1.000 euros por viaje ha aumentado cuatro puntos porcentuales, mientras que aquellos con un presupuesto de 1.500 euros o más se han reducido en un 9% en comparación con la temporada anterior.

El informe de la European Travel Commission también pone de manifiesto un cambio en la frecuencia de los desplazamientos. El 39% de los europeos tiene previsto hacer solo un viaje en los próximos seis meses, una cifra que supone un incremento del 7% respecto al año anterior. Al mismo tiempo, el porcentaje de quienes planean viajar al menos dos veces ha disminuido hasta el 57%. Esta tendencia refleja más concentración del gasto turístico en menos desplazamientos, posiblemente para optimizar los presupuestos familiares y reducir la exposición a las incertidumbres geopolíticas y económicas. La industria turística europea se enfrenta, pues, a un verano con una alta demanda, pero con un comportamiento de consumo más cauteloso e imprevisible que en temporadas anteriores.