Antoni Llardén, presidente de Enagás, ha defendido la apuesta de España y Europa por el hidrógeno verde para ayudar a descarbonizar la economía, pero ha advertido que no irá en detrimento del gas, que no desaparecerá. De hecho, la empresa de infraestructuras de transporte de gas ya tiene compromisos de compra por parte de la industria hasta dentro de quince años.
"Debemos electrificar, pero necesitamos otros vectores. La molécula de hidrógeno es la más sencilla, se puede fabricar con electricidad renovable, y nuclear, y se puede transportar y almacenar con relativa facilidad", ha explicado Llardén. El hidrógeno irá mayoritariamente a la industria, para sustituir –total o parcialmente– el uso de combustibles emisores de CO₂.
¿Por qué la apuesta ibérica del hidrógeno verde? "Tenemos sol, tenemos viento y agua, aunque no tanta, pero tenemos. Tenemos una densidad de población baja, sobre todo comparado con Alemania. Por lo tanto, tenemos posibilidad de producir hidrógeno verde renovable, que le daría ventaja al productor de renovable, que podría cobrar cuando no produce. Podríamos producir el doble del hidrógeno que se consumiría", ha añadido. Otra ventaja es que el 80% de los gasoductos actuales están preparados para transportar hidrógeno.
Ahora bien, el hidrógeno verde por sí solo no es la solución definitiva para la descarbonización, "es un vector más que hará que la transición funcione, pero el gas seguirá existiendo; debemos ser eficientes energéticamente, pero debemos tener un poco de todo". De hecho, "Enagás ha hecho subastas de slot de gas hasta 2041, y las ha llenado, y algunas con sobreprecio".
Las fortalezas de España con el gas
El presidente de Enagás ha participado en un coloquio con Salvador Alemany, presidente de Saba, en el Col·legi d’Economistes de Catalunya, y ha defendido las infraestructuras de gas que tiene España, construidas desde los 90, como clave para la resistencia del Estado a las crisis energéticas. Ha lamentado, sin embargo, que, aunque el suministro no haya sufrido, sí lo han hecho los precios.
"Tenemos una crisis de volatilidad como no se había tenido nunca", ha asegurado, ya que considera que el cierre del estrecho de Ormuz "es la crisis que ha tenido más impacto", por encima de la provocada por la Covid o la de la invasión rusa de Ucrania. "La volatilidad tiene impacto en los precios. Estamos ante una incertidumbre absoluta. El riesgo se mide, pero la incertidumbre es muy difícil de medir", ha añadido.
El impacto en España, en cuanto al suministro de gas, ha sido prácticamente nulo, pero sí se ha notado en los precios, que se han duplicado desde marzo. Pero la previsión y la capacidad de almacenamiento han reducido el golpe: “Por suerte, las grandes compañías que compran y venden suelen tener contratos a largo plazo, con un determinado nivel de precios. La base de todo esto son las infraestructuras que permiten este movimiento”.
Llardén ha reivindicado la apuesta de Enagás por crear una red ibérica y ha recordado en numerosas ocasiones a Pere Duran i Farell, expresidente de Gas Natural que fue el padre de las conexiones gasísticas de la península con Argelia, primer proveedor de gas de España durante muchos años. De hecho, incluso se imaginó el gasoducto entre Barcelona y Marsella, que no se hizo, pero que está ahora planificado para el hidrógeno verde.
Pero no solo de Argelia, que Llardén ha definido como “un socio muy fiable”, ha vivido el Estado. “Hemos construido un conjunto de infraestructuras que da capacidad de recibir gas por muchas vías y almacenarlo”, ha explicado, gracias a la inversión, a principios de este siglo, en regasificadoras. “Se decidió que no se podía recibir el gas de un solo país. El mapa de las importaciones de gas de España en cinco años ha cambiado radicalmente. Importamos de 14 países”, ha añadido.
