Los precios continúan subiendo y cada vez con más fuerza. El índice de precios al consumo (IPC) se disparó hasta el 4,3% en agosto, según el dato adelantado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Esto significa que, en el último año, los precios se encarecieron más de un 4%, una cifra que no se veía desde hacía tres años. Hay que ir a febrero de 2023 para ver una inflación más alta en el Estado.

El INE ha publicado el dato adelantado de inflación en España, que no detalla por productos ni por regiones, pero que casi siempre se confirma. Lo que sí explica son las causas de la subida de precios, que tiene que ver con el encarecimiento de los combustibles y lubricantes para coches y vehículos personales, y en menor grado, de los alimentos y bebidas no alcohólicas.

El 4,3% de IPC es una comparación. La subida se debe a que los carburantes suben este agosto, pero aún más respecto a un agosto de 2025 en el que bajaron. Algo parecido ocurre con la comida, que, según el INE, baja de precio en agosto respecto a julio, pero como en el mismo mes del año pasado se abarataban aún más, su efecto en la inflación es alcista.

La inflación subyacente, que precisamente excluye el precio de los productos energéticos y de los alimentos, ya que son los más volátiles, se modera una décima, hasta el 3%. Eso sí, continúa siendo un índice bastante alto dado que excluye los productos más inflacionistas y el objetivo europeo es de un IPC alrededor del 2%.

Los carburantes, en máximos anuales

Los precios de la gasolina y el gasóleo han escalado este agosto hasta rozar máximos anuales. Desde que empezó el 2026, la gasolina sube un 7% y el diésel, un 21%, según los datos recogidos por EFE. A mediados de semana, el litro de gasolina se pagaba en el Estado a 1,726 euros, a tocar del máximo anual, mientras que el de gasóleo para automoción iba a 1,865 euros.

Estas subidas se producen a pesar de las medidas fiscales del Gobierno para paliar el encarecimiento de los productos energéticos y, de hecho, los precios están llegando a máximos anuales previos a la entrada en vigor de estas medidas, lo que refleja hasta qué punto los carburantes se están inflando.

El hecho es que la continuidad de las tensiones en Oriente Próximo e Irán, después de varios intentos de cese, está llevando el precio del barril de petróleo a niveles altos. El cierre del estrecho de Ormuz provoca que se mueva menos petróleo y, a pesar de que ha bajado la demanda de algunos países, como China, el precio continúa escalando.

El precio del barril de crudo Brent, de referencia en Europa, ha ido subiendo en agosto hasta los 92 dólares. Este viernes, sin embargo, baja hasta los 89 dólares después de que el ejército de Estados Unidos asegurara que el estrecho de Ormuz está abierto y desminado. Esta misma semana, el martes, Irán afirmó lo contrario.

El Gobierno ha valorado que la inflación subyacente se mantiene estable y ha garantizado la continuidad de las ayudas y rebajas fiscales contra las subidas de precios.