El metal dorado ha protagonizado una fuga espectacular durante las primeras horas de este lunes, estableciendo un nuevo e histórico récord al superar por primera vez la barrera psicológica de los cinco mil dólares por onza.
En un movimiento de gran intensidad, el precio llegó a alcanzar los 5.109,73 dólares en las operaciones de la madrugada, un momento que quedará registrado en los anales de los mercados. Esta escalada sin precedentes subraya la robustez de la demanda por este activo, tradicionalmente considerado como refugio en tiempos de incertidumbre.
En las primeras horas de la sesión europea, hacia las ocho de la mañana, el oro se mantenía con firmeza en territorios inéditos, cotizando a 5.088,99 dólares, lo que representaba un avance del 2,13% respecto al cierre anterior. Este impulso continuista llega después de que el pasado viernes el metal se quedara a las puertas de esta cifra simbólica, anticipando el asalto definitivo que ha tenido lugar hoy. La atracción por el oro se ve reforzada por un contexto macroeconómico y geopolítico cargado de tensiones y por las expectativas de cambios en la política monetaria de los Estados Unidos.
El impulso no ha sido exclusivo del oro. La plata, su compañero de viaje habitual en estas carreras alcistas, también ha revalidado sus máximos históricos durante la noche. Según datos de la agencia Bloomberg, la plata alcanzó su cenit a las tres y cuarenta y nueve de la mañana, con un precio de 109,45 dólares la onza.
Aunque posteriormente ha moderado un poco las ganancias, en el momento de redactar esta información mantiene una fuerte revalorización del 6,15%, situándose alrededor de los 107,12 dólares. El año 2024 es excepcional para los metales preciosos: el oro acumula una subida superior al 18%, mientras que la plata, con un comportamiento aún más explosivo, ha adelgazado un increíble 52% y siete décimas.
Esta dinámica alcista se inscribe en un escenario internacional complejo, marcado por el eco de los debates celebrados la semana pasada en el Foro Económico Mundial de Davos. El mensaje central que emergió de este encuentro fue la necesidad urgente de prepararse para un orden mundial menos estable y más fragmentado. Esta percepción de riesgo sistémico alimenta la búsqueda de activos seguros por parte de los inversores.
El panorama se completa con un cúmulo de factores que apresuran los mercados. El ruido geopolítico, las especulaciones sobre un posible anuncio de nuevo presidente para la Reserva Federal esta misma semana y las últimas proyecciones de la Casa Blanca convergen para crear un ambiente de gran expectación.
La Administración Biden prevé un crecimiento para la economía estadounidense de entre el 4% y el 5% en términos reales, una cifra que duplica las previsiones medias de los analistas. Este optimismo oficial, sin embargo, no hace, sino aumentar la presión política sobre la Reserva para impulsar la actividad mediante una bajada de tipos de interés, un movimiento que debilitaría el dólar y probablemente daría un nuevo impulso a los metales preciosos, que no ofrecen rendimiento pero sí protección.
En definitiva, la ruptura de la barrera de los 5.000 dólares por el oro no es un hecho aislado, sino el reflejo más palpable de una era de transición y búsqueda de seguridad en la que los metales preciosos recuperan con fuerza su papel protagonista en las carteras de inversión a escala global. Los mercados anticipan turbulencias y los inversores se repliegan hacia valores tangibles, marcando así una nueva etapa para estos activos milenarios.