La primera sesión de la semana en el Ibex-35 ha empezado con mal pie. El selectivo madrileño ha arrancado este lunes con un retroceso del 0,81%, un movimiento que lo ha llevado hasta los 19.169 puntos y que ha sido solo el preludio de un deterioro más acentuado. Pocos minutos después, alrededor de las 9:25 horas, la presión se ha intensificado y la Bolsa de Madrid ha ampliado su descenso hasta el 1,4%, quedando anclada en 19.048,4 puntos. Este arranque negativo refleja la prudencia que domina a los operadores en un contexto en el que las noticias que llegan del exterior pesan más que los fundamentos de las propias compañías. El hilo conductor de esta jornada es, una vez más, la incertidumbre que llega desde la escena mundial.

El conflicto con Irán y las dudas sobre la estabilidad del suministro de crudo mantienen en alerta a los inversores, que optan por reducir exposición antes que asumir riesgos adicionales. Esta combinación de factores geopolíticos acostumbra a traducirse en movimientos bruscos y en una preferencia clara por la liquidez, y la sesión de hoy es un buen ejemplo de ello. Cuando el horizonte energético se vuelve borroso, los mercados acostumbran a reaccionar con ventas preventivas, y esto es precisamente lo que se ha podido observar desde el toque de campana.

Dentro del selectivo, las caídas más drásticas en los primeros compases de la jornada las han encabezado el BBVA, que retrocedía un 2,46%, Merlin Properties, con un descenso del 2,32%, y Sacyr, que caía un 2,15%. Estas tres compañías han concentrado buena parte de las ventas iniciales, en línea con el tono generalizado de corrección que ha dominado la apertura.

En el otro extremo, la lista de ganancias era prácticamente testimonial: solo Repsol, con una subida del 0,44%, y Cellnex Telecom, que avanzaba un ligero 0,12%, conseguían mantenerse en terreno positivo. La presencia de la petrolera entre los pocos valores que aguantaban es especialmente significativa, ya que su negocio tiende a beneficiarse cuando aumentan las preocupaciones sobre la oferta de crudo, un factor que explica por qué ha sido capaz de remar contra corriente en una jornada tan adversa.

Europa también cede

El mal comportamiento no es exclusivo de la bolsa española. Las principales plazas del continente cotizaban igualmente con signo negativo durante las primeras horas, lo que confirma que se trata de un fenómeno de alcance europeo y no de una cuestión local. París cedía un 1,17%, Frankfurt perdía un 0,67% y Londres retrocedía un 0,57%. La sincronía de estas caídas pone de manifiesto que los inversores están aplicando una misma lectura a todos los mercados del entorno, priorizando la protección del capital ante un panorama exterior que no invita precisamente al optimismo. La bolsa parisina, con el descenso más pronunciado entre las grandes referencias, arrastra buena parte del pesimismo continental, mientras que la plaza británica, a pesar de ceder, muestra una resistencia ligeramente superior.

Con este escenario, la atención de los operadores se centrará en dos frentes principales. Por un lado, cualquier novedad sobre la evolución del conflicto con Irán y sus repercusiones sobre el mercado energético puede marcar el rumbo de las próximas horas. Por otro lado, los inversores estarán pendientes de si el retroceso inicial se modera o, al contrario, se acentúa a medida que avance la sesión. La magnitud de las pérdidas registradas en la apertura invita a pensar que el día se cerrará con volatilidad, y no sería extraño ver correcciones adicionales si las noticias internacionales continúan alimentando la desconfianza. En definitiva, el mercado español ha comenzado la semana con el freno puesto, pendiente de lo que ocurra más allá de sus fronteras antes de decidir si recupera el tono positivo o si, por el contrario, alarga los números rojos.