Hace años que los empresarios alertan del incremento del absentismo, y en concreto de las bajas médicas de los trabajadores, pero ahora han alzado aún más la voz ante una situación que consideran de auténtica emergencia. Los datos justifican esta alarma. En 2020, con la pandemia, las bajas se dispararon, pero después, lejos de bajar, han continuado subiendo. El balance es que en diez años se han multiplicado por dos.

Cuando hablamos de bajas y de absentismo, hablamos de dos conceptos que a menudo se mezclan, pero hay que distinguir, aunque estén relacionados. Las bajas por incapacidad temporal (IT) son las que da el médico cuando un trabajador tiene una enfermedad que le impide ir a trabajar. Son cuantificables, a pesar de que desde los sectores empresariales se hable de un abuso.

El absentismo es un concepto menos claro y a menudo espinoso. Para las patronales, absentismo es toda hora no trabajada —y que no forme parte de las vacaciones por convenio del empleado. Por lo tanto, entran las bajas. Los sindicatos cuestionan que se incluya y consideran absentismo solo las horas no trabajadas sin justificación. El problema es que es mucho más difícil de cuantificar.

La semana pasada, el INE publicó unos datos de coste laboral a cierre de 2025 y en el estudio incorporaba cifras de tiempo de trabajo. En el último trimestre del año pasado, se volvió a batir el récord de bajas y absentismo. De media, los trabajadores españoles faltaron el 7,2 % de los días de trabajo —sin contar vacaciones. De este tiempo, el 5,5 % por baja por IT. Si vamos una década atrás, este porcentaje era la mitad, el 2,8 %, como se ve en el gráfico superior.


Si hacemos un cómputo anual, en 2025, los trabajadores españoles estuvieron de baja de media 99 horas, cinco horas más que el año anterior. Hablamos de 12 jornadas laborales si se trabajan 8 horas, o más de 13 para jornadas de 7,5 horas. Casi tres semanas de trabajo. Se trata del máximo histórico y si retrocedemos once años en el tiempo, era de menos de la mitad, 48 horas, como vemos en el gráfico a continuación.


Al inicio de la serie histórica del INE, en 2008, era de 61 horas. Con la crisis financiera, que disparó el paro a niveles nunca vistos, las horas de baja empezaron a bajar. En 2013 tocó mínimos con 44 y empezó a subir hasta que, en 2020, con la Covid-19, se disparó de 67 a 80 horas de media —y mucho más el número de personas que no trabajaban por causa mayor, como se ve en el primer gráfico. En 2022 se volvió a disparar y no ha parado de crecer, hasta rozar las 100 horas.

Por sectores, las actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación son las que concentran más bajas, con 156 horas de media en 2025. Los sanitarios y servicios sociales son el segundo colectivo que más horas de IT acumula, 135. La administración pública ocupa el quinto lugar, con 114 horas, por encima de la industria y la construcción, que se sitúa por debajo de la media.

Las que presentan menos bajas son las actividades profesionales, científicas y técnicas (51 días) por un lado, y las inmobiliarias (52 días) por otro, en las cuales hay un gran porcentaje de autónomos. La educación, con 64 horas, se sitúa muy por debajo de la media.

El impacto económico de las bajas y el absentismo

Un estudio de Randstad, hecho a partir de los mismos datos del INE, calcula que en el último trimestre de 2025, cada día faltaron al trabajo 1,24 millones de personas en el Estado por baja médica, un 6 % más que el trimestre anterior, mientras que si se suman otras causas, el número subió a 1,6 millones de personas, un 8 % más.

Estas cifras tienen consecuencias económicas. El Instituto de Estudios Económicos, vinculado a la patronal CEOE, calcula en 32.000 millones de euros al año el coste directo de las bajas para las empresas y la economía española, pero sumando costes agregados, la cifra roza los 129.000 millones.

El difícil debate social del absentismo

Josep Sánchez Llibre, presidente de Foment del Treball, en su último discurso ante la asamblea de la patronal, el 2 de marzo, se refirió al absentismo como una “emergencia silenciosa” y “el principal problema que tenemos”. En un mundo cada vez más competitivo, las horas no trabajadas suponen una pérdida irrecuperable de productividad para la economía catalana y española, para Sánchez Llibre: “No es admisible resignarnos a perder horas, moral y oportunidades. Sin responsabilidad laboral no hay productividad; y sin productividad no hay futuro”.

“Si queremos crecer mejor, debemos poner la productividad en el centro. Productividad no es un tecnicismo: es la capacidad real de crear más valor con el talento, el capital, la tecnología y la organización disponibles. Hay un factor que ya no es síntoma, sino una emergencia en sí misma: el absentismo. Las cifras son elocuentes y no admiten eufemismos”, añadió.

Unos días más tarde, el 11 de marzo, la UGT presentó un informe bajo el lema “Estar enfermo no es un delito”, en el cual pretendía desmontar supuestos mitos alrededor del absentismo y quitar responsabilidades a los trabajadores. Además, aseguraba que el 52 % de las personas han ido al trabajo estando enfermas.

El sindicato relacionaba las bajas con “malas condiciones de trabajo, tareas físicamente duras, estrés y sobrecarga, inestabilidad y jornadas irregulares”. Por ello, defendía que “mejorar el trabajo reduce las bajas” y aseguraba que los trabajadores no quieren estar de baja porque también “supone una pérdida de salarios en la nómina”.

El del absentismo es un debate incómodo en el que patronales y sindicatos nunca se han puesto de acuerdo. A menudo planea una sombra de sospecha entre unos y otros y también hacia los médicos. Por eso, Sánchez Llibre plantea “un enfoque integral que implique a empresas, trabajadores, sistema sanitario, mutuas y administración de la Seguridad Social”, hablando de “corresponsabilidad” y de “crear un ecosistema basado en la confianza, pero sobre todo en la eficiencia y en el rigor”. Porque “la salud de las personas trabajadoras es prioritaria e irrenunciable”.