Pimec descarta una recesión mundial, aunque constata “incertidumbre máxima en un mundo inquietante”, debido a la inestabilidad geopolítica, según han indicado Antoni Cañete y Oriol Amat, presidente de la patronal y del Observatorio de la Pime, respectivamente, en la presentación este miércoles de un informe de previsiones económicas para este 2026.

Cañete ha subrayado que “no será un año fácil”: “Estamos en tiempos de ruptura, que son los que generan más incertidumbre y más volatilidad en el análisis” y, precisamente, “las pequeñas empresas son las que sufren más estos cambios”. Para Catalunya, el estudio prevé un crecimiento del PIB entre el 2,1% y el 2,4% este 2026, ligeramente superior al del conjunto del Estado, que sitúan entre el 2% y el 2,3%.

Por su parte, Oriol Amat ha destacado que “estamos en una incertidumbre máxima”, muy superior a la de los tiempos de la pandemia de Covid y a la de la crisis del 2008. Además, ha precisado que se trata de una “incertidumbre inquietante” y ha alertado de los riesgos de “burbujas que pueden estallar en cualquier momento”.

Según las conclusiones del estudio, 2026 se enmarca en un escenario de crecimiento global moderado y desigual, con un consenso que descarta una recesión mundial, pero consolida una “economía más fragmentada y con elevada incertidumbre”. La previsión central sitúa el crecimiento del PIB mundial en torno al 3,1%–3,3%, con un patrón claro: las economías avanzadas se mantienen en crecimientos modestos (1,8%), mientras que el motor sigue siendo el mundo emergente (4,2%).

En cuanto a las perspectivas regionales, para Estados Unidos se espera una desaceleración suave, pero con crecimiento aún robusto en términos comparados (2,1%–2,5% en 2026, después de un 2,7%–2,8% en 2025). Y en la Eurozona la previsión es de una recuperación técnica hacia el 1,2%–1,3% (desde un 0,8% estimado en 2025), pero con debilidad de fondo en competitividad e industria en algunos países. En la China se mantiene la desaceleración, con una previsión del 4,1%–4,7% (desde el 4,8% estimado en 2025), asociada a factores estructurales.

En cuanto a las perspectivas económicas de España y Catalunya, se prevé una desaceleración suave respecto a 2025. Tanto España como Catalunya mantendrán un comportamiento mejor que la media europea, pero con un patrón de crecimiento más exigente en términos de productividad, inversión eficiente y capacidad de absorber tensiones en el mercado laboral y en los costes. El relato central del documento es que el ciclo continúa, pero entra en una fase más madura y los desequilibrios acumulados (vivienda, capital humano, burocracia, costes empresariales) pasan a ser determinantes para sostener la actividad.

En el caso de España, las previsiones de los principales organismos sitúan el crecimiento del PIB español entre el 2,0% y el 2,3% en 2026, tras un 2025 excepcionalmente dinámico (en torno al 2,7%–2,9%).

Previsiones para Catalunya

Y en el caso de Catalunya, la previsión sitúa el crecimiento del PIB entre el 2,1% y el 2,4%. La inversión continúa teniendo un papel relevante, mientras que el consumo privado y público muestran una evolución más moderada. El sector exterior pierde ligeramente peso, en un contexto de demanda europea débil y aumento de las importaciones.

La tasa de paro en Catalunya se mantendría por debajo de la media estatal, en torno al 8,4%-8,5% a finales de 2026. Aun así, persisten desajustes importantes entre oferta y demanda de trabajo, especialmente en sectores industriales, tecnológicos y de servicios intensivos en conocimiento.

Respecto al problema de la vivienda en Catalunya, el documento identifica este mercado como un “cuello de botella estructural” para el crecimiento económico y la competitividad, especialmente en el área metropolitana de Barcelona. La falta de oferta y el aumento de precios impactan tanto en costes empresariales como en la movilidad laboral.

Pymes catalanas

Una encuesta a las pymes catalanas confirma que el 2026 se afronta con un "optimismo moderado", coherente con el escenario macroeconómico del documento, pero claramente condicionado por los costes, la incertidumbre y las dificultades estructurales del día a día empresarial. El mensaje es que las pymes no proyectan un cambio de ciclo, sino una continuidad prudente, con crecimiento, pero con márgenes reducidos y con decisiones de inversión y contratación muy selectivas.