Europa vive una crisis por la erosión de los tres pilares que sustentaban su crecimiento y necesita hacer cambios estructurales y subirse al tren de la inteligencia artificial. Este es el mensaje negativo y urgente lanzado por la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, pero con un lado positivo: cree que la Unión Europea tiene muchas fortalezas para lograr salir de esta crisis.
Lagarde convirtió su esperado discurso en el Foro Económico Mundial en un diagnóstico y una llamada a la acción de una UE que hace años, especialmente a raíz de la invasión de Ucrania, ve que tiene que reaccionar, pero apenas lo hace, pese a llamamientos como los de Enrico Letta y Mario Draghi. La carrera de la IA, en la que se han adelantado Estados Unidos y también China, ha agravado la situación del viejo continente.
“El modelo de crecimiento europeo de la posguerra se basaba en tres pilares que se reforzaban mutuamente. Hoy en día, los tres se están debilitando a medida que cambia el entorno internacional”, ha advertido Lagarde nada más empezar su discurso.
El primero era el comercio mundial, dinamitado por las políticas del presidente de EE. UU., Donald Trump. El segundo, su fuerza industrial basada en la energía a buen precio, lo que ha pasado a mejor vida con la guerra de Ucrania primero y la de Irán después: de media, las empresas europeas pagan la energía al doble de precio que las estadounidenses y un 50% más caras que las chinas, lo que les resta competitividad. El tercer pilar fue un orden global estable con EE. UU. como aliado, algo que ahora “está bajo presión”.
Lagarde: “El modelo de crecimiento europeo se basaba en tres pilares. Hoy en día, los tres se están debilitando"
“Estos cambios sugieren que el modelo de crecimiento europeo de la posguerra se está erosionando. Y es improbable que vuelva a ser como antes”, ha lamentado Lagarde, que también ha subrayado que “Europa aún cuenta con importantes fortalezas sobre las que construir” , como sus acuerdos comerciales internacionales, como Mercosur o India, sus capacidades industriales, talento y “sobre todo con un mercado integrado de 27 Estados miembros y 450 millones de consumidores, el mayor entre las economías avanzadas”.
“La tarea ahora consiste en convertir esa capacidad de adaptación interna en una fuente de crecimiento más duradera a largo plazo”, ha añadido, y ha advertido que acerca de “las barreras que impiden a las empresas crecer” y también sumarse a los cambios tecnológicos. “Ya hemos visto las consecuencias antes”, ha alertado.
Lagarde ha sido contundente con respecto a la carrera de la IA: “Europa quedó en gran medida al margen de la primera revolución digital, ya que los beneficios comerciales derivados de la difusión de las tecnologías de la información y la comunicación fueron acaparados desproporcionadamente por otros países. No podemos permitirnos repetir esa experiencia con la inteligencia artificial, la segunda revolución digital”.
Toque de atención a la UE
La presidenta del BCE cree que las empresas ya están haciendo los deberes, pero no tiene tan claro que la UE sea capaz de facilitarles el camino: “Ya existen indicios alentadores de que las empresas europeas están invirtiendo en IA. Según las encuestas, las empresas de la zona euro prevén destinar una media de alrededor del 9 % de su inversión total a la IA este año. La cuestión es si Europa puede crear las condiciones para que esa inversión se extienda y crezca”.
Para ella, existen dos grandes obstáculos. El primero es la fragmentación del mercado único, ya que “las empresas continúan compitiendo demasiado dentro de las fronteras nacionales”. El segundo es la fragmentación de los mercados de capitales, que hace que las empresas innovadoras emergentes se terminen marchando cuando necesitan dar grandes saltos, pues encuentran mejores condiciones en entornos como los EE. UU.
“Estas dos barreras se refuerzan mutuamente. Los mercados fragmentados reducen la rentabilidad de la expansión en Europa, mientras que la fragmentación de las finanzas dificulta la financiación de dicha expansión. El resultado es un menor número de empresas que alcanzan una dimensión global y una difusión más lenta de las nuevas tecnologías en la economía”, ha explicado Lagarde.
La presidenta del BCE tiene claro que la UE tiene las bases para sumarse a la actual revolución tecnológica y que el camino es una mayor integración europea: “Ya contamos con muchos de los ingredientes necesarios para un crecimiento más sólido a largo plazo. Convertir el tamaño europeo en escala europea ayudaría a las empresas innovadoras a crecer en el mercado nacional, permitiría una difusión más rápida de las nuevas tecnologías e impulsaría la productividad. De este modo, contribuiría a que la demanda interna se convirtiera en un motor de crecimiento más duradero”.