El Mundial de 2026 está a punto de cerrarse con un episodio que quedará registrado en la historia del fútbol. Durante toda la competición, unos 50.000 argentinos han volado desde Argentina a Estados Unidos para seguir a su selección en esta Copa del Mundo, con un gasto estimado de 437 millones de euros. Los datos dibujan un fenómeno de dimensiones extraordinarias, pero también plantean interrogantes sobre quién puede permitirse este gasto y qué impacto real tiene sobre la economía argentina. La final del domingo en Nueva Jersey ha disparado los precios y ha colapsado la logística aérea.
Según las estimaciones de la consultora Qualy, hasta las semifinales contra Inglaterra habían viajado a Estados Unidos unos 45.000 argentinos para seguir el Mundial. Esta cifra supone un incremento del 30% respecto al Mundial de Catar 2022, cuando Argentina alzó el título. Pero la movilización no se ha detenido. Tras la victoria contra Inglaterra en las semifinales, se ha activado una segunda oleada de viajeros de última hora. Qualy calcula que se añadirán unos 4.500 aficionados más para la final, lo que elevará el total hasta aproximadamente los 50.000 desplazados.
El gasto medio
El impacto económico de esta movilización es considerable. El gasto medio de los viajeros ha sido de unos 8.700 euros por persona, una cifra que incluye vuelos internacionales, desplazamientos internos en Estados Unidos, alojamiento y entradas para los partidos. Para los 4.500 aficionados que se incorporan a última hora para la final, el gasto medio asciende hasta los 11.300 euros. La razón es doble: por un lado, los vuelos de última hora son significativamente más caros; por otro, el alojamiento en Nueva York, donde se disputa la final, tiene un precio muy superior a otras ciudades de la costa este. Sumando todas las partidas, el gasto total de los argentinos que han viajado al Mundial se eleva a los 437 millones de euros. La cifra de 50.000 argentinos desplazados puede dar la impresión de una movilización masiva de la población. Anastasia Daicich, directora ejecutiva de Qualy, aclara que gran parte de los viajeros "forman parte de un segmento de ingresos medios-altos. No es la media de la población argentina".
Esta distinción es clave para entender el fenómeno. Argentina atraviesa una situación económica compleja, con alta inflación, devaluación de la moneda y restricciones para el acceso al dólar oficial. El turismo desde Argentina, de hecho, está bajando en términos interanuales. Por lo tanto, los 50.000 viajeros no representan un grueso significativo de la clase media argentina, sino una franja de la población con capacidad de ahorro en divisas o acceso a mecanismos financieros alternativos para obtener dólares. Esta realidad explica por qué, a pesar de las dificultades económicas del país, las gradas de los estadios estadounidenses aparecen llenas de camisetas albicelestes.
El efecto Messi
Daicich también matiza la percepción visual que ofrecen las imágenes televisivas. "Cuando observamos los estadios dominados por camisetas blanquiazules, no todos son argentinos que han viajado desde su país para el Mundial", señala la experta. En Estados Unidos hay unos 240.000 residentes argentinos, según cálculos oficiales, que se han desplazado desde sus ciudades de acogida a los estadios sede de los partidos. Además, hay que añadir el factor Messi. La leyenda del FC Barcelona ha generado un interés global por el fútbol argentino. Muchos espectadores de otras nacionalidades, atraídos por lo que se ha llamado el fenómeno Messi, han adquirido entradas y se han sumado a las gradas, vistiendo la camiseta argentina. Esto contribuye a la imagen de masificación, pero no implica que todos estos espectadores hayan contribuido a la demanda de divisas desde Argentina.
Uno de los interrogantes que se han planteado es si este gasto de 437 millones de euros afectará a las reservas del Banco Central de Argentina, un indicador que el país sigue con lupa a causa de las crisis de deuda y la presión sobre el tipo de cambio. La respuesta de Daicich es clara: "No implicará un cambio significativo en el déficit turístico de Argentina ni en las reservas monetarias". ¿Por qué? Porque, a pesar de que la cifra es grande en términos absolutos, es pequeña en relación con el volumen total de la balanza de pagos argentina. El déficit turístico de Argentina es muy superior a esta cifra en el conjunto del año. Además, la operativa de compra de divisas para viajes al exterior está sujeta a controles y limitaciones, de modo que una parte de este gasto se financia con dólares que los viajeros ya tenían fuera del sistema financiero oficial.