La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha roto una lanza a favor de una vía propia para la innovación financiera en el Viejo Continente, alejada de la obsesión por copiar los modelos norteamericanos. Durante su intervención este viernes en un acto organizado por el Banco de España en Roda de Berà (Tarragonès), la francesa ha defendido que el objetivo de Europa no puede ser simplemente "replicar instrumentos desarrollados en otros lugares", sino construir una infraestructura que sirva a sus propios objetivos. Sus palabras llegan en un momento de fuerte debate sobre si la Unión Europea debería permitir y regular las monedas estables denominadas en euros, una cuestión sobre la cual el BCE tiene mucho que decir.
Lagarde ha reconocido que, a corto plazo, las monedas estables denominadas en euros podrían tener efectos positivos. Podrían generar una demanda global adicional de activos seguros de la zona euro, comprimir los intereses de la deuda soberana y flexibilizar las condiciones de financiación, a la vez que impulsarían el alcance internacional de la moneda única. Pero la balanza se decanta claramente hacia los riesgos. En primer lugar, la presidenta del BCE ha advertido que, si se debilita la confianza en estos instrumentos, pueden desencadenar peticiones de reembolso masivo y transmitir estrés a los mercados de activos subyacentes. Un riesgo que crece a medida que aumenta el uso de las stablecoins, especialmente cuando los emisores no son entidades bancarias.
La migración de depósitos hacia criptomonedas estables
El segundo gran peligro que ha señalado Lagarde afecta directamente la capacidad del BCE para mantener la estabilidad de precios. Si los depósitos minoristas migran hacia criptomonedas estables no bancarias y luego vuelven a los bancos como financiación mayorista, el canal tradicional de transmisión de la política monetaria se estrecha. "Los bancos prestan menos, o con menos eficiencia, y la transmisión de los tipos de interés oficiales a la economía real se debilita", ha explicado. En otras palabras, las decisiones sobre los tipos de interés que toma el BCE tardarían más en afectar a los préstamos que reciben las familias y las empresas, o lo harían con menos intensidad.
Lagarde también ha puesto el foco en otro riesgo a menudo ignorado: el de la fragmentación regulatoria. En el caso de instrumentos emitidos conjuntamente por entidades de la UE y de fuera del bloque, los inversores buscarán retirar sus fondos hacia las jurisdicciones donde las protecciones sean más sólidas en caso de una hipotética carrera bancaria. Esto podría desencadenar movimientos de capital desordenados y poner en tensión el sistema financiero de la zona euro. La presidenta del BCE ha insistido en que estas disyuntivas son "significativas" y superan las ventajas a corto plazo que puedan tener las monedas estables en términos de condiciones de financiación y alcance internacional.
La mejor vía para reforzar el euro
Lejos de quedarse solo en las críticas, Lagarde ha ofrecido una alternativa. La mejor solución para reforzar el atractivo internacional del euro no pasa por las criptomonedas estables, sino por contar con mercados de capitales más integrados mediante la unión del ahorro y la inversión. Con el tiempo, ha añadido, es necesario construir una base de activos seguros a la altura de las ambiciones para el papel internacional del euro. La francesa ha defendido, por lo tanto, centrar los esfuerzos en el desarrollo de la unión bancaria y la unión de los mercados de capitales, proyectos aún inacabados que permitirían al euro competir en igualdad de condiciones con el dólar sin necesidad de recurrir a instrumentos financieros poco testados.
Las declaraciones de Lagarde se enmarcan en un contexto de presión creciente por parte de la industria cripto y de algunas capitales europeas, que ven en las monedas estables una oportunidad para contrarrestar la hegemonía del dólar digital. En Estados Unidos, grandes compañías como PayPal y Visa ya han lanzado sus propias monedas estables denominadas en dólares, y el Congreso norteamericano está debatiendo una ley para regularlas de manera favorable a la industria.
Ante esta ofensiva, algunos gobiernos europeos temen que la UE quede atrás si no ofrece un marco regulatorio similar. Lagarde, sin embargo, ha enviado un mensaje claro: la innovación está bien, pero no a cualquier precio. Y sobre todo, no copiando aquello que hacen los demás sin tener en cuenta las especificidades del sistema financiero europeo, que se basa más en el crédito bancario y menos en los mercados de capitales que el norteamericano. La batalla por el euro digital y las monedas estables apenas comienza.
