El mercado de turismos de segunda mano en el Estado ha cerrado el ejercicio 2025 con un sólido crecimiento, consolidándose como el pilar indiscutible de la movilidad privada. Según los datos publicados este jueves por las patronales Ganvam y Faconauto, las transferencias de vehículos usados superaron la cifra de 2,21 millones de unidades, un incremento del 4,2% respecto al año anterior. Esta cifra, sin embargo, no logra ocultar una realidad dual: mientras el sector demuestra una gran vitalidad y se convierte en el principal puente hacia la electrificación para muchas economías familiares, arrastra como un ancla el envejecimiento preocupante del parque circulante.
El dinamismo del mercado de ocasión queda patente en la relación directa con las ventas de vehículos nuevos. En España, por cada turismo nuevo matriculado se comercializaron 1,9 vehículos de segunda mano, una proporción que señala, prácticamente, que el mercado usado mueve el doble de volumen. Esta tendencia no es casual, sino la respuesta clara a un contexto económico concreto.
La inflación persistente en los precios de los materiales y las interrupciones logísticas globales han mantenido los precios de los vehículos a estrenar en niveles históricamente altos, alejándolos del presupuesto de muchos conductores. Ante este escenario, el mercado de segunda mano emerge como la alternativa racional, ofreciendo accesibilidad, una amplísima oferta y un valor de reventa más estable. Se trata, en definitiva, de un ajuste pragmático del consumidor, que encuentra en este segmento la vía más viable para la renovación o la adquisición de su vehículo.
Una transición energética a dos velocidades
El análisis por fuentes de energía de 2025 dibuja un panorama en transición, pero con ritmos profundamente desiguales. Por un lado, las tecnologías tradicionales continúan dominando el escenario. El diésel, a pesar de registrar un ligero retroceso del 0,8%, se mantiene como combustible mayoritario, acaparando el 49% de todas las operaciones. La gasolina, por su parte, crece un 2,3%, situándose en un 36% de cuota. Estos porcentajes reflejan la inercia de un parque inmenso y la preferencia todavía notable por tipologías de vehículo asociadas tradicionalmente a estos combustibles. Por otro lado, se observa el despunte, todavía testimonial pero explosivo, de los vehículos electrificados.
La segunda mano se está revelando como el gran democratizador de la movilidad cero emisiones. La barrera económica, el obstáculo principal para la adquisición de un eléctrico nuevo, se diluye notablemente en el mercado de ocasión, lo que permite que más ciudadanos accedan a esta tecnología. Las cifras lo confirman de manera elocuente: las ventas de eléctricos puros de segunda mano experimentaron un espectacular incremento del 53,3%, aunque su cuota sobre el total del mercado es todavía modesta, de un 1,3%. Los híbridos enchufables siguieron una trayectoria similar, con un crecimiento del 43,7% y una representación del 2%. Estas tasas de progresión, muy superiores a las del mercado general, indican un interés creciente y una clara dirección de viaje, aunque el camino para una presencia masiva es todavía largo.
El envejecimiento crónico del parque
No obstante, bajo esta capa de crecimiento y incipiente transición energética, una alarmante realidad estructural. La verdadera sombra que proyecta el sector es la extrema antigüedad de una gran parte de los vehículos que se transaccionan. La renovación del parque circulante sigue siendo la gran asignatura pendiente. Los datos de 2025 son contundentes: los modelos de más de 15 años de antigüedad representaron más del 41% del mercado, con 917.632 unidades vendidas. Si a esta cifra se suman los vehículos de más de diez años (351.693 unidades, con un crecimiento del 4,6%), el resultado es que el 57,3% de todas las operaciones de segunda mano se concentraron en vehículos con una década o más a sus espaldas. Esta realidad contrasta con los movimientos en segmentos más jóvenes.
Los vehículos de entre tres y cinco años crecieron a un ritmo vigoroso (8,8%, con 248.651 unidades), el doble que la media del mercado. También los modelos de ocho a diez años presentaron un fuerte incremento (13,7%). En cambio, el segmento de cinco a ocho años registró un retroceso (-3,7%), una posible muestra de las distorsiones en la producción de vehículos nuevos durante la pandemia, que generó un agujero en la oferta de esas edades. Los vehículos casi nuevos (menos de un año) y los de entre uno y tres años mantuvieron crecimientos positivos (3% y 4,9%, respectivamente).
Frente a esta fotografía, el sector de la distribución, representado por Ganvam y Faconauto, ha elevado la voz para reclamar políticas públicas más efectivas. La conclusión es unánime: se requiere con urgencia una estrategia eficaz de incentivo al achatarramiento que actúe como motor para renovar el parque desde la base. Raúl Morales, director de comunicación de Faconauto, lo ha expresado con claridad. "Pedimos una estrategia eficaz que haga más rentable retirar los vehículos más viejos y contaminantes que mantenerlos en circulación", argumenta Morales. La reivindicación va más allá de las ayudas directas a la compra de eléctricos, que consideran necesarias pero no suficientes.
El sector defiende que es necesario complementar estas con el desarrollo del Plan Nacional de Renovación contemplado en la Ley de Movilidad Sostenible, un eje fundamental para crear un circuito cerrado y virtuoso: fomentar la salida de vehículos altamente contaminantes del parque, estimulando así la demanda de vehículos usados más modernos y, en última instancia, de los vehículos nuevos. Solo con una visión integral que ataque la antigüedad del parque se podrá consolidar un crecimiento no solo cuantitativo, sino también cualitativo, en beneficio de la seguridad vial, la salud pública y la verdadera transición ecológica de la movilidad española.